Literatura

Me Declaro Culpable (Cuento Corto)



Me Declaro Culpable (Cuento Corto) - Literatura

__ ¡Me declaro culpable de todos los cargos! __ Dije en voz alta, mientras terminaba un ejercicio de cálculo y a la vez escuchaba el noticiero donde por lo regular se abordaban temáticas llenas de desgracias.

__ ¿A quién le hablas? __ Me preguntó, mamá, en tanto planchaba la cuarta parte del monte Everest, en ropa.

__ Con Dios. __ Le respondí, sincero y a secas.

__ Parece que tanto estudio te está enloqueciiendo. __ Replicó, ella y continuó silente con su colosal planchado. Yo, también guardé silencio y dejé de estudiar. Pensaba que primero, toda madre estaría orgullosa de que su hijo hablara con Dios, más aún, si tu familia es creyente y los adultos siempre critican que los jóvenes son descreídos. Y segundo, me sorprendió que hasta para conversar con Dios existan formas predeterminadas y aceptadas. De todas maneras no me voy a adentrar en la forma mezquina en que los feligreses desarrollan el vínculo comunicativo con Dios. No es sano enjuiciar ni tampoco generalizar, según dicen.

__ Me voy a dormir, mañana temprano, tengo prueba de cálculo.

__ Que le vaya bien, hijito. No se apure y revise. __ Dijo, mi madre como si todavía estuviera en el colegio. Igualmente, fue tierno. Y aceptando su deseo y sugerencia, me acerqué a ella para abrazarla y besarla en la frente.

__ No te puedes atrasar porque no hay plata para seguir pagando. __ Arremetió, mi padre con sus constantes advertencias de terminar mi carrera profesional en el tiempo que durara y no más.

__ Tranquilo, viejo. __ Le respondí con calma y enseguida, me fui a mi habitación.

Nací, me criaron, me educaron y aun lo siguen haciendo, en un país subdesarrollado, perteneciente a la llamada clase media, con valores católicos, de trabajo y esfuerzo, con una hipoteca eterna para pagar la casa propia, con hermanos menores que heredan la ropa y los juguetes del mayor, con una madre que tiene un empleo y además es dueña de casa, con un padre demasiado cansado y frustrado con su vida para disfrutar de su familia, con un matrimonio cuyas permanentes discusiones se transforman en el modelo de amor de pareja para sus hijos, con un crédito universitario para poder obtener un título que ponga orgullosos y más tranquilos a los padres. Convivo diariamente con una sociedad superficial y consumidora, donde la juventud debe enseñar a los aterrorizados adultos que nosotros mismos y unidos, debemos luchar por nuestros derechos y mejorar las cosas para todas y todos, dejando de delegar nuestro destino, en políticos, religiosos, duendes y hadas.

__ ¡Buena, Willy!

__ ¡Hola, Wilson!  __ Respondí al saludo tradicional entre, el  gordo y yo. No es que esos, sean nuestros nombres, sino que era nuestra forma de relacionarnos.

__ ¿Estudiaste? __ Me preguntó algo preocupado.

__ Sí, no es complicado. __ Le indiqué, mientras subíamos a la micro para ir a clases.

__ Debí haber estudiado contigo como en otras ocasiones, pero no tuve tiempo. __ Señaló, resignado.

El gordo debe trabajar para ayudar a pagar sus estudios, pues vive con su mamá y su hermanita menor. Su padre, los abandonó hace más de seis años y él, ha asumido el rol de hombre de la casa. Por tal razón, siento una gran admiración y cariño por mi amigo. Siento que la amistad también se basa en compartir ciertos principios y miradas de ver y actuar en la vida.

__ Me gusta Prevención de Riesgo, en verdad. Pero, el tiempo se me hace poco para poder estudiar. A lo mejor, me cambiaré al horario vespertino. __ Explicaba, mi famélico y angustiado amigo.

__ No te preocupes, el trayecto es largo. Repasemos las dudas que tengas. __ Lo calmé y así fuimos estudiando rumbo a clases. A veces, desearía que los ramos me costaran más para no tener tanto tiempo de pensar y sentirme deprimido o con vacíos existenciales como dice, Tito, el hermano de mamá.

Llegamos casi atrasados a la prueba, estoy casi seguro de que me fue muy bien, el gordo, contestó casi toda la evaluación y el profesor, casi pilla, a mi gran amigo, pidiendo que le “soplara” una respuesta. Indudablemente, fue una mañana de incertidumbres. Así, se torna la vida en ocasiones, dijo un poeta.

Llegué a mi casa, algo cansado. Calenté el almuerzo en el microondas y luego, me fui a dormir una siesta. Al despertar, oí que mamá  había llegado del trabajo.

__ ¡Hola, mamita!

__ ¡Hola, mijito! ¿Cómo le fue en su prueba de cálculo? __ Me preguntó con gran interés, mientras se dirigía a la cocina.

__ Bien, muy bien. Pero vaya a sentarse, yo prepararé la “once”  hoy y la voy a atender. __ Le señalé y ella con mirada de gratitud, obediente y contenta se fue a sentar al comedor.

__ Quedé preocupado por el gordo. No tuvo tiempo de prepararse mejor para la prueba. __ En voz alta, le decía a mamá desde la cocina, mientras ponía a hervir el agua.

__ Apuesto que es por su trabajo. Debiste haber estudiado con él. __ Me contestó.

__ Tienes razón. Pero igual fuimos estudiando en la micro. __ Le conté, volviendo al comedor para poner las tazas. Al terminar mi oración, sonó el timbre. Era papá y mis dos hermanas menores que llegaron del trabajo y del colegio respectivamente. De tal manera tuve que preparar la “once” para todos, pero, no importa. Son mi familia y en verdad,  no quería que mamá lo hiciera.

Me fui a la cocina y al abrir el refrigerador, escuché el televisor que papá había encendido. Y nuevamente escuchaba claramente  el deprimente noticiero e instantáneamente, mi mente evocó, el pensamiento de ayer y en voz alta dije: __ ¡Me declaro culpable!

Me declaraba culpable por sentirme cómplice de muchos de los nefastos acontecimientos que día a día, fustigaban a personas, padres, hijos, familiares de mi país y del mundo. Me declaraba culpable al escuchar el “notidiarreo” y sentir la indiferencia, por sentarme solamente a oír, por estar demasiado ocupado, por ser otro individuo insensible que se calla y cobardemente sigue su vida, relativamente tranquilo y sin grandes preocupaciones a pesar de las injusticias, desigualdades, corrupciones y atrocidades que azotan esta realidad y en las que hago, nada. Me declaraba culpable, sin hipocresías ni vociferando esos pensamientos, la verdad, siento que el no querer tener consciencia de las manipulaciones a las que somos todos sometidos a diario, nos convierte en cómplices de los manipuladores y con ello, del mal que abunda en las sociedades. Por todo aquello y sin juicios ni testigos, me declaro culpable.

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Acerca del autor

Gonzalo Van Soplates

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