Literatura

“medley; Llámame Tu Cómplice”

“medley; Llámame Tu Cómplice” - Literatura

-¿Estás bien, Allan?- la señora Regard era suspicaz cuando se trataba de su hijo.- Madre, ¿Has sentido que todo se derrumba a tu alrededor y tú no puedes evitarlo?-.- ¿A qué te refieres exactamente, Allan?-.- pues, bien, últimamente he sentido que estoy en una caja de zapatos.- hizo una pequeña pausa.- sí, soy diminuto y no puedo encontrar forma de salir.-.- Allan, ¿Esto tiene que ver con la muerte de los Ritz? No sabía que eras tan cercano a ellos.-.- Nunca lo fui.- Allan tragó un poco de saliva y continuó.- olvidalo, estoy un poco estresado por los examenes finales, debo irme, no quiero más retardos, hasta al rato.-

Allan salió presuroso sin siquiera dejar que su madre pudiese pronunciar una sola palabra. Mientras pedaleaba, Allan no dejaba de pensar en el rostro que vio la noche pasada, esa misma tarde, un par de horas después de que el joven saliera, una patrulla llegó a la casa de los Ritz para llevar a cabo la investigación correspondiente, de la misma, bajó una pareja, el señor y la señora Plancarte Ritz eran los primos de Joseph Ritz, ellos eran los más cercanos a la familia, de inmediato entraron con dos oficiales, Mary Ann Plancarte Ritz era una mujer de unos treinta y tantos años, usaba un vestido de luto al igual que su hermano que era considerado uno de los acaudalados más poderosos de Massachusetts, ambos estaban conmocionados por la noticia tan repentina y ahora iban en busca de indagaciones, al parecer dicho accidente fue ocasionado por una falla en los frenos del auto, Mary Ann por su parte era ambiciosa y su único objetivo era el inmueble para poderlo vender y así alquilar un lujoso departamento en New York, por su parte Roger Plancarte Ritz buscaba algo más que la adjudicación de la casa, estaba ahí por un papel, uno que le aseguraría mucho capital para sus planes de negocios.

¿Ya listo para el súper evento que se viene, Regard?-Profirió Mathias a Allan.- No lo sé, Math, he estado un poco conmocionado por el accidente.-.- ¿Accidente? pero ¿ de qué hablas hermano? ¿ qué no le has dado una ojeada a la nota del Pontier News?-.- ¿De qué hablas?- preguntó Allan.- Nada de accidente, amigo, lo que sucedió fue un homicidio, así lo indican las autoridades del condado.- Mathias lanzó el periódico de esa mañana al asiento que quedaba justo a lado de Allan, este lo tomó y con un rostro de sorpresa leyó el encabezado que decía “CUENTAS SALDADAS”, Allan leyó detenidamente dicha nota y al terminar miró atónito a Mathias quien asentó con la cabeza.- Tú mismo lo has leído ya, amigo-.- Pero… es imposible, sabes perfectamente que ellos no son…-.- ¡¡No!! sé justamente lo mismo que tú sabes, Melannie después de un tiempo se había convertido en una chiquilla molesta, no le deseo nada de lo que ya ha sucedido a nadie pero entiende que las cosas siempre tienen una causa.- Allan, se paró del asiento y lanzándole una mirada de asombro, ira y confunsión a su amigo, se alejó.

Nuestro protagonista no entendía nada de lo que sucedía, a cada momento él se enteraba de más y más sorpresas que parecían no tener una finalidad, se encontraba meditando cerca de los campos de entrenamiento, mientras tanto,  frente a su hogar se descubría el cuerpo inherte y degollado de quien parecía ser un joven y que más tarde se sabría que era Chris Norton, el joven amante de Melannie Ritz, había sido hallado justo en el ático, su craneo no estaba ni cerca de ser expuesto a las autoridades, no aún.

Allan, levantó su mirada y se fijo en una silueta que recorría la pista de atletismo.- ¿A estas horas? ¿en serio, a quién se le ocurre correr a estas horas?-. se preguntó para sus adentros.

La silueta mientras más se acercaba a Allan iba cobrando identidad, una chica delgada, al parecer rubia, sin duda era rubia, vestía un look deportivo poco casual en las atletas que Allan había visto antes en su escuela, con el cabello recogido, de un color que parecía que provenía de los rayos dorados del sol, de mediana estaura y con un cuerpo bastante entrenado que sin querer dejó a Allan boquiabierto…

¡¡Hey!!.- Gritó la joven a Allan, quien dio un pequeño brinco, como quien despierta de un encantamiento mágico, le contestó un poco aturdido .- ¿¡Hey!?-.- ¿Quién eres y qué haces aquí?-. preguntó la chica con un tono un tanto risueño.-.- Disculpa ¿qué?-.- ¿Estás enfermito?- cuestionó la rubia con un tono burlón .- No, bueno… un poco, ya sabes, la garganta.-.- ¡HAHAHA!.- rió la chica.

Fue entonces cuando Allan quedó petrificado, la sonrisa de la muchacha lo erizó, a tal grado que no pudo disimular ni un poco lo encantado que estaba por haberle provocado esa risa.

– Bien, cuida de tu garganta, ya es algo noche para que salgas sin un abrigo, ¡Nos vemos!.-

Allan apenas alcanzó a soltar.- ¡¡Espe…!!.- cuando la joven había emprendido su carrera. Se levantó para poder ver si volvía a dar una vuelta por la pista pero ella se había retirado del campo por una de las salidas del otro lado, entonces decidió marcharse, lo hizo con una sonrisa, era la primera vez desde hace ya un tiempo en que se sentía bien, iba sonriendo camino a su hogar. Cuando iba a cruzar la esquina y doblar con su bicicleta hacía su calle frenó en seco, ante él, a unos cuantos metros de distancia, las luces de una ambulancia y dos patrullas frente a su hogar lo motivaron impulsivamente a ir a toda prisa hacía el lugar de los hechos, sentía que el corazón ya no le respondía, el aire se le acababa y mientras veía a su madre con lagrimas en su rostro y la mano cubriendo su boca, a su padre consolándola para que no se desvaneciera pudo ver como dos personas cargaban un cuerpo dentro de una bolsa, elevó su mirada y notó como las luces del ático del hogar de los Ritz estaban encendidas y al parecer con personas buscando algo.

Todo comenzó a ir más lento, ante él se develaron los hermanos Plancarte Ritz, Roger lo vio, y enarcando una ceja le mostró la sonrisa más diabólica que jamás le hayan obsequiado.

A la mañana siguiente, Allan se encontraba solo en el bosquejo, sentado en la base de lo que en su tiempo pudo haber sido el pino más respetable del lugar, observando el final del recorrido del astro sol, escucho un crujido de hojas secas, volteó un poco asustado, era la misma chica que había visto en la pista de atletismo.

-¡Vaya! sigue así y empezaré a pensar que eres algún tipo de acosador, ¿cómo sigues de tu garganta?-.

– Hola, ya mejor, gracias ¿ Qué haces aquí?-.

– Escuché sonidos mientras estaba reposando en aquél lugar.- La joven señaló un pequeño regazo creado por dos grandes pinos.- Estaba escribiendo algo,¿Tú, qué haces aquí?-.

– Vengo muy seguido a mirar la retirada del sol.- comentó Allan, un poco avergonzado de su masculinidad.

– ¡¡woow!! ¿Memorias o sueños?-.

– ¿perdón?-.- ¡UMHH! olvidalo, te dejaré acompañarme a mi hogar, ¡vamos!-. Allan la miró un poco incrédulo pero accedió.- ¿cuál es tu nombre?.- Soltó Allan.-

-¿Qué tiene que ver eso?- Se defendió la joven.

– Pues… la verdad es que no sé como llamarte.-

La muchacha, recogió de un movimiento el flequillo que le ocultaba parte de su mirada, y con una sonrisa algo coqueta y risueña sentenció.- Llámame tu cómplice…-

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Acerca del autor

Yeffry Estrada

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