Historia

Mi Dulce Niña



Mi Dulce Niña - Historia

Salís de casa, dejas la llave bajo el tapete, tus amigas te esperan en la esquina, las ves sonreír mientras prendes ese cigarro, aunque te está cansando ese gusto seco que te deja el humo en tu garganta, tu madre te pide a diario que los dejes, pero no, vos lo haces igual, porque sos la típica adolescente rebelde, la adolescente que ya es mujer, porque ya Tenes veinticuatro, tomas tus propias decisiones, ya te independizaste, Tenes tu trabajo, lo Tenes todo, entonces te preguntas ¿porque no buscar un poco de diversión un viernes por la noche? Llegas a esa esquina, las saludas, ellas tan elegantes como siempre Laura, flaca y alta, con su short corto y su musculosa de tiritas con un bordado tan simple y elegante a la vez, mientras que Carla, un poco más rellenita, llevaba un vestido largo negro al cuerpo, y vos, tan simple como de costumbre un jean una remera negra clásica y bueno, zapatillas, pero eso no te importa, porque siempre buscas sentirte cómoda. Este viernes iba a ser un viernes normal, ibas a beber un poco de cerveza y después volver a casa, porque a pesar de ser rebelde también sos responsable y te gustaba dedicar los sábados a la limpieza de tu departamento. Mientras caminan por la vereda rumbo al bar, no podes dejar de pensar en tu vecino, ese chico que te gusta desde hace tanto tiempo pero aún no pasó nada, en las fechas importantes de fin de año que se acercan, los regalos para los niños de esta navidad, donde pasar las fiestas, y tantas cosas más, te das cuenta que tu mente siempre va más allá, que por más que trates de no pensar, ella siempre está activa y te es tan difícil de controlar, de pronto Laura te habla bajándote de las nubes y a la vez preguntándote si lo que querías beber era cerveza, lo cual asentiste con la cabeza. La música esta tan fuerte que casi no se puede ni hablar, las luces de todos colores dificultan la visión, pero después de mucho tiempo por fin la estabas pasando bien, quien diría que ese sería el comienzo, el comienzo de una pesadilla.  

La segunda cerveza se había terminado, bailabas pensando en lo bien que la estabas pasando, si tenías problemas, los habías olvidado al menos por el momento, estabas contenta, te sentías en paz, la gente a tu alrededor te veía feliz, por primera vez en tanto tiempo eras feliz, aun teniendo los pies sobre la tierra. Casi sin darte cuenta la hora de volver a casa se había hecho, buscaste a tus amigas, y emprendieron el viaje de vuelta. Se sumaron dos amigos más, Claudio el eterno enamorado y a la vez contrincante de Camila y Agustín, su sobrino. Amigos que conocías desde mucho, por lo tanto, en ese momento estaba todo bien, “son conocidos, que podría pasar” tomamos algo en el depto y luego de eso, cada uno a su casa y a dormir. Debemos de recordar que aun debías de limpiar tu departamento, de cierta forma, esa era tu mayor preocupación. Te habías olvidado de lo bien que se sentía pasar de largo por la noche, ver el amanecer con amigos, tener una manta sobre tus hombros una jarra en la mano y de vez en cuando un cigarrillo. Pero ya era tarde, era hora de ir a descansar, Lucia y Agustín ya se habían marchado hace rato, vos estabas tan entretenida en ver el sol salir que ni cuenta te habías dado. Pero Camila seguía ahí, junto con Claudio por lo que decidiste ser una buena amiga, teniendo una habitación de sobra no pasaría nada malo si se las compartías por unas horas. Las cosas que hacemos sin pensar, sin tan solo esta vez tu mente hubiese pensado un poco mas… 

La pareja feliz ya ubicada, vos te podías ir a descansar, al fin, que cansancio, miraste el reloj, casi las nueve de la mañana, no te quedaban más de dos horas para dormir, querías limpiar, esa maldita manía de limpiar si o si los días sábados que te traía loca, cambiaste tu ropa, cepillaste tus dientes, y por fin te fuiste a la cama, poco a poco el sueño te fue venciendo, los sonidos se escuchaban cada vez más lejos, hasta que ya no escuchaste nada. De repente, una voz al oido que decía: “sabes quién soy?” y lo repetía una y otra vez, no sabes lo que te pasa, quieres abrir los ojos y no puedes, quieres hablar, tampoco podes y vuelves a escuchar “decime, me conoces?” Claro que lo conoces, es Claudio, pero no puedes reaccionar, estas en Shock, no entiendes porque te está haciendo esto, quien es el para obligarte a hacer esto, lagrimas caen de tus ojos y ahí es donde te das cuenta que el mundo se viene abajo, que ya no hay marcha atrás, pero logras gritar y él se asusta y se va, pero no sin antes decirte que “TODO TIENE QUE QUEDAR ACA”. 

Las horas pasan, no sabes con quien hablar, hace un momento eras tan feliz y ahora el mundo se está partiendo por la mitad, tu amiga te entrego, ¿en quién confiar?, empiezas a buscar salidas, opciones, piensas que tal vez en internet alguien te puede ayudar, el miedo te paraliza, el único lugar seguro es el rincón oscuro de tu habitación, bajo llave, hoy no va a ser sábado de limpieza después de todo. Ya pasaron dos días, tienes que volver, salir a la calle, tus padres te llaman preocupados, no puedes hablar del tema, podría llegar a matarte,  así que decides vivir con eso, ya no eres la chica que fumaba por “rebelde” ahora lo haces por nervios, cuando vas caminando por la calles sentís que una sombra te sigue, te da miedo ir al quiosco de la esquina, te da miedo ir a trabajar, no quieres salir de casa, te enterraste viva, te estas asfixiando en palabras que tienen que salir, tu cabeza te dice HABLA MUJER, la gente te va a creer, te van a ayudar, no estás sola, pero el miedo es más fuerte, y cada día te paraliza más. Hoy, renunciaste a tu trabajo, sentías que él te seguía a todas partes, aguantaste mucho, casi cuatro meses y decidiste buscar la salida más fácil. Tendrías que soltar esa cuchilla, no es la única opción, decidiste no pelear, lo dejaste ganar.  

Hoy estas sentada a mi lado mi dulce niña, viendo como tus padres lloran y no entienden el porqué de tu decisión, tu amiga Lucia aún no sabe porque dejaste de hablarle mientras Camila y Claudio guardaran orgullosamente un secreto para siempre, también te diste cuenta que no fuiste su primera víctima y estas por ver que no vas a ser la última, si tal vez hubieses hablado, hoy estarías salvando a otra niña que tampoco se merece pasar por este clavario. Calma mi niña, tenías la fuerza solo que no sabias como utilizarlas, te falto el valor, valor que la misma sociedad quiere hacerte creer que te va a dar pero a la vez te lo quita, porque es así, pero con el tiempo se uno se adapta a las heridas, pero estas no se curan, aprendemos a vivir con el dolor y la única forma de liberarlo es hablando, porque él no era quien tenía que ganar, eras vos mi dulce niña, eras vos.

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