Literatura

¡mi Apá!

¡mi Apá! - Literatura

Recuerdo muy bien, años atrás a mi papá…
Alto, recio, fuerte… Más alto que yo, se veía siempre imponente a mi mirada…

Según recuerdo, sus manos gruesas, mucho más grandes que las mías…
Siempre seguro a la vista de todos, lo he visto quebrarse muy, muy pocas veces…

Supongo que dentro de su educación, demostrar algún sentimiento es mostrarse débil, y siendo padre de cinco mujeres, eso es impensable.

Aún ahora…
Si bien reconoce que los años han pasado, se sigue manteniendo lo más erguido posible…
Sus pasos ya son más lentos, pero aún firmes.
Ya se le nota cansado, pero su mirada sigue vivaz… El brillo aún está.

Si bien nunca fue tan cercano como hubiésemos querido, siempre ha respetado nuestras decisiones… Sólo pregunta cuando lo considera necesario. Procura no ahondar en las situaciones, ya le contaremos… Y sino, no se ofende y pareciera que no pasa nada.

Hace casi seis años decidí irme a la ciudad de León…
Recuerdo que llegué a su casa un miércoles antes del medio día…
Estaban sólo mis padres…

Les comento -les dije a ambos-, que me ofrecieron abrir y administrar una bodega de materiales en León…

Mi madre, de inmediato me dijo: hija, allá no conoces a nadie… ¿Que harás si algo se ofrece? Te llevas a tus hijos… ¿Ya lo pensaste bien? ¿Estás segura? ¿No tienes miedo?

Claro que lo había pensado… No muy bien, pero siempre he dicho que las oportunidades sólo se presentan una vez y hay que tomar todas las que se presenten.
Claro que no estaba segura… Pero me llamaba mucho la atención esa oportunidad… Siempre me han gustado los retos y este era uno muy grande, ¡conmigo misma!

Además, me habían prometido muchas cosas… Era una oportunidad única para que mis hijos salieran adelante, para que conocieran otras costumbres, otra vida.
Y allá, estaría lejos de lo que me dañaba; allá sanaría.

Miedo… ¡No! ¡Pavor! Me llevaría a mis hijos a una ciudad que no conocía…
Estaríamos solos… Literal….

Entonces, mi papá se levantó del sillón y me dijo: acompáñeme por bolillos (Mi papá solo me habla de usted en momentos muy, muy solemnes, y era raro que me dijera acompáñeme…).

Salimos de su casa, e íbamos en silencio.
Pero, ya de regreso…
Recuerdo cada palabra que me dijo:
“Las oportunidades de ese tipo sólo se presentan una vez en la vida. Que el día de mañana no digas y si hubiera… Porque el tiempo no regresa. Ya decidiste. Las pautas se darán. Siempre has sido fuerte, ve sin miedo y pase lo que pase no te rindas. Tu nombre es todo lo que tienes, camina siempre con la cabeza en alto”.

Fue todo…
Cuando llegamos no dijo ni una palabra más al respecto.
Y al tiempo comprobé que tenía razón. Si bien no salió todo como me lo ofrecieron, ni cumplieron muchas promesas, disfruté cada minuto de esa gran experiencia. Aprendí muchísimo en todo sentido, en todo aspecto. Sané muchas situaciones que llevaba y lo mejor: me fortalecí. Crecí.

No ha sido el hombre más perfecto.
Ni el padre más allegado…
Rara vez demuestra…

Pero sé que está.

¡Y eso lo agradezco enormemente.!!!

Mayra Esquivel.

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