Literatura

Máquina política perpetua



Máquina política perpetua - Literatura

No hay gobierno, ni Iglesia, ni Tribunal, ni Senado. La física escudriña los astros por si tropieza con la causa inmóvil del movimiento: la política lo ha hallado en sí misma. Contra la teoría del Inconsciente, la Ciencia política ha hecho de lo irracional la perpetuidad del tejido cívico. Su funcionamiento es termodinámica jurídica.

De forma natural la energía pasa del cuerpo más caliente al más frío, del más activo al más inerte.

Modula el deseo con una teología, resignifica la voluntad con la Historia, encierra a las tripas en el límite de una moneda, y toda la energía anímica pasará de la irracionalidad común hasta el engaño universal. El Estado es obra involuntaria del Inconsciente. El sueño es la primera actividad política.

Si lo atávico y visceral se alza orgulloso en la máquina del Estado, la ciencia política es Física de almas. Es cierto que cuando se invierte la dirección natural del calor, lo frío se calienta y la energía en parte se pierde. Si el Estado no hiciera movimiento de la indolencia de una sombra, el resto rechazado de la voluntad, que es el dormir, no articularía su capacidad de reanimar el despojo. Para él no hay calor que disipe su actividad; no existe lo individual irreductible a función.

¿Que abandona el pasado su autoridad? Poco importa.. ¡Tanto mejor! Un individuo sin pasado es un Estado con poder. La anulación de la Historia se detiene gozosa en el gobierno de lo inmediato.

¿Deja la moneda su valor? No hay problema. Si se toca el resorte de la pulsión, se persuade de la vacuidad de todo, para que cualquier cosa pueda levantarse de esa nada con cualquier valor.

Él trafica con el presente. La angustia ha venido a recordar que podíamos disfrutar de un presente menos angosto antes de la aparición de la política. La ansiedad es una simultaneidad frustrada.

El contrato común que predestina la fortaleza del Estado, viene dado por el sacrificio que cada uno hizo de la anchura de su tiempo íntimo. ¿Que hay un tiempo propio en el sueño o que en el éxtasis se posee un tiempo más hondo? Se lanza al mercado limitado en un producto la diferencia temporal entre el presente más generoso y el tiempo más industrial: Así absorbe la máquina a la disolución; lo absuelve de su capacidad de satisfacción atrapándolo en el límite de lo participable y común.

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Acerca del autor

Amilcar Hamilton

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