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Literatura

Microcuentos Y Otras Historias

Microcuentos Y Otras Historias - Literatura

LAS MANOS DE DAINA

“Julio de 1918. Europa está inmersa en la guerra más grande jamás conocida por el hombre. Tras cuatro años de contienda, los soldados solo desean regresar a sus hogares y abrazar de nuevo a sus familias. Todo lo demás, ha dejado de importar.” 

Todo por lo que estaba luchando, la patria, la bandera, le golpeó con dureza la cabeza.

-¡Despierta! ¡No te rindas!- le susurró una conocida voz procedente de lo más profundo de su mente.

-¡Calla, calla!- replicó gritando Hugo.- ¡No eres real!

Las balas silbaban a su alrededor, mientras él, inmóvil, delante de la trinchera, se mantenía erguido, sumido en una especie de estado de ensoñación.

-¡Ponte a cubierto, Hugo! –le gritó Matías desde la protección de las trincheras.

Hugo continuaba de pie, con los ojos cerrados. El campo de batalla le era ajeno. De pronto, sintió como unas suaves manos le rozaban la espalda, y de nuevo, la misma voz le susurró al oído.

-Debes regresar a casa mi amor, tu hija Lía, te está esperando.

En ese preciso instante abrió los ojos, y de un salto aterrizó dentro de la trinchera. Justo donde segundos antes se encontraba, estalló un fuerte obús que dibujó un profundo cráter.

¡Qué demonios te pasa Hugo! ¿Es que quieres morir? –le recriminó Matías.

Era mi intención hace algunos segundos – contestó Hugo sonriendo.-Pero ahora no quiero. Debo sobrevivir a esta maldita guerra y regresar a casa para ver crecer a mi hija. Ha sido ella, ¿sabes? Mi mujer me ha salvado.

-¿Tu mujer? Pero…, ¿tu mujer no murió en el parto?

-Así fue amigo.

Matías no quiso decir nada, pues se alegraba que su compañero de trinchera, por fin, tuviera un motivo por el cual luchar y regresar a casa. Él también lo haría por su familia, por sus camaradas, y por un futuro en paz, pues la patria y la bandera hacía tiempo que habían muerto.

 

MICHAEL CORVIS

Pocos conocían la historia de Michael Corvis, pero todos conocían su nombre. Un hombre silencioso, parco en palabras, siempre en un segundo plano. Algunos cuentan que todo cambió hace cinco años, cuando unos traficantes de tres al cuarto mataron a su mujer y su hija por poco más de 100 euros. Dos días después de enterrar a su familia, encontraron los cuerpos de los tres camellos tirados en un callejón con las gargantas cortadas. La policía nunca pudo demostrar nada, y el caso se cerró como un simple “ajuste de cuentas”. Semanas más tarde, Michael vendió la casa y todas sus posesiones, dejó el trabajo y desapareció de la ciudad.

 

¿CÓMO SABERLO?

Se deshicieron escrupulosamente del cadáver. No estaban dispuestos a dejar ninguna huella ni pista que pudiera incriminarlos. Estaba claro que eran profesionales y que sabían lo que hacían en todo momento. Metieron el cuerpo en una furgoneta verde oscuro, sin cristales en la parte posterior, donde el rótulo de una tienda de electrónica se anunciaba en el exterior, sirviéndoles de tapadera; “Game Tronick”, creo recordar. Una vez todo limpio y despejado salieron del viejo almacén de Somersbridge en dirección a la carretera comarcal que se dirige al norte. Tras dos, quizá tres horas de viaje, llegaron a su destino: La antigua cantera abandonada de Northbruck. En ese lugar era donde acababan algunas de las víctimas del “Konsejo”, una organización criminal que se había extendido mundialmente, y que controlaba el 80% del tráfico armamentístico de Europa; incluso tenia importantes miembros trabajando para influyentes multinacionales, o pertenecientes a distinguidas instituciones y partidos políticos, aunque claro está, ellos siempre negaban cualquier relación. Fue allí, en ese apartado y abandonado lugar, donde serían enterrados en una fosa común los restos del teniente de la Interpol, Norbert Beckett, el cual había detenido a más de treinta miembros importantes de la organización, y recopilado cientos de pruebas que inculpaban a altos cargos políticos y otros personajes de relevancia mundial.
¿Qué cómo se todo esto? Porqué yo estaba allí.

 

HASTA LA CORONILLA

Esos dos yonkis malnacidos volvían a encontrarse delante de mi edificio. Llevaban semanas atemorizando a los vecinos con sus obscenos y amenazantes insultos, mientras a la vista de todos consumían sus preciadas drogas vestidas de una dulce muerte. Estaba hasta los cojones de la situación. Pasé delante de ellos. Uno de los yonkis de mierda casi me alcanza con un escupitajo, mientras el otro reía enseñando su podrida boca. Esto no podía continuar así. Subí a casa, cogí la escopeta que utilizaba para cazar, y bajé a dar un escarmiento a esos dos hijos de puta. Cuando llegué a la entrada del edificio apreté el gatillo sin pensar, esparciendo los cerebros de esas dos ratas por todo el portal. No sentí nada; y he de decir, que la idea de matar me excitó gratamente.

 

HEREDEROS DEL 14 DE ABRIL

En el ambiente se respiraba un aire de alegría, de fiesta, de celebración. Todo el mundo había salido a la calle a ser partícipe de este momento histórico. Sonaban tambores y trompetas, los hombres bebían y fumaban, las mujeres vestían sus mejores ropas, los niños corrían por las calles arriba y abajo…;Emilio, observaba todo desde el balcón de su casa. Pensaba en como cambiarían las cosas a partir de ahora, y en cómo afectaría esto en su trabajo como profesor. Él lo tenía claro, y decía en voz alta: “A partir de mañana los niños podrán soñar con un mundo mejor, los trabajadores gozaremos de mayores derechos, y tanto hombres como mujeres viviremos en un mundo justo y sin rencores”. Todo se presuponía muy bonito, pero la mano codiciosa del hombre lo destruyó todo. El pueblo quedó roto por partidarios y detractores, y tras seis años de intentos por estabilizar un sistema que parecía definitivo, la tensión estalló. Emilio, un profesor que defendía a pies juntillas la laicidad en la enseñanza y el sistema público de esta, se vio obligado a coger las armas, y de la noche a la mañana estaba defendiendo la capital contra la sublevación de un grupo de militares opositores a la legalidad vigente. La República estaba herida, pero siguió luchando valientemente durante tres años en defensa de la libertad, aunque finalmente cayó muerta.
A pesar de los años transcurridos y del enorme odio que todavía se profesa en la memoria colectiva de nuestro país, un aliento de esperanza vuelve a resurgir en nuestros corazones. Un soplo de aire fresco vuelve a recargar las baterías de nuestras almas, recordando aquellos años en que todo era posible; Un tiempo en que el pueblo llevaba la voz cantante, y en que la solidaridad emanaba por los poros de trabajadores y labriegos, así como de las demás gentes humildes. Ahora quedan pocos que vivieran aquella época de sacrificio y de lucha, aunque en sus hijos y nietos está la semilla de la revolución y la justicia. Ahora solo queda tirar de refranero español, y como buen ciudadano de nuestra hermosa y brillante España decir: “A la tercera, va la vencida”.

 

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Acerca del autor

miquelangelo

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