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Nadal y la lluvia confirman su amistad

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Nadal y la lluvia confirman su amistad - Deporte

La lluvia, todo un espectáculo de la naturaleza, nada más cursi que un libro, una frazada y una taza de chocolate mientras ves correr el agua por la ventana que está junto a la chimenea. Muchos aman bailar bajo la lluvia, sin embargo, siempre traen consigo una sombrilla. Esto es muy usual en la mayoría de seres humanos, sin excepción. Bueno, me corrijo, para toda excepción tenemos una regla, en este caso la llamaremos Rafael Nadal.

Se jugaba la final del master 1000 de Roma 2018; tercer set. Alexander Zverev, el pequeño gran alemán, convocado a ser parte de la nueva generación de tenistas, llevaba un quiebre a su favor para adelantarse en el marcador 3 a 1 sobre el Balear. Pero el polvo de ladrillo necesitaba a su campeón, la lluvia interrumpió el partido.

Nada regresó para devorarse la pista, los minutos de para, a diferencia del alemán, le sirvieron para llegar a su estado máximo de concentración, aquel en el que no suele cometer errores. Zverev no tuvo oportunidades y el mallorquín no conoce la palabra piedad sobre las pistas. El título de la capital itálica sería suyo nuevamente.

Diego Schwartzman, dicen que su estatura no es ideal para el tenis, sin embargo, su grandeza a la hora de jugar cuenta otra historia. Ganó el primer set en los cuartos de final del torneo parisino y le arrebató un récord: 37 sets seguidos sin perder sobre el polvo de ladrillo de la capital francesa, estuvo a solo cuatro para alcanzar a Björn Borg. El partido suspendido se aplazó para el día jueves y adivinen: El matador dejó a Schwartzman con las ganas de romper lo que se pronostica como un maleficio a todos quienes lo enfrenten después de un parón por lluvia.

En el año 2012 sucedió algo parecido, era la final de Roland Garros. En el segundo set, Novak Djokovic ganaba 3 a 2. El partido (si, por la lluvia) debió ser aplazado para el siguiente día. La historia empezaba a escribirse. Nadal regresó con hambre y dejó a Djokovic con sus tres puntos para el sumar los seis. Al final del partido, Rafa mordería su séptimo trofeo de Roland Garros.

A su brillante carrera no falta añadirle nada, estas curiosidades solo nos enseñan una cosa: cuando Rafa se concentra, es casi imposible derrotarlo. Solo debemos desear que las lesiones no regresen a él y así nos pueda regalar algunos años más dentro de las pistas, deleitándonos con aquella zurda prodigiosa, que sobre todo se envalentona cuando llega al polvo de ladrillo.

Un consejo: Si quieres ganarle a Nadal, procura dos cosas, encontrarlo en un mal día y, sobre todo, pedir al cielo que la lluvia no aparezca.

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jorgenriqu3

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