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Memorias Sonámbulas

Memorias Sonámbulas - Literatura

Memorias sonámbulas

“Me veo hermosa”, exclamó la doncella frente al espejo. “No me veo”, se lamentó el fantasma frente al espejo. “Pero te sueño” repuso el espejo. Y el fantasma se metió dentro de él. Ahora camina en los ojos de la doncella. Ahora habita en el corazón del espejo. Morir es lo mismo que no verse. Amar es querer salir y quebrarse en el intento. El beso de las olas aún murmura esta historia y de mar están hechos los sueños.

Duermo sobre palabras que aún no escucho porque mis oídos están cerrados a esta temporada. Converso con la fantasía alimentando mis horas. Estas palabras futuras o esta imaginación siniestra recorre el mapa de mis venas y aterriza en mi cielo blanco. Escupo aves negras bailando con el humo del espacio. En legiones de años predigo mi tiniebla y salvo al mundo.

Me dispara un rayo de luz que atraviesa una rendija en la madera. Ya casi se despierta el camino de la noche. Oscuridad sin transparencia. Mide mi miedo. Tantea mi lógica ¿Quién descifra esta neblina en mi memoria? Es una roca que florece a mitad de mi vista. Es un hombre que miente para proteger sus sueños. La oscuridad me descifra. Arranca la tierra con las manos. Tal vez sea tarde, tal vez sea brisa, tal vez sea vida, esperar a la ribera en mi horizonte donde ningún lugar se asoma. Es una trampa esperar, mejor sumar los días en desorden.

Y se perdió ¿Dónde lo viste? y se perdió ¿Dónde lo viste? En los ojos de la gente buena. ¿Dónde lo viste? Sobre un mar de lágrimas en la despedida veraniega. ¿Dónde lo viste? Sobre un lugar que no existe, deambulando en la cima de su cabeza. ¿Dónde? ¿Dónde?, cierra ya la puerta. Los intrusos somos nosotros.

Sobre los huesos de mis pies hay un fuego que nadie entiende. Vigilantes de la noche. Despierta en mí un ser extraño, el huésped cauteloso de una familia sin nombre. Va soñando con los ojos abiertos y tropieza conmigo en el atajo de las sombras. Ahora es guardián de mi cuerpo, ahora su voz es la que sale por mi boca ¿Cuántas lunas necesita para salir de viaje a perderse un rato?

En ninguna parte lo quieren porque mastica las piedras, está loco de sueños y hambriento de minutos de ocaso. Yo lo recuerdo en la eternidad y miro a través de su mirada, sueño de tierra en cuerpo de río donde su ternura resbala y pretende ver lo irreversible. Suena una canción en las ruinas antiguas de un corazón que el mundo no dio a luz, pues no lo determina. Palidecen las entrañas estelares. Gobierna el ya es muy tarde. Orgullo con hambre. El huésped refleja el agua y el agua sin surco es lluvia caída. El silencio es ausencia de sonido. La soledad más grave es la ausencia de uno mismo.

Suena una música en el fondo de la oscuridad. La noche tiene los ojos de alguien que nunca nació o los ojos de una bruja que cometió traición. Esa mirada tosca y penetrante que tienen los repudiados, los asesinos de la noche, los servidores de nadie, los niños que espetan relámpagos desde sus entrañas, los fantasmas incomprendidos, los hijos de lo invisible, los espíritus centinelas del bosque, los dueños de la desgracia, los demonios cuya mirada ilumina el averno, los muñecos insolentes de la maldad, los parásitos románticos que quieren brincar a tu ventana, los malditos de esta época que inspiran desprecio en los gatos, y los locos que tienen en la cabeza un enjambre de libélulas.

No sabe el firmamento apagado darles la mano en verano y tomando venganza se enfrentan con la noche introduciéndola en un frasco ¡Somos hormigas contemplando la noche tras el cristal de lo irremediable! Ante el reflejo de ser pequeños puntos andantes, y de seguir siendo misterio ante lo irrenunciable. Viajan con miedo las sombras tenebrosas cruzando la alambrada y les duelen los pies de irse a buscar donde no estén sus cuerpos, donde puedan sembrar algo de verdad en este solitario silencio, y así descubrir a tientas las canciones donde habita la muerte, infinito confidente.

Los ladrones se toman a pico las tinieblas mientras la noche les muerde la lengua con monstruosas semillas de plata. Desde la punta, la tempestad cae gota a gota y es más valiosa que las lágrimas de la caña, y es más valiosa que la uva bajo tierra fermentada. La sangre nocturna derrama ataduras de espuma como símbolo que transgrede el final. A borbotones se deshacen los lamentos del búho y de sus amigos aéreos dejando en el aire un vaho sonámbulo lleno de hasta que la pesadilla se duerma. La melodía de la luna mancha los dientes. Saben a luz los misterios. Revuelven el frasco los hampones sedientos y tiemblan luciérnagas contra los torbellinos de tinta derramada.

La constelación me quiebra los vasitos de los ojos. Orión abre el portal a sus abismos. Visión fragmentada de un mundo perdido entre las distancias de los árboles. Siembro palabras en este suelo que solo es palabra, sendero tal vez para el que piensa y sueña con formar un nido de estrellas en cualquier tormenta de lágrimas.

Visión fragmentada, tenía las manos llenas de nada y su voz era un grito de pájaro en el estertor de la madrugada. Rezaba, le contaba algo a Dios para que la soledad no me asfixiara, para que se abriera la puerta que me ceñía al encierro que es la vida misma disfrazada en pedacitos de agonía. Visión fragmentada, se quebraba la luz en plena raíz y la escuchaba convertida en cristal golpeando sin cesar las ruinas de mi casa. La luna no tiembla en los ojos del hombre. El mensaje se fragmenta cuando la noche acaba.

Las secuelas de la medianoche combaten entre ellas, centinelas de la claridad en un sonido disperso. Sus luces son mosquitos muertos que aclaman a chillidos sangre extraña que calme la sed, que apague el no-ser. Tengo miedo del espejo en que las sombras no penetran. Oigo el limpio tropiezo de la transparencia en mi ventana, quizás en mi jardín haya una mariposa que debata sus alas con la sociedad indiscreta, y la hunda en el barro purgándola de la ignorancia en procesión que revolotea cerca del corazón de mi pueblo. Herencia bruja. Dicen las voces indiscretas que después de los treinta no me casaré, que se me va a pasar la edad de merecer, aunque ellos y mucho menos yo sepamos qué es lo que merezco.

Toc, toc. Una figura se desliza en mi hora y abraza a mi puerta. Ya casi son las cinco y el amor no me encuentra. Olvidé extrañar mis palabras en bocas ajenas, alimentar a las criaturas que se esconden detrás de mis libros, buscar al maldito culpable de cerrar mi ausencia sobre mis pasos, sobre la aurora. Mi puerta no se abre. Me reinicio para ser libre. Nadie ingresa. Soy más terca que la noche, más aguda que mis espinas, hecha a punta de estrellas, tus ojos lo saben, y soy de agua como mis padres. El color de la amargura es un recuerdo de nadie.

¿Quién pregunta si es la sociedad o es la sombra que me busca? Nadie lo hace. Cancelo mi silencio: -“¿Hombre o mujer?” – “Ni se sabe”, una idea sin voz me responde del otro lado, como claves de alguien convirtiendo clavos en luz. Terror cerebral. Lanzo otro interrogante: – “¿De este mundo o del otro?” – “De la orilla.”

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Maria C

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