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Mitos de mi tierra

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Mitos de mi tierra - Literatura

Suri. Exquisito platillo de los lugareños, rico en nutrientes.

Desde niño escuché rumores de personas que nunca han salido de su lugar de origen, gente que se preguntan cómo viven, qué comen o cómo visten en la Selva peruana.

Cuando niño, creía que en la capital había personas distintas a mi lugar de origen, pensaba que los residentes de la capital eran blancos y altos que incluso todos llevarían un buen terno                       —obviamente en mi tierra jamás había visto a alguien vistiendo de saco y corbata—, esto sin mencionar que en mi parecer eran otra civilización y hablaban otro idioma.

Cuando arribé a la capital, todas mis perspectivas del lugar se desmoronaron, salvo por el hecho de que hablan con un acento algo diferente —más rápido—. Estando en el colegio me maravillé cuando dijeron que el director vendría en persona al salón para darnos la bienvenida por inicio de clases. Al rato vi un hombrecillo de más o menos 1.60 de estatura que se acercaba, llevaba un traje azul marino y el saco le quedaba como una frazada. En efecto dio unas palabras de bienvenida y se fue.

A lo largo de los días, los niños del salón eran muy acogedores y pronto pude darme cuenta que mis especulaciones eran erróneas: no había gente tan alta ni tan blanca, todos eran provincianos como yo o por lo menos de familia, pero la perspectiva que tenían acerca de la Selva era (creo) mucho peor que las mías.

Los niños se me acercaban constantemente para hacerme preguntas como: ¿Es verdad que ustedes visten con hojas?, ¿Es verdad que viven en los arboles?, ¿Es cierto que en tu tierra comen gusanos crudos?

¿Vestir con hojas? Eso hacen los indios —respondí con una sonrisa en el rostro—, pero no con hojas como son representados Adán y Eva, usan unas hojas de tiras largas de una planta llamada Chambira. Y aunque ellos viven en un área llena de vegetación no tienen casas colgando en los árboles, allí solo viven los animales. Construyen casas de madera y el techo con hojas de Irapay.

Vaya sorpresa, no sé cómo se habían enterado que comíamos gusanos crudos. Para ser sincero, yo nunca lo hice, pero si hay gente que lo hace y no se trata de cualquier gusano. Estoy hablando del Suri y es un gusano que come madera, pues estos se encuentran en los troncos de los arboles devorándolo todo por dentro. Estos gusanos tienen nutrientes muy buenos para el ser humano, es por ello que muchos prefieren comerlos crudo para no perder las vitaminas que en ella contiene. Do todos modos yo los prefiero fritos o tostados.

A lo largo de mi vida pude darme cuenta todos especulan lo primero que ven en distintos medios. Y al igual que yo tenía mis especulaciones, el resto tiene las suyas. Pero basta con entrar en una charla amena y todo queda entendido, aunque no del todo convencidos.

Para culminar este relato, los invito a visitar la calurosa ciudad de Iquitos, mi tierra natal. Donde el transporte de los pitucos es el “motocarro” (o mototaxi, como se conoce en la capital); donde el pituco come pollo y lo pobres comen pescado; el lugar donde si te enamoras, pierdes; el sitio donde la lluvia golpea como piedrecitas y donde las anacondas no son tan grandes como en las películas.

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Acerca del autor

Roy Pacaya

1 comentario

  • Me ha encantado tu relato. Hay una cosa que explicas muy bien, los prejuicios. Los tenemos todos, algunos más que otros, pero hay algo que es común para todos. Los prejuicios se eliminan viajando y conociendo de verdad a la gente de la que crees saber algo. Y me ha gustado también esa palabra, pituco, nunca la había oído (Que pertenece a una clase social alta y da muestras de ello en su vestimenta y aspecto exterior). Saludos desde el lado este del Atlántico.




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