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Máquinas Arcade: Algunos Recuerdos De La Infancia.

Máquinas Arcade: Algunos Recuerdos De La Infancia. - Tecnología

 

Tras pasar unos días en la costa: sol, playa, mar, aire fresco y caminatas por el pueblo junto a la mejor compañía, un recuerdo de mi niñez volvió, al verla ahí, al fondo de un local. Solitaria, taciturna, triste y olvidada. Sí, estaba en un rincón, era una máquina cuyos años de gloria se vivieron en los ochenta y noventa, era una “Arcade”.

Sin exagerar, los pies se me fueron solos a la máquina e inmediatamente busqué como jugar en ella. Una moneda era todo, pero antes tuve que elegir entre centenares de antiguos juegos, tales como: Pac Man, Donkey Kong, 1942, Rally X, Super Side Kick, Mortal Kombat y por supuesto, el legendario Street Figther II. Obviamente me decidí por el último y seleccioné al rubio personaje con su característico atuendo karategui rojo, el gran Ken Master. Los sonidos, la música, los contrincantes, los movimientos, las técnicas de los peleadores, etc. me hicieron viajar en el tiempo cuando tenía unos nueve o diez años, donde ya a esa corta edad, me destacaba por ser un gran jugador del mítico Street Figther II, todo eso con la adicional alegría y cosquilleos en el estómago que me producía estar a punto de perder algún round o simplemente, perder la pelea.

También, evoqué el hecho de que en mi infancia para jugar en las “Arcades” debías comprar “fichas” especiales para poder jugar y a muchos de mis amigos y en lo personal, no nos sobraba el dinero para comprar fichas, por lo que tratábamos de hacer durar lo más posible el juego y así también tratar de hacernos más hábiles.

 

Sin lugar a dudas, el año 1994 quedará grabado por siempre en mi memoria junto a las “Arcade”, pues mi padre al quedar cesante, inició un negocio que para cualquier niño de ese entonces representaría un sueño hecho realidad. Mi viejo compró tres máquinas y las instaló en nuestra casa para poder sustentar a la familia. Júbilo, emoción, sentido de inverosimilitud y más, generó en mí el ver esas tres máquinas en un cuarto especial que había construido papá para hacer su negocio. Cabe destacar que cuando mi padre fue a elegir los juegos que tendría cada máquina (porque en esos tiempos, las “Arcade” tenían en sus tarjetas de memoria, un solo juego, actualmente, esas mismas tarjetas poseen cientos de juegos) y sí ¡qué felicidad! ¡Yo era el experto! un niño de casi once años. Cuento corto, seleccioné un Street Figther II, otro Street Figther (arreglado, ese donde el boxeador lanzaba los poderes del “adoken”) y el gran Final Figth.

El negocio anduvo bien por un tiempo y sin quererlo, me hice popular en el barrio por ser dueño de tres “Arcades” y además por jugar bien al sensacional e imperecedero juego que he mencionado.

La tecnología avanza inexorable y rauda en estos días, sin embargo, la tecnología vetusta y olvidada trajo de vuelta a mi vida, aquellos entretenidos y felices instantes de mi niñez junto a la “Arcade”.

 

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Gonzalo Van Soplates

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