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MEMORIAS DE LA COPA AMÉRICA VINOTINTO: A PROPÓSITO DE PAZ

MEMORIAS DE LA COPA AMÉRICA VINOTINTO: A PROPÓSITO DE PAZ - Deporte

El día que pudimos retratar y grabar al Comandante, fue un día del cual siempre tendremos el recuerdo, y hablo en plural porque me acompañaba en las filmaciones mi hermano Arturo. Allí en el teatro Teresa Carreño, pese a no ser fanático del fútbol, Hugo Chávez se encargó de dar por iniciada oficialmente la Copa América 2007, el día en el que se realizó el sorteo de los grupos en competencia. Como caso único fuimos testigos presenciales a su vez del discurso más breve que se le haya conocido al Comandante en sus 14 años de gobierno, después de aquel famoso “por ahora” que lo lanzó a la fama política. Textualmente dijo:

«Hoy en verdad no es día para que el Presidente dé discursos, sólo se ha dicho creo que todo. Quiero expresar el júbilo que embarga hoy a todo el pueblo venezolano. Venezuela hoy es una sola, unida, levantando esa Copa les damos la bienvenida a ustedes queridos amigos, compatriotas de esta tierra maravillosa, de este continente americano. Pasaron 90 años después para que la Copa América llegara a Venezuela. Eso tiene un gran significado. 90 años de pasión futbolística, 90 años de pasión patria, de la gran patria, esta patria que soñaron Bolívar, San Martín, Artigas, O’higgins, Abreu de Lima y los que nos dieron nacionalidad, llegan a Caracas pues 90 años de esa pasión y de ese amor por el fútbol, que es el amor por la vida, que es el amor por la superación de los pueblos. Bienvenidos todos y yo sencillamente levanto la Copa querido amigo Presidente, Secretario General de la Conmebol, Secretario General de las Federaciones de nuestra América, futbolistas, deportistas, hombres y mujeres, niñas y niños, permítanme sólo de manera figurativa pues hoy el Día del Amor, el Día de San Valentín, levantar la Copa América, por América, por la paz, por la unidad, por el fútbol, por la vida, buenas noches, muchas gracias».

Terminó de darnos la bienvenida el Comandante a todas las delegaciones de medios de comunicación que comenzábamos a cubrir uno de los eventos más importantes del balompié mundial, por vez primera realizado en tierras llaneras. Luego lo seguimos muy atentos a San Cristóbal donde dio el play de honor del debut Vinotinto frente a Bolivia, junto a Maradona y Evo Morales. Anduvimos cubriendo gran parte del evento, aparte de Pueblo Nuevo, en Mérida, Barquisimeto, Maracaibo y Caracas. Sin duda, que en el debut Vinotinto el Comandante anduvo comentando con su humor característico que «casi Evo con su equipo  nos echa una broma», pues el seleccionado venezolano a duras penas pudo empatar a 2 con la selección boliviana. Sin embargo tres días después no pudo ocultar su alegría tras golear a Perú por 3 a 0  y hablar de una casi «paliza beisbolística», aunque para el béisbol hacen falta más carreras para que sea paliza, mientras en el fútbol ya 3 goles  de diferencia son una goleada, sonreía a los medios.

Siempre queremos saber cuál es la duración de la felicidad y eso es lo que nos preguntábamos cuando solamente nos faltaba un control más, antes de ingresar al estadio Pueblo Nuevo de San Cristóbal que, es tal vez, el lugar donde se han sentido más de cerca éstas emociones, en las que nos dan ganas, a los que amamos el fútbol, de detener el tiempo en nuestras manos. Pero en ese momento sentimos casi de bruces, el impacto de los hinchas que nos secundaban en la cola dando vivas a la Vinotinto.

Estábamos casi seguros de que conocíamos a unos cuantos de aquellos desenfrenados hinchas que nos habían obligado a recoger nuestros papeles de trabajo literalmente del piso, alineaciones de los equipos, datos sobre la infraestructura del estadio y datos turísticos de la zona, que salieron disparados frente al abrupto choque que sostuvimos con ellos; pero comprendimos que así son los hinchas, aquí y en cualquier parte del mundo, la mejor prueba de que ya Venezuela vivía este deporte, así es que decidimos hacer borrón y cuenta nueva, compartiendo la  algarabía de estar a puertas de una gran fiesta, la Copa América Venezuela 2007.

Usted estuvo allí, ¿recuerda? Era una de esas tardes gloriosas en la que los ojos del mundo observaba la incontrastable belleza venezolana. Su música, su folklore, sus paisajes y su gente, eran captadas por las cámaras del orbe. La cola iba lenta como flotando para que los turistas observaran esa belleza tantas veces proclamada a nivel de los certámenes Miss Mundo y Universo.

Para muchos de los que estábamos allí aquellos días fueron los más resplandecientes de nuestras vidas, repito. Habíamos llegado esa misma mañana a San Cristóbal, a Mérida, Barquisimeto, Caracas o Maracaibo en la final, según sea el caso y la circunstancia del evento; después de la Copa América Inca 2004, para algunos, o después del Mundial Alemania 2006, para otros.

Usted dirá que no estuvo allí porque no sabe de fútbol, porque no está con el gobierno o porque los acontecimientos ocurrieron lejos de donde usted vive; pero no se olvide que estamos hablando del deporte más popular sobre la faz de la tierra: el fútbol, en el que doctrinas, credos y religiones convergen alrededor de un juego. Así es que de una u otra forma sí estuvieron allí: en medio del fragor del juego, aupando por la Vinotinto en su primer duelo frente a Bolivia, o en el segundo que le valió el triunfo frente a Perú, o compartiendo puntos frente a Uruguay, dando síntomas de estar llegando al límite de su participación en el evento.

Pero también estuvimos detrás de la poderosa albiceleste, que con su estrella Lionel Messi, fueron la atracción de la copa, y candidato seguro a llevarse la misma, desde antes incluso de iniciarse el torneo. Y cómo no estar detrás del último campeón de la Copa, Brasil, que pese a caer derrotado en su debut frente a México, continuó siendo candidato a clasificar a instancias mayores en la justa americana.

Y ni hablar de los rivales directos de Venezuela en su grupo, cada uno de ellos era desmenuzado por hinchas y fanáticos en conversaciones de tascas, liceos, institutos y hogares en general. Ya lo advertíamos en plena cola que Bolivia no era pan comido y que Perú era ganable hasta aproximadamente dos horas antes de su debut frente a Uruguay, pero llegaba la noticia de la goleada Inca sobre los charrúas y se silenciaban los hinchas. Finalmente, la celeste, el candidato a ser protagonista del grupo, lucía un tanto desdibujado para el tercer duelo frente a la Vinotinto, pero había que superar el miedo escénico de enfrentar a un mundialista.

Sin embargo, muchos se resistían a pensar en las bondades de la Copa, y en el fútbol como tal. Daban paso a las dudas que sobre las instalaciones de algunos estadios inacabados como el Metropolitano de Barquisimeto existían, o peor aún, sobre la probabilidad de sabotaje en un público antisistema, al margen de lo futbolístico, que veía con otros ojos la presencia de Evo Morales, (mandatario boliviano), y la de Diego Armando Maradona en la inauguración del certamen.

Recordamos entonces a un viejo que en la vía a San Cristóbal nos había dicho que jamás había aprendido nada que no supiera ya. Ese aire de autosuficiencia en la sabiduría popular de este individuo nos desconcertaba por completo al verlo derribar un árbol, advirtiendo que, si se ignoraba dónde precisamente caería el tronco, era inútil empezar siquiera a cortarlo. “El árbol caerá siempre en la dirección de la menor resistencia, por lo que debe reducirse ese apoyo del lado por el que se desee que caiga”, dijo. Nuestras dudas eran evidentes, dos casas circundaban al viejo árbol que tan sólo tenía un estrecho margen para su caída. Transcurrió una hora y el árbol cayó exactamente en medio de las dos casas, sin ocasionar daño alguno. Cuando procedíamos a felicitar al inveterado personaje por tamaña exactitud, se levantó, cogió su hacha al hombro y se marchó, no sin antes afirmar: “Esta vez tuvimos mucha suerte. No soplaba viento. Cuídense siempre del viento”.

Recordamos entonces esa frase ahora en la voz de un viejo zorro  anónimo del fútbol, que no tenía nada que ver con Maradona o Pelé, y pese a ello, no tenía nada que envidiarles cuando sentenció que “jamás había aprendido nada que no supiera ya”. Ese aire de autosuficiencia en la sabiduría popular de este individuo nos volvió a desconcertar por completo al verlo ejecutar un tiro libre en unas prácticas de fútbol, en las que advertía a sus alumnos antes de cada ejecución, que “si se ignoraba dónde precisamente caería el balón, era inútil siquiera atreverse a ejecutar el disparo”. “El balón caerá siempre en  la dirección contraria a donde se le dé el efecto”, dijo. Nuestras dudas eran evidentes, como la que tuvimos con aquel viejo leñador, mucho más, al apreciar la pronunciada barrera y la espigada estatura del portero que cubría la portería contraria. Transcurrieron unos segundos y el balón cayó exactamente en el ángulo pronosticado. Cuando procedíamos a felicitarlo por tamaña exactitud, cogió su balón entre las manos y antes de dar por culminadas las prácticas nos dijo: “Esta vez tuvimos mucha suerte. No soplaba viento. Cuídense siempre del viento”.

Sólo ahora, varios años después de aquel suceso, recordando el primer y único triunfo en la Copa de la Vinotinto sobre Perú, luego de noventa minutos de adrenalina pura, observaba la victoria y comprendía el significado cabal de lo que el viejo zorro anónimo del fútbol nos había aconsejado. El partido había sido un éxito rotundo, todo había resultado bien, y la recuperación del equipo era notable con relación al debut frente a Bolivia, sin embargo, pocos días después, en el mismo escenario y ante el mismo público, de forma intempestiva, nada funcionó: el equipo perdió y quedó eliminado de su propia Copa América.

Lo mismo ocurrió con el favorito de todos: Argentina. Invicto en el certamen, con el público a favor, para muchos “el dream team” o equipo soñado de la Copa y sin embargo, un exhaustivo análisis de la final nos indica que más allá del tempranero gol de “la bestia” Baptista, que puso adelante a Brasil en el estadio “Pachencho” Romero, fue Ayala con su autogol el que le dio el margen de inalcanzable no sólo en el marcador sino en la postrera goleada brasileña sobre la albiceleste.

Es decir, se nos vino a la mente una vez más el rostro del viejo anónimo del fútbol y aquel leñador, diciendo: “Cuídense siempre del viento”. Y ciertamente, aquella final fue observada a través de los medios por el Comandante y su comitiva presidencial, mientras los especialistas coincidían en sus comentarios con el viejo aquel diciendo: “Brasil supo jugar con el viento cuando lo tuvo a favor en el primer tiempo”.  Mientras un maracucho, observando a Messi en las pantallas televisivas agregaba: «Estáis más perdio que Adán el día de las madres…” El Comandante habría suspirado en voz alta, cuándo no, trayendo a colación a la política: «El viento sopló a favor de Venezuela maracucho, desde hace más de 20 días».

Y así fue, nos quedábamos en la retina de los ojos, no con la final soñada que tanto anhelábamos, sino con todos y cada uno de los encuentros previos que sumados constituían eso que queríamos saber desde el principio ¿cuál era la dimensión de la felicidad?… Y teníamos la respuesta, Venezuela se había convertido por casi un mes en territorio fútbol, y se había atrevido a ganar, pese a las derrotas que por lógica nos da el deporte como la vida, en medio de un panorama de paz y armonía.

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kokokar

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