Literatura

Memorias Desvencijadas

Memorias Desvencijadas - Literatura

[ Dedica a la abuela Emilia, con quien me he presentado infinidad de veces en una mesa de un almuerzo familiar]

Ella entra a la habitación, de frente a la ventana su abuela mira la nada mientras se deja llevar por el trino de las aves del jardin:

– Hoy tomó su medicación, se encuntra estable – dice la enfermera.

– Gracias, cualquier cosa la llamo – Agradece la muchacha.

Se acerca, tímida como la primera vez guarda silencio unos minutos hasta que la abuela la intuye:

– Anita, viniste, Anita tanto tiempo sin verte, sentate querida –

Anita se queda muda, la ultima vez que se vieron a duras penas recordaba su rostro: el mal de alzheimer le robó los recuerdos del cajón de su memoria, su abuela es un cuerpo quieto sin una nostalgia que le enderece el alma.
La muchacha sonríe:

– Abuela – dice entre llorando – ¿Cómo estás abuela?-

– Bien mija, un poco de frío nomas –

– ¿Queres un te? –

– Por favor, de manzanilla si puede ser –

– Espera que voy a pedir –

– Aguarda una segundo – Le pide la abuela a la muchacha –

– ¿Que pasa abuela? –

– Te amo mucho querida, saluda a tu madre de mi parte y se feliz –

La muchacha rompe en llanto y va por una taza de té, al regreso la señora no se encuentra en la habitación, la muchacha la busca, sale al jardín y ahí está, sonriendole a la nada misma, la muchacha se acerca:

– Abuela, tu taza de té, hace frío en el jardín, va a ser mejor que entremos –

– Gracias querida, sos muy amable al preocuparte, estoy bien, me gustan los pájaros a esta hora – Responde la señora con la voz de otra persona, la voz de nadie, de alguien que ha vuelto a nacer y que empieza a morir en un mismo día.

– Está bien – Dice ella confundida.

La muchacha se acerca, se miran, los ojos de su abuela naufragan en medio del abismo, como una barca luego de una tormenta en altamar.

La señora rompe el silencio:

– Gracias por el te señorita, el horario de visitas ha concluido ya, las enfermeras son severas con eso –

La muchacha suelta la ultima lágrima, la enfermera se acerca:

– Ya es tarde para ella – Susurra al oído de la muchacha.

La muchacha asiste con el dolor en todo su cuerpo, se acerca y besa la mejilla de su abuela ahora incalculablente distante, se aleja despacito.

– ¿Quien es esa muchacha? Es encantadora –

Ella pregunta quien soy, la enfermedad lo devora todo, todo rastro de recuerdo es deshilachado en el olvido. La memoria es un suspiro en el viento, el susurro de una palabra que nunca más va a volver a repetirse, es este mismo instante en el paso del tiempo.

Esa fue la ultima vez que se vieron.
La muerte al fin, hizo su trabajo.

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Acerca del autor

Gaspar

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