Literatura

“medley; ¿aquí Muere El Otoño?”

“medley; ¿aquí Muere El Otoño?” - Literatura

Allan apartó de sí todo pensamiento negativo, decidió actuar, subir para poder darle a Melannie, que ahora habitaba en su corazón, en su memoria, la despedida más digna de su historia, se llenó de un fuerte espíritu y subió presurosamente hasta toparse con el cuarto de Melannie que estaba hasta el fondo de un solitario pasillo, oscuro, sólo los cortos destellos de rayos de la lunares despuntaban por cierta parte del ventanal que estaba encima de la de puerta de entrada. Allan, giró la perilla y abrió la puerta, estaba sucumbiendo a su energía revitalizante, parecía haberse enganchado con la idea de ser un súper héroe, echó un vistazo a la habitación antes de entrar, todo estaba consumido por la funesta oscuridad, el tiempo, Allan conocía de sobra que el tiempo era tan caprichoso, en un abrir y cerrar de ojos ella se había ido y ahora todo parecía avanzar lento, con paso lastimero, él volteó lentamente su cabeza para para poder abarcar una mayor perspectiva del cuarto, de pronto sus poderes se habían ido, se sentía roto, cayó de rodillas, parecía que le costaba respirar, sus manos lo detuvieron de caer de frente, escupió un poco, un vuelco en el estómago lo estaba poseyendo.

Allan cerró los ojos y vio a Melannie, en aquella semana, una antes del terrible accidente, su sonrisa y su cabello siendo abatido por el frío viento de un final de otoño, en esas comisuras de sus labios, en el recuerdo de su radiante sonrisa que tenía por motivo el nuevo amorío de la joven, él estaba seguro que eso no duraría lo suficiente, Chris era parte del equipo de baloncesto, un mujeriego más en la vida de cada chica, al rededor de cuatro cada semestre, repudiado y deseado por la mayoría de las adolescentes tenía un atractivo aparte de su Ford Mustang color rojo, Melannie había tardado en ceder y quizá eso la hacía más deseada entre los chicos, llevaba tan poco tiempo con Chris que no sentía ni veía formas de dolor posibles, esa tarde, la última vez que cruzo por su mirada, la joven iría en bicicleta hasta el bosquejo del condado para encontrarse con Chris seguramente, sin saber que designios le esperaban.

¿Aquí muere el otoño?- pensó.- aquí, conmigo en esta habitación, conmigo en este hogar sombrío ahora, sin la melodiosa risa de Melannie Ritz, sin aquellos saludos cordiales de sus padres a los míos o hacía a mi cuando llegaba con mi bicicleta después de haber estado presenciando el ocaso en el bosquejo, aquél en el que se perdió Melannie, la última vez que la vi, ¿aquí acaba todo? que mejor que fuera un comienzo.-

Levantó, la mirada, tomó aire y se levantó, escapando una lagrima por su mejilla y dirigiéndose hacía la cama de Melannie, Allan, repudiaba aquél momento y seguro las autoridades no tardarían en hacer acto de presencia en el hogar de los RITZ, inmediatamente, revisó el cajón de Melannie, aquél que se encontraba en la mesita de noche, al abrirlo, se percató de que no había nada, recorrió uno a uno los cajones del ropero pero no había más que vestimentas y algunos artículos personales pero ¿cómo era posible que Melannie no tuviese nada que diera referencia o indicios de lo que había pasado antes del accidente? ¿dónde estaba su laptop personal, su celular, su diario? él lo había visto, de hecho tantas veces ella misma le había comentado que escribía cuando se sentía  triste.

Allan sospechó que todo aquello lo llevaba consigo cuando el accidente sucedió, debía ir a la comisaría para pedir información acerca de los instrumentos, la curiosidad lo invadía pero también era claro que no tenía ningún derecho sobre las pertenencias de Mellanie, decidió salir y revisar el cuarto de sus padres, conocía las reglas, sabía que lo que estaba haciendo era un delito, tenía  que hacerlo de la manera más sútil posible y sin dejar rastro de que allí había estado, de nuevo, escuchó el ruido algo molesto de la gotera, pero en aquella habitación no sonaba nada.

Recordó que existía cierto ático justo encima del pasillo que ya había cruzado, pero no se molestó en ir a revisar lo que para él era más que una simple gotera, siguió de largo al cuarto de los padres de Melannie, no había más que ropa y artículos personales, ningún documento o artefacto electrónico, a Allan esto le pareció muy raro.

Esa noche Allan estuvo buscando cualquier documentación pero lo único que había hayado eran las facturas recientemente pagadas por Joseph Ritz, padre de Melannie, había también notas, parecían recordatorios que la familia Ritz debía seguir, Allan estab decepcionado de su búsqueda y al tratar de salir escuchó un fuerte proveniente del pasillo de arriba, el joven pálido por el susto se quedó congelado, espero un momento para tratar de escuchar algo más pero no sucedió, Allan pensó que sólo había sido un objeto que había caído, pasó por la misma ventana, aquélla que había cruzado y salió de aquél hogar con más dudas que respuestas, él había decidido entrar para poder saciar su curiosidad y despedir al amor de infancia pero ninguna de estos dos fines se había logrado.

Allan, de camino al pórtico de su hogar, sintió que alguien lo vigilaba, volteó de prisa y de pronto todo se vino abajo, Allan, con los ojos muy abiertos, sus latidos se aceleraron y palideció al ver un rostro asomándose justo en la ventana que daba al ático de los Ritz, Allan de inmediato abrió la puerta de su hogar y lo cerró de un portazo, se giró a la ventana de su sala y recorrió lentamente las cortinas y al echar un vistazo el rostro ya no estaba…

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Acerca del autor

Yeffry Estrada

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