Sociedad

Negatividad Vs. Asertividad

Negatividad Vs. Asertividad - Sociedad

¡Qué poderosos son los pensamientos! Tan frecuentes, tan acerca de todo y por desgracia tan inconscientes. La espontaneidad es un rasgo que caracteriza a los pensamientos. Tenemos millones de ellos al día, de echo nuestra mente está siempre trabajando, y no somos conscientes de todo lo que se nos pasa por la cabeza.

Generalmente cuando somos más conscientes de nuestros pensamientos es cuando éstos se corresponden con una sensación de malestar: nos sentimos irritados, ofendidos, tristes, incómodos, dudosos, temerosos, etc. Estos sentimientos son una alerta natural de reacción a un estímulo que sentimos como negativo, sin embargo, el hacerse consciente de un pensamiento conlleva, también, el poder analizarlo, y es ahí donde nace la asertividad.

El concepto de asertivo por la RAE es: Dicho de una persona que expresa su opinión de manera firme. Para poder expresar una opinión de manera firme debemos haber analizado nuestros pensamientos, la situación global, y lo que de ella entendemos. Independientemente de tener la razón o no, la asertividad nos permite en primer lugar,  librarnos de ese pensamiento y en segundo lugar contrastar hasta que punto es real o infundado.

Cuántas veces nos hemos topado con malos entendidos ente amigos o familia por tener un pensamiento que no ha sido contrastado, por el que estamos pensando mal de alguien, o alguien de nosotros, que puede llevar a una discusión o a relacionarse con un cierto resentimiento. En muchas de estas ocasiones, si una de las partes, siendo un poco más analítica, se permite dudar de su propia negatividad y plantear una pregunta o expresar sus sentimientos, se aclararían mejor las cosas.

Permitirnos decir lo que pensamos, (¡ojo! de una manera ordenada y sin criticar, ni imponer nuestro pensamiento, solamente expresando aquello que nos genera el pensamiento negativo) ofrecemos a la otra persona el que nos de una explicación y nos permitimos a nosotros mostrarnos fuertes. Inteligentes. Y si verdaderamente después hay que enfadarse pues… ¡adelante! Nadie ha dicho que la vida sea todo felicidad, hay momentos, hay conflictos. Precisamente por eso ¿ No sería ideal diferenciar los que son reales de los que son generados por nuestros pensamientos negativos?

No se trata de negar lo que uno piensa pero si de controlarlo. Ser más consciente de nuestra tendencia a la negatividad ( sensación de inferioridad, envidia, miedo…) e intentar transformarla en asertividad. Es decir, confirmar la razón de nuestras sospechas explicándonos de forma humilde y con actitud abierta. Después, con toda la información tomar una decisión objetiva.

La conclusión es que todo esto conlleva un trabajo, dejarse llevar por los pensamientos y sus consecuentes emociones es más sencillo, aunque quizá se pase peor. Enfrentarse a uno mismo y exponerse a los otros requiere de valentía, pero los resultados merecen la pena. Ganas en auto imagen, ganas el respeto de los otros, ganas en franqueza y ganas salud mental. ¿Vale la pena intentarlo?

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