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¿minería En El Espacio?

¿minería En El Espacio? - Tecnología

La realidad a veces es más fuerte que la ficción y tal parece que ese es el caso de la minería espacial. Este término remite a la posibilidad de realizar actividades extractivas en asteroides o planetas menores. Dichas formaciones contienen “materia prima” necesaria para el continuo funcionamiento de la industria moderna.

No sólo hay estimaciones de cuánto hierro, níquel, plata u oro puede tener un asteroide, dependiendo de su tamaño, sino que también hay diferentes cálculos sobre su valor: algunas expectativas monetarias superan los ¡¡¡5.000 millones de dolares!!!

Entre los debates existentes al respecto encontramos, por un lado, los relacionados a cómo proceder con esta actividad; y, por otro, qué hacer con estos recursos “extraterrestres”. En el primer caso, se habla de minería a cielo abierto o minería de pozo. También de rastrillos magnéticos (imanes) que atraparían los elementos metálicos o de procesos de calefacción que facilitarían el acceso a algunos minerales. Para el segundo caso, las discusiones van en tres sentidos: 1) extraer los materiales en cuestión y llevarlos a la Tierra; 2) transportar los asteroides a una órbita segura, cercana a nuestro planeta, para su acceso y transformación por parte de las tripulaciones de las estaciones espaciales; o 3) realizar el procesamiento in situ (en el propio asteroide).

Con relación al último punto, imaginemos una gran formación rocosa de decenas o cientos de kilómetros de diámetro. Ahora pensemos en que llega un cohete/satélite/fábrica espacial y lanza un “ancla” para sujetarse al asteroide. Acto seguido, saldrían los “mineros” o, como también se ha propuesto, sistemas automatizados (robots), que iniciarían las actividades de extracción. Finalmente, el procesamiento se realizaría en la fábrica y de allí serían transportados a nuestro planeta.

Desde una mirada ingenua, hasta ahora todo parece “bonito” y “bajo control”. Filántropos como James Cameron, un conocido director de cine (Terminator, 1984), y empresarios como Larry Page y Eric Schmidt (Google), han realizado significativas inversiones con el fin de materializar esta actividad. Por su parte, Estados Unidos aprobó en noviembre de 2015, bajo la administración de Barack Obama, la ley del espacio (SPACE Act), un proyecto en el que estuvieron de acuerdo tanto republicanos como demócratas. Dicho texto establece que todo ciudadano estadounidense podrá disponer de los recursos obtenidos de un asteroide, incluyendo su posesión, traslado, uso y/o venta del los mismos.

Sin embargo, toda esta nueva ola febril por los minerales en el espacio parece estar ignorando varias cuestiones medulares o, en el peor de los casos, poco les importa.

Por ejemplo, la distópica ley estadounidense entra automáticamente en tensión con los principios establecidos en el Tratado del Espacio Exterior (1967) promulgado por las Naciones Unidas, específicamente en lo que se refiere a la consideración del espacio extraterrestre como patrimonio de la humanidad, prohibiendo así su apropiación por parte de algún país.

Aunado a ello, la mentalidad tras estos nuevos sueños mineros, aunque bien intencionada, sigue anclada a más de lo mismo (el conocido anglicismo business as usual): mayor crecimiento económico implica mayor consumo de recursos y a mayor consumo de recursos, mayores impactos en los ecosistemas. En consecuencia, aumentan las amenazas sobre las condiciones que hacen posible la vida en todas sus expresiones.

¿Cuándo nos preguntaremos si la necesidad de mantener en continuo funcionamiento la industria moderna no es, precisamente, parte de la raíz del problema? Esta interrogante puede invitarnos a pensar en otras formas de vivir la vida y actuar en consonancia con ellas. No se trata de “volver al pasado”, como despectivamente contra-argumentan algunas personas, más si de advertir que hay futuros peligrosos.

Los devastadores impactos de la minería dentro del planeta, como la contaminación de ríos y suelos, el brote de enfermedades de distinto tipo, el envenenamiento con mercurio, los derrames de las piscinas de cianuro, la relación con el cambio climático, la fragmentación de comunidades, las situaciones de violencia, la trata de personas, entre otras, deberían servir como freno a toda esta euforia. En América Latina, por sólo citar un caso, existen 254 conflictos asociados a la minería, según los reportes del Observatorio de Conflictos Mineros de la región (OCMAL).

Todo el conocimiento que disponemos como humanidad, ¿no debería servir de principio precautorio antes de irnos de cabeza a la caza de los minerales en el espacio? ¿O es tal la soberbia y ceguera de este tipo de ciencia y tecnología que, de manera desvergonzada, no se inmuta ante nuestra ignorancia sobre las posibles consecuencias que podría tener la minería de asteroides? (Por ejemplo, el aumento de basura espacial).

Hasta el momento, no se ha ejecutado ningún proyecto de este tipo en el espacio, pero es cuestión de tiempo para que inicie la versión galáctica de los juegos del hambre.

La justicia ambiental ahora no sólo tendrá que ser intra e inter generacional, sino también extraterrestre.

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Ma-jokaraisa

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