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Me he sacado el carné de conducir (Permiso B)

Me he sacado el carné de conducir (Permiso B) - Viajes y ocio

 

Mi experiencia con el carné de conducir

Todo comenzó alrededor del mes de Septiembre. Llevaba unos cuantos años con la carga de no tener carné de conducir y mientras mis padres me presionaban para que me lo sacara, a mi me importaba tres pepinos eso del carné de conducir.  ¿Para qué quería yo el carné? Si en este momento no lo necesito para nada. En fin. Fueron varios años de indecisión, que si me apunto, que si no, que si para el verano que viene, que si cuando empiece el nuevo curso universitario… todo excusas. ¿Como el fumador que nunca ve buen momento de dejarlo? Pues lo mismo yo con el carné. Nunca veía el momento adecuado.

Como he dicho, en el mes de Septiembre decidí apuntarme a la autoescuela y olvidarme de cualquier excusa, y, por fin, tener el dichoso y maldito carné que tan imprescindible es en pleno siglo XXI. Todos sabréis como funciona el carné, sobre todo, aquellos lectores que me leen desde España, dónde yo lo saqué. Aunque, si queda algún despistado por aquí, se le podría resumir en que debes aprobar dos pruebas. Una teórica y otra práctica.

Como es lógico, hay que empezar por la parte teórica. En mi opinión, y en la de la mayoría de personas, esta es la parte menos atractiva. Pasarte horas y horas haciendo test y leyéndote un libro para pasar un examen (tipo test, con 30 preguntas y pudiendo tener máximo 3 fallos para aprobar) del que poco vas a sacar a la hora de empezar las prácticas y en el que la mayoría de conocimientos son absolutamente prescindibles (por ejemplo, recuerdo preguntas del tipo: «¿Cuando tiene que pasar la ITV un camión comprado el 30 de enero de 2015?» Y a mi que me importa! Si yo estoy aquí sacando el carné de coche!) Por no decir que habiéndolo aprobado hace apenas 4 meses yo diría que hoy por hoy, recién sacado el carné y sabiendo al menos manejarme un poquito, no aprobaría.

En definitiva, tras un par de meses dedicándome exclusivamente a hacer 10 test al día y a aprenderme determinadas cosas que debes puramente estudiar, como el cuadro de velocidades, por ejemplo, me presenté a examen. No fui muy seguro, ya que a pesar de haber hecho cerca de 200-300 test y aprobar la gran mayoría, no solía tener casi nunca el resultado de 0 fallos. Resultado tan ansiado para toda persona que está entrando en este mundo nuevo que es la conducción. Tampoco había ido a los llamados cursos intensivos, ni había recibido ningún tipo de apoyo profesional. Aprendes haciendo test, mirando los fallos, leyendo las resoluciones y entendiendo las normas.  Me presenté a dicho examen, para el cual tenía que desplazarme casi 50km en autobús, por lo que tuve que madrugar bastante e ir corriendo a la parada de bus mas cercana. Cuando llegué, he de decir que me sorprendió lo cutre que tenía la DGT el centro de exámenes. Si alguien de vosotros me lee desde Oviedo sabrá por qué lo digo. Había un montón de gente esperando, ya que los exámenes duraban 30 minutos y los había durante toda la mañana. A mi me tocó sobre las 10 de la mañana y ya estaba allí a las 9. Le pregunte a un guardia de seguridad que había en la puerta si aquello era el centro de exámenes de la DGT, a lo que me contestó afirmativamente. Viendo que aún me faltaba una hora para realizar mi examen, me fui a una cafetería cercana a tomar un café y relajarme un poco antes del examen. Saliendo de la cafetería me encontré con un compañero, el cual también venía a hacer el examen, y ahí nos quedamos esperando los dos. Tras una espera de unos 15 minutos nos fueron llamando uno por uno. Cuando entré hubo otro dato que me sorprendió. ¡Se hacía en un ordenador! ¡Y TÁCTIL! En ese momento tampoco le di muchas vueltas, pero mirando la vista atrás, bien podían gastar el dinero en un centro de exámenes digno y no en tanto ordenador que de poco sirve a la hora de realizar un examen por ésta u otra vía. En fin. El examen me pareció mucho mas fácil en comparación con los que hacía en la autoescuela. Salí de allí sabiendo que aprobaría, aunque tampoco quería dármelas de listo porque no es la primera vez que salgo de un examen de la universidad convencido de aprobar y me acaba llegando un suspenso como un campano. Entonces preferí ser cauto. Tras un par de días salió la nota de mi examen: APROBADO!; 0 fallos y a pensar en la próxima barrera. Yo en este momento sentía que ya tenia casi todo el recorrido hecho. Pero la agonía no había ni acabado de empezar. (agonía en el sentido mas positivo posible)

Empecé con las prácticas con una fuerte emoción. ¡ERA LA PRIMERA VEZ QUE IBA A CONDUCIR! La verdad que me sentía como un niño pequeño aprendiendo a caminar o montar en bicicleta. Había un mundo completamente nuevo en frente de mi cara que nunca había sido capaz de apreciar. (Me refiero, como no, al mundo del motor y de la conducción) Si os contase como fue mi primera clase más de uno iba a soltar más de una carcajada. Aún recuerdo la primera curva que dí aquél día… Ni giré el volante. Yo tenía la sensación de que girándolo un poquito ya valía, y nada mas lejos de la realidad. Un volante tiene 3 vueltas, no una, que es como yo pretendía conducir. Supongo que esta sensación es originada por la cantidad de videojuegos de coches que jugué en mi vida, con típicos volantes de PS2/PS3 que apenas tenía una vuelta y con un simple toque ya te valía para dar aquella curva virtual. La realidad era muy diferente y yo casi me estampo contra esa realidad. -Gracias profe, por parar el coche a tiempo-. A mi favor, he decir que lo aprendí rápido. Ese mismo día conseguí dar una vuelta con el coche, siendo la primera vez que llevaba uno. No fue gran cosa, pero yo ya me sentía casi casi un conductor como cualquiera. Tras el paso de varias clase prácticas me di cuenta que no podría ir a examen cuando yo quería, ya que ahora la DGT no informa sobre los días de examen. Es decir, antes de apuntarte no sabes que día va a ser, tu te apuntas y a los dos días te dicen fecha y hora. Y precisamente en el mes que me quería examinar (enero) tenía todos los exámenes de la universidad, por lo tanto no podía arriesgarme a apuntarme a un examen que quizás me establecieran en la misma fecha que otro de la universidad. Así que hasta febrero, nada. En ese momento la verdad que me desmotivé. No veía la hora de presentarme a examen y las clases que hacía no las daba con lo máximo de mi (fallo mío por que pagué mas clases de las que hubiera pagado si me lo hubiera tomado más en serio en aquel momento. Un consejo, aprovechad todas y cada una de las clases, no las hagáis «por hacer». Dad lo máximo de vosotros y antes acabaréis).

Acabé los exámenes de la universidad. Ahora todo mi tiempo libre podría dedicarlo a terminar el carné, y así fue. En ese momento volvió mi motivación y volví a dar alguna clase más a la semana, ya que durante los exámenes apenas daba una o ninguna. Y aquí es donde realmente vi lo complejo que es conducir. Al principio tenía muchísimos fallos, como todos. Que si no miraba los retrovisores para cambiar de carril, no meter las marchas a tiempo, frenazos brusco que no sabía controlar, y un sin fin de adversidades que se me presentaban en cada clase. Día a día iba intentando pulir estos fallos. Si veía que no miraba los retrovisores demasiado, en la siguiente clase intentaría centrarme en eso, sin descuidar, claro, las demás partes.

Tras unos 4 meses de prácticas y alrededor de 30 clases dadas (con 25 yo creo que me hubiera valido igual) me presenté a examen práctico. He de reconocer que estaba nervioso. Es lo normal supongo. Una semana antes del examen ya me sentía nervioso cuando pensaba en él. Toda la semana trascurrió con normalidad hasta el día antes del examen. ¡Menudos nervios! Mi cabeza la invadía un profundo pensamiento de poder tener carné de coche al día siguiente, pero tampoco me quería hacer ilusiones para no decepcionarme si suspendía. Dormí como pude y me desperté al día siguiente mas frío que el agua. Los nervios se habían marchado y había llegado la decisión y la confianza en mi mismo. Supongo que el hecho de estar constantemente haciendo exámenes de universidad, escritos y orales, hicieron que pudiera soportar muchísimo mejor esa presión que el resto de mis compañeros, que se les veía profundamente nerviosos. Yo estaba como un flan. Confiado y decidido. Si suspendía no pasaba nada porque tenía otra oportunidad para presentarme sin tener que pagar más derechos de examen. Y si aprobaba pues todo abría acabado, por fin.

Llegamos a la zona de examen y había un montón de gente y coches de autoescuela, lo normal, supongo. Los examinadores no habían llegado. Mi autoescuela tenía el examen a las 9 y a mi me había tocado ser el segundo de los cuatro que fuimos de mi autoescuela. Tras unos cuantos minutos esperando, aparecieron los examinadores. Los reconocí desde lejos ya que venía 5 personas adultas juntas en un mismo coche. Y era imposible que fuesen alumnos de alguna autoescuela. Aparcaron al lado nuestra y se bajaron del coche a fumar un cigarro y hablar durante 5/10 minutos. Tiempo suficiente para que los alumnos allí presentes se empezasen a tirar de los pelos. Había un examinador con cara de muy mala hostia, y yo estaba deseando que no fuese el examinador que nos tocaba a nosotros. Finalmente se dispersaron y hacia nuestro coche se acercó una mujer sonriente que me daba buenas vibraciones. Así que todo correcto.

Empezaba el examen para el primer conductor, el mismo por cierto, con el que había hecho el examen teórico meses atrás. Su examen duro lo menos que canta un gallo. Y no es por que el chaval fuese un crack de la conducción. Sino porque nada más salir de la zona de exámenes se comió el primer semáforo que se encontró. Por lo que la señora examinadora le pidió por favor que diese la vuelta y regresase hacia la zona de exámenes. Allí me dijeron que me bajara para hablar con este primer chaval. Le dijeron los fallos que había tenido y me mandaron montarme a mi, que pasaría a hacer el recorrido de ida (Yo prefería hacer la vuelta, ya que al ir de dos en dos, generalmente al primero le suelen mandar ir hacia un determinado lugar y al segundo le mandan dar la vuelta hacia el centro de exámenes, por lo tanto pensé que ir en segundo lugar era la mejor opción para ir fijándome por qué sitios iba pasando el primero)

Empezó mi examen. Como he dicho, nervios de acero. Mucha sangre fría y confianza en uno mismo. Lo primero de todo, es la pregunta teórica sobre el coche que hacen nada mas empezar. Me preguntaron donde estaban las luces largas o de carretera. Era mi talón de Aquiles. Si conocía hasta el mas mínimo rincón del motor, no había manera de recordar que para poner las malditas luces largas en aquél coche había que utilizar dos mandos, en vez de uno como en otros vehículos. Puse la luz corta, me quede parado, mire a mi profesora como con cara de «ya está», a lo que ella me respondió con un careto digno de recordar. Esa cara me hizo intuir que algo había hecho mal y percatarme de que estaba cometiendo el error que siempre cometía y nunca conseguía recordar. Con muchísima sutileza toqué la palanca izquierda, que era donde finalmente, tras activar otra rueda que estaba en otra parte del vehículo con la que ponías la luz de posición y de cruce, activabas la luz larga. Y dije: «Ya está». Todo esto en apenas 10 segundos y haciéndolo en dos movimientos perfectamente diferenciados. La señora examinadora, muy buena ella, me dijo que vale, que todo bien y que podía empezar mi examen. El examen me pareció realmente sencillo. Conocía todas las calles de haber hecho practicas por ellas previamente y era un recorrido sencillo. Sin menor problema superé a parte de conducción autónoma y empezaba la parte dirigida. Este es el punto donde la gente suele cometer mas fallos, ya que tener al examinador dándote instrucciones sabiendo que debes hacerlo perfecto es una situación que realmente genera una enorme tensión. Durante esta fase, en un momento dado la examinadora me indicó: – «Por favor, cuando pueda gire a la izquierda»-. Me iba a meter por una entrada muy extraña. Dudé bastante ya que había dos bifurcaciones y normalmente una es de salida y otra de entrada. Me metí por la que creí que era la correcta sin estar demasiado seguro de lo que estaba haciendo. Había acertado. Realmente era imposible fallar, porque se trataba de una calle un poquito rara que tenía dos entradas perfectamente válidas. Por lo tanto eligiese lo que eligiese lo iba a hacer bien. Es más, diría que hasta sin querer pude haber hecho una jugada maestra. «Demostrando» (entre comillas por que fue pura suerte, la verdad) al examinador que conozco perfectamente la señalización de la carretera y sabía que podía entrar por esa entrada que a priori parecía una salida.

Tras esto me mando aparcar en batería entre dos coches. Era lo que estaba esperando ya que el estacionamiento en linea a veces se me complicaba, o eso creía. En cambio en batería me salía siempre perfecto de una sola maniobra. Aparqué perfecto y me dijo que había terminado. Ordenó al tercer joven que se pusiera a los mandos para comenzar su examen y yo ya había terminado. Baje del coche con la sensación de haber aprobado. Sintiendo que en ese momento acababa de aprobar de una vez por todas el dichoso carné de conducir.

Llegamos de nuevo a la zona de exámenes y nos bajamos tanto yo como el tercer chico que se había examinado, que por cierto, hizo un examen perfecto. Era el turno del cuarto chico que iba a examen y los 3 que ya nos habíamos examinado quedamos allí esperando y conversando. En ese momento me surgieron dudas ya que el chico que se examinó en tercer lugar, me dijo que me había metido por una calle prohibida. ¿Recordáis mi duda en aquél giro a la izquierda? Pues estaba mas intensa que nunca. Por un lado lo que el chico decía tenia sentido, pero por otro mi sensación era de haber aprobado. Además que terminé con un aparcamiento perfecto y en caso de haber suspendido, allí mismo me habría dicho que me bajase del coche sin ni siquiera aparcar. Estuvimos un buen rato esperando a que el último chico se examinase ya que, al ir él solo, supusimos que su examen sería algo mas largo que el nuestro. Llegó, y mi profesora se fue a hablar con la examinadora y la llevó hacia el centro de exámenes mientras nosotros esperábamos ansiosos la nota final, salvo el chico que ya sabía que había suspendido, claro. Tras una buena y larga espera llegó la profesora de la autoescuela. HABÍAMOS APROBADO LOS TRES! No me lo podía creer. Después de tanto esfuerzo veía mi recompensa y ese mismo día ya había un nuevo conductor en la ciudad.

Para aquellos que estáis en esta situación, no os desesperéis. A veces hay examinadores hijos de …. Hay trayectos malos, hay días y condiciones malas. Yo no era, ni soy, un gran conductor. Simplemente soy cauto, tranquilo y se manejar el coche lo suficiente como para ir de un punto A a un punto B que es todo lo que se pide. Con paciencia y calma todo se consigue.

 

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