Literatura

¡Que nervios!…hoy es la “cita”

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¡Que nervios!…hoy es la “cita” - Literatura

Estaba sentada en la cama mirando la puerta del closet donde colgó la ropa que había decidido usar para la “cita” , pensando en cual excusa era la mejor para no ir, analizó cada una pero ninguna era más fuerte que las ganas que sentía de volver a ver a Rodrigo. Media hora después se miró en el espejo y le gustaba lo que veía, escogió unos pantalones jeans oscuros tobilleros, una franela blanca de rayas negras con una chaqueta y converse rojas. Salió y apagó el teléfono no quería que Karen estuviera a cada rato llamándola, ya que la había llamado temprano para contarle que después de darle tantas vueltas decidió que si iba.
Tenía cinco minutos parada al frente del café, pensando en entrar o no, diciéndose tonta por estar tan nerviosa y con un nudo en el estomago. No, mejor me voy pensó. Paró un taxi y cuando fue a abrir la puerta sintió una mano cerrarse alrededor de su muñeca, giro la cabeza y era él.
– ¿Tan rápido te vas? – Rodrigo le preguntó muy serio, haciéndole un gesto con la mano al taxista para que se fuera. ¡Dios! Estaba impresionante con unos pantalones jeans desgastados y un suéter gris oscuro. No sabia que decirle, así que le dijo torpemente lo primero que se le ocurrió.
– No, es que… recordé algo… algo importante, bueno no es tan, tan importante. Pero lo tengo que hacer, que tonta soy – contestó haciendo una mueca y tapándose la cara con la mano que tenia libre, porque la otra él la seguía sosteniendo.
– Claro, y lo recordaste justo aquí en frente. Claro entiendo – soltó su mano – Mejor dime que no querías verme.
¿Qué no quería verte? Claro que quiero verte, si por eso fue que vine. De otra manera no estaría aquí con el corazón en la garganta. Diciendo tonterías porque no puedo pensar claramente contigo mirándome así. Pero eso no lo dijo.
– No, no es eso. En serio tengo algo que hacer pero déjame llamar para avisar que llegaré un poco más tarde.¿Sí? – sacó el teléfono del bolso, lo encendió y fingió que llamaba a alguien.
– ¡Listo! ahora si quieres podemos pasar y tomarnos ese café.
– Lo siento Hanna, yo también recordé que tengo algo importantísimo que hacer, que tonto soy – hizo una mueca y se pasó la mano por el cabello.
¿Qué? No puede ser, lo que me faltaba… ahora pretende que le ruegue para que no se valla. De ninguna manera, podrá estar muy bueno y todo lo que quiera pero…
– ¡Era broma! – soltó la risa – no pienso perder esta oportunidad contigo. Hoy no – la tomó de la mano, sintió su calor y le gusto ver su mano entrelazada con la de él – ven, antes de que recuerdes otra cosa importante que tienes que hacer.

Aparte de estar buenísimo tenía sentido del humor, eso era un punto más a su favor.
– ¡Oye! pero es en serio que tengo algo importante que hacer – se quejó – para que lo sepas yo no miento – dijo cruzando los dedos. Solo habia sido una metirita blanca.
Pasaron al café y se sentaron en la misma mesa del día anterior. Pidieron dos cafés y comenzaron a hablar de esas cosas de las que siempre se hablan cuando conoces a alguien. ¿A qué te dedicas?, ¿qué haces en tu tiempo libre?, ¿tienes novio?, si respondes que no, entonces preguntan: ¿por qué una chica tan bonita no tiene novio? Hay fue donde Hanna contestó: simplemente, lo prefiero así . No quería entrar en detalles de su vida en el primer café con Rodrigo al menos esperaría el quinto.
– ¿Y tu tienes novia? Preguntó fingiendo estar distraída mirándose las uñas.
– No estuviera sentado al frente de ti, si la tuviera – contestó inclinándose un poco hacia ella – seré sincero contigo Hanna me gustas mucho y si por mí fuera me gustaría verte mañana, pasado mañana y pasado pasado mañana y pasado…
– ¡Espera, espera! esos son muchos pasado mañana – dijo ella riéndose, se sentía diferente y cómoda con él. Además por primera vez en mucho tiempo coqueteaba con alguien – pero creo que lo mejor sería que me preguntaras si me gustas y si yo también quiero volver a verte – dijo acariciando su cabello y mirándolo divertida – a lo mejor no me gustas. También es una posibilidad. ¿No crees?.
– Es cierto. Pero estoy seguro, no, segurísimo de que sí te gusto. Igual tú tienes la ultima palabra.
Estaba disfrutando ese rato con él y pensaba que de haberse ido en ese taxi ahorita estuviera echada en el sofá comiendo helado de chocolate y lamentándose de no haber sido más valiente.
– Pero que seguridad – agarró el teléfono de él que estaba sobre la mesa – Permíteme por favor – marcó y guardó su número – como no sé ¿qué voy a querer mañana?, esto es para que me llames y me preguntes si quiero verte.
Él la miro sorprendido y después de una fracción de segundos, les dio por reírse como dos tontos. Algo tenía ese hombre que la hizo olvidarse un rato de sus preocupaciones, ya después pensaría y se preocuparía en conseguir un trabajo rápido antes de que la echaran del apartamento.

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albani guillent

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