Literatura

Microcuentos Vol.02

Microcuentos Vol.02 - Literatura

CON SU PROPIA LEY

Todo ocurrió de manera inesperada, y lo que para unos fue justicia, para la ley se convirtió en delito. Desde entonces, convertido en prófugo, se dedica a impartir su propia ley allí donde va.

 

PRIMERO CAEN LOS PEONES

Nunca des por muerto a alguien sin asegurarte de ver su cadáver. (Una historia que sigue al relato LA VENGANZA DEL MUERTO ERRANTE).

La Aurora de rosados dedos, cubría con su fino manto el tempranero cielo matutino, mientras los primeros bostezos del Sol desprendían haces de una luz blanquecina. Los habitantes de Olendeck se preparaban para iniciar su jornada, aunque no todos. En el “Jabalí alado”, la posada más famosa de toda la región, corría el vino y la cerveza desde la noche anterior. Dos caballeros de elegantes vestiduras festejaban alguna cosa importante con un grupo de señoritas de reputación libertina, sin advertir lo que estaba a punto de suceder. Un forastero observaba, desde hacía ya varias horas, todo lo que ocurría en el comedor de la posada. Los nobles caballeros no habían advertido su presencia, ya que solo tenían ojos para el alcohol y los pechos de las prostitutas. De pronto, el enigmático personaje, sale de entre las sombras de su rincón, se dirige hacia los dos caballeros, y se levanta el ancho sombrero que le cubría el rostro. Uno de ellos, advierte su presencia, y al descubrir su rostro se queda helado.

-¡Tú!- exclama el hombre.- ¡Pero si estabas muerto!

El caballero, intenta echar mano a su puñal, pero antes de que pudiera ni siquiera tocarlo ya estaba muerto. El otro pretende escapar, pero el miedo y la borrachera lo hacen lento y torpe. En un intento desesperado trata de apuñalar al forastero, aunque este lo esquiva y le lanza un estoque que le atraviesa el pecho, dejándolo sin vida en un charco de sangre y vino agrio.
El miedo se había apoderado de todos los presentes. El hombre, recoge las dos bolsas llenas de monedas que portaban los caballeros colgados en el cinto. Las abre y reparte una de ellas entre las prostitutas, luego, les deja irse. Seguidamente deja la otra encima de la barra.

– ¡Esto por las molestias posadero!- dice el forastero.- Puedes quedarte también todo lo que llevan encima. Luego entiérralos. Fuera hay dos caballos; uno de ellos es para ti. Buenos días.

Y de esta manera, el misterioso forastero abandona la villa de Olendeck, dejando tras de sí la muerte de dos nobles caballeros, los mismos que meses antes lo habían dado por muerto en el acantilado. Aunque aquí no acaba la historia, ya que las dos víctimas solo eran unos simples peones.

 

DENTRO DE LA TORMENTA

Nos conocimos en la tormenta. Yo era una simple gota, y tú la más bella estrella. Nos prometimos amor eterno mecidos por el viento, con el trueno celebrando, y el rayo alumbrando nuestra unión. Las nubes, engalanadas de plata, reían junto a la emocionada Luna. El Sol, forjó nuestras alianzas, símbolo de nuestra pasión, el cielo, nuestro altar divino. Más allá de los confines del universo celebraban nuestro amor, a pesar, de que yo era una simple gota, y tú, el más dulce resplandor.

 

UN LUGAR POR DESCUBRIR

Un pequeño empuje, y mis piernas ya están dispuestas a afrontar el desconocido camino. Mi corazón, deseoso de aventuras. Mi alma, anhelando encontrar ese lugar.

 

QUIERO

Quiero viajar por los paisajes de tu piel. Descubrir tu alma para pintar la mía de un radiante amanecer. Verme cada día reflejado en tu ardiente mirada, saboreando la felicidad en tus cálidos labios. Y en el final de mi existencia, recordar los momentos felices de nuestra vida, para descansar eternamente de tu mano, en la inmensidad del cielo estrellado.

 

TUS HUELLAS

Déjame seguir las huellas de tus pisadas y acompañarte por los caminos de la vida sin importar peligro alguno. Permíteme luchar a tu lado; mi pecho será tu escudo, mis brazos, serán tu espada. Guíame por los senderos de lo divino. Juntos, forjaremos nuestra propia historia, a golpe de sueños y esperanzas, trabajoso en el yunque ardiente de nuestro destino.

 

¿TAMBIÉN LO SIENTES TÚ?

Suspiramos, cada vez que nuestras almas se cruzan en la eternidad del tiempo. Lamentamos la ausencia del otro, aún sin conocernos. Nos amamos en el amable silencio de la noche, cuando los cuerpos son abandonados por el alma, y la magia hace acto de presencia en nuestros sueños.

 

TIERRAS DEL NORTE

El viento afilado de las montañas, helaba la piel de Feidur mientras hacía danzar sus rubios cabellos por debajo del yelmo. El Sol, lanzaba finos haces de su divino resplandor, que penetraban entre el esponjoso algodón que adornaba la bóveda celestial, custodiada por los gigantes rocosos, cubiertos con su eterno manto blanco. El guerrero, descubrió su cabeza del metal que la protegía, mientras el movimiento ondulado de su larga cabellera se mezclaba con el perfume de las nubes. Su silueta se recortaba entre tanto coloso. Feidur, no podía dejar de maravillarse ante tanta belleza creada por los siempre vigilantes dioses.

 

CANTO A AFRODITA

Te canto a ti, musa de melodiosos cabellos y embriagadora mirada. Que tus firmes y cálidos brazos envuelvan mis noches oscuras, y en tus esculpidos senos descanse el amargo sufrimiento de mi corazón. ¡Oh divina protectora de níveo rostro y ojos de mar!

 

OJOS QUE LLEGAN AL ALMA

Estos ojos desnudos del falso manto de la vanidad se pierden entremezclándose con la perfección de tu salvaje y suave desnudez. Gotas de frio sudor recorren mi espalda al rozar tu delicada piel cubierta por la radiante luz de las divinidades antiguas, mientras tiemblo en silencio regresando a mi más tierna infancia. Tu sinuoso cuerpo, coronado por finos cabellos de elegante belleza, repica al contonearse con cada paso, como si todo el universo se precipitara al compás de tus esculpidas caderas. Pero eso no es todo. Tu inteligencia te hace más y más hermosa con cada palabra salida de tus sensuales labios, tu amor por los demás, tu facilidad para despertar una sonrisa hasta al moribundo, y la sensación de vacío al contemplar tu ausencia. Y tú te preguntarás que cómo descubrí todo esto, y yo te responderé, que todo fue al darme cuenta, que tus ojos hacían juego con mi alma.

 

DESPERTAR

El áureo abrazo de Helios, acariciaba la suave brisa que Eolo insuflaba para dar la bienvenida a la Aurora de rosados dedos. Rebosante de vitalidad, el mar saludaba a los cortados riscos de los acantilados, regándolos con su blanca y virginal efervescencia. Las montañas, coronadas de níveo manto, eran testigo de todo lo que acontecía en los profundos y verdes valles de la región, donde los hombres y mujeres que allí habitaban, daban las gracias a los dioses por un nuevo día.

 

DÍAS GRISES

Los árboles bailan, agitando sus ramas al compás de la melodía del viento, mientras el cielo azul se cubre de nubes negras que presagian tormenta. Algunas nubes todavía resisten ponerse el manto de luto. No quieren verter sus lágrimas sobre la tierra. Los rayos del sol luchan por filtrarse entre las pocas aberturas que se aprecian en la lejanía. Los pájaros han abandonado sus vuelos acrobáticos para volver al calor de sus nidos. Todo sigue su curso, pero no puedo verte. No encuentro tu dulce perfume, ni el suave calor de tu cuerpo. Soy como ese ave que sigue volando, a pesar de saber que se acerca la tormenta. Esa alma errante, que no sabe dónde está su nido.

 

 

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Acerca del autor

miquelangelo

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