Literatura

Narrativa Contemporánea. Las Tunas. Cuba

Narrativa Contemporánea. Las Tunas. Cuba - Literatura

¿Quién es Leonardo Almaguer Hechavarría?

Hola, soy Leonardo Almaguer Hechavarría,

 
(Omaja, Las Tunas. Cuba, 1983) Poeta y narrador. Lic.: Matemática y Computación. Ha ganado premio en varios concursos Municipales y Provinciales. Mención en el concurso nacional de literatura erótica La llama Doble. Se le dedicó la Jornada de la Cultura Majibacoa 2011. Tiene publicado el libro Entre el Grito y el Silencio, Sanlope (Las Tunas, 2007), la novela  EL amor es un perro del infierno, Sanlope (Las Tunas, 2009) y el libro, Las Cruces y los días, Sanlope (Las Tunas, 2013). Presentado en la Feria Internacional del Libro. La Habana 2014. Ha publicado en varias revistas del extranjero: EUA, Argentina, España, Colombia, entre otras. Tengo 35 años y me complace ayudar a los demás y superarme constantemente, además de esa especialidad ya he cursado los siguientes cursos.
 

  • Diplomado de Dirección de Empresas.
  • Diplomado de Cultura universal.
  • Curso de socioculturales.
  • Curso de actualización de tecnologías.
  • Curso de programación Visual Basic.
  • Curso de economía.

 

Les presento un fragmento de una novela inédita…

 

PÍLDORAS PARA El OTOÑO

 

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura, porque esta ya no

siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor

de ser vivo,

ni mayor pesadumbre que la vida

consciente.

 

Rubén Darío.

 

 

Lo Fatal

1

Llevaba doce años engañando a mi mujer, no tenía culpas, sólo un pequeño tic nervioso que me  asediaba constantemente. Mi mujer no era del todo despreciable, era simplemente interesante o coqueta, sólo eso. No gustaba de los ocasos y esas bobadas de las demás mujeres, pero en fin me dejaba tranquilo la mayor parte del tiempo. Me largaba en las mañanas en la desvencijada camioneta minera y veía las interminables líneas de  sauces a ambos lados del camino.

La compañía minera contrataba de todas las inmundicias existentes. No podría hablarse de todas las aberraciones cometidas y aceptadas por la masa negrusca  que removía la tierra en busca de carbón. Eran tal vez una distorsión del maldito infierno. Pero aprendí a compartir la misma miseria y sacrificio con aquella gente que trabajaba y trabajaba, creo que no había otra cosa en el mundo que trabajar.

Cuando ocurrió la gran explosión del treinta vino por primera y única vez el Gabo, en un terrible Ford azul. Nos miró con la mejor cara de criminal y escupió tres veces delante de un pelirrojo llamado Dogan. Sacó uno de sus tabacos Tricom y con una vistosa guillotina cortó la punta y comenzó a darle grandes bocanadas. Después montó en el carro y desapareció. En la noche vinieron a buscar a Dogan. Una pareja de matones arrastraron y patearon al pelirrojo. Se dijo que causó el gran derrumbe. Sentí mucha pena y dejé el trabajo. Años más tarde en el otoño del treinta y cuatro encontré a Dogan y le pedí disculpas y lloré sobre su hombro, yo había sido el verdadero causante del desastre y me quedé como un cobarde cundo vinieron los matones. Dogan me miró como se debe mirar un ratón de laboratorio. Me brindó sin interés una jarra de cerveza y me dijo que todos sabían que yo era el responsable pero todos callaban. Eso fue lo mejor que aprendí en el otoño, los mineros que aparentemente no tenían escala social no permitían la traición.

Cuando ya pasados por lo menos mil intentos de conseguir trabajo en otros lugares, monté mi maltratada camioneta y fui con el intendente. Hablé con el perro traicionero que es y me dio trabajo. Me reencontré con algunos de los viejos colegas y después de varias semanas de volver a la rutina me llamó la atención que Dogan tomaba pastillas para una enfermedad que le quedó de aquella noche. Quise indagar sobre el asunto y me dijo que sus pulmones estaban un poco faltos de aire y que en el otoño le era más doloroso. Una de las costillas le comprimía horriblemente los pulmones y escupía de la misma forma que el Gabo lo hizo alguna vez. Trabajábamos casi siempre hasta pasadas las doce de la noche y con un solo foco del automóvil contaba las baquillas que se atravesaban en la carretera. En cada una de esas noches tenía un fuerte deseo de tomar. Me encaminaba a la estación y en un depósito de cartas o algo así, un viejo me vendía unos tragos que aliviaban el hambre y el sueño y el cansancio.

Mi mujer odiaba verme tomar de lo que llamaba la mayor porquería del país y entre los trapos que llevaba por ropa se le notaban los senos más perfectos que haya  visto. Creo que mi mujer se podía definir por esos senos. Mi mujer eran esos senos pulcros como decía el jodido médico cuando un día de pleitos le descargue un puñetazo y pagamos unas cuantas pesetas para que el jodido tipo le manoseara los senos. Desde ese día dejé de pegarle. No era que me gustase. El ron y la pobreza son enemigos de la paciencia. Y mi inteligencia no era mucha cuando luego de varios tragos movía mecánicamente el pico y pateara los trozos de mineral sin ni siquiera mover una neurona para un plan tan estudiado y ejercitado.

Cuando extraía mineral me sobraba todo el tiempo del mundo, pensaba en la ropa y los zapatos y el diente de oro del Gabo. Me veía como él, con el Ford y las mujeres oliendo a fresa o pintura de uñas. Nadie lo superaba en el negocio del mineral. El Gabo, o el gran jefe como le decíamos  estaba sobre o fuera de la ley y del Estado. Estaba exactamente en el lugar que yo nunca estaría. Pero mis sueños eran lo que valía la pena. Y me entregaba a ellos como nadie puede imaginar.

 

2

En la primavera de 1936 Cris salió embarazada. Comencé a ver los senos pulcros deformarse y ya me entró la rabia por aquel muchacho que amenazaba con quitarme lo que más amaba en ella. Tuvo una fuerte  crisis de asma y la falta de alimentos y medicinas le fueron convirtiendo lo que se creía era uno de los tantos períodos de trance en la historia clínica de su  asma, en una tuberculosis que le hicieron perder el muchacho. Inició para entonces la peor crisis de nuestras vidas. La ausencia de ese muchacho que no nació y que amaba  y yo no hacía más que odiar la convirtió en un ser sin ilusiones. Se aisló a la vieja caseta de los trastos y sólo se dejaba ver los estrictos cinco minutos que duraba la entrega de alimentos. Se fue convirtiendo en una piel y unos ojos mínimos y trapos  con sangre. El médico le mandó algunas píldoras y las estuvo tomando hasta el otoño de 1937. Murió con cuarenta y tres años después de pasar la noche entre fluidos que le ahogaban el alma.

 

3

Siempre tuve secretos, por más de quince años se los oculte a Cris, sentía como que la engañaba, que nuestro matrimonio eran mentiras superpuestas y mentiras y infinitas mentiras y en la camioneta no cabían las cosas que simplemente omitía de mi vida y las iba saltando y acomodando y llegó el instante que ya faltaba la respiración y los nervios me delataban.

En un momento que sólo era un pedazo de mierda y robaba cosas para alimentarme. Me encontré con un hombre que le decían Duhan, controlaba el negocio de matar por encargo. Cuando alguien te molestaba Duhan era tu hombre, por unos pesos, por unos regateos y rebajas,  un hombre podía dejar de respirar  y Duhan ni siquiera dejaría de beber su vino inglés. Aprendí de él a no meterme con tío como el Gabo. Y que el poder se obtiene de diferentes formas.

Una tarde viene uno de estos tipos y me grita ve con Duhan, yo soy como un perro que se eriza y enseña los dientes pero sólo eso, mi instinto me dice que no sea estúpido y marcho a su encuentro y me enseña una maleta y me dice llévala a la casilla tal del correo y ciérrala con esta llave y como si fuera una puta película la cojo y la llevo, todo perfecto y la pongo y por los tragos no recuerdo sólo que  cierra bien con la llave y después saco las conclusiones por   que el dinero no se entregó y uno de sus hombres se da a la fuga y un tren lo hace pedazos y yo se que probando las casillas se puede encontrar el dinero pero digo que la llave se la entregué al tipo que ahora estaba en el cementerio. Y allá fueron los hombres y Duhan, escupieron nomás sobre la caja y golpearon a su hijo y le dijeron que su padre era una porquería y yo pensando y ellos dando tiros y que aparezca el puto dinero  y yo analizando sin poder un muerto de hambre como yo con dinero y sin poderlo usar y ellos pisoteando y maldiciendo y virando la caja y abofeteando y  dando muerte hasta a las hojas de los árboles.

Las mentiras eran mi legado mayor. La mafia o como se le llamaba en aquel entonces, era parte de lo cotidiano. Hice muchas cosas, ninguna que me pueda salvar del tormento. Pero apareció Cris y dejé a Duhan, lo dejé a tiempo, antes que los llenaran de balas por una loca que le traicionó y le fue a contar al otro cartel o como se llame. Y Cris estuvo para mi, desde antes de la miseria. La busqué en la camioneta roja y casi nueva, la arrastré a mi mundillo sucio. La hice más infeliz que lo contrario y murió comiendo sin saber que esos alimentos eran de dinero de otras muertes.

 

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leonardoalma

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