Sociedad

No busques más ser buena persona; sino hacer lo correcto



No busques más ser buena persona; sino hacer lo correcto - Sociedad

Hacer lo correcto, es elegir opciones cada día que favorezcan de forma real nuestros valores, y estén en armonía con nuestros principios. Esto requiere pensar antes de actuar; ya que las consecuencias de nuestros actos no son siempre obvias, ni la mejor intervención posible corresponde siempre «con lo que nos pide el cuerpo.» El cuerpo se mueve por emociones; que la palabra emoción viene del Latín movere, moverse. Las emociones sirven para sincronizar cuerpo y alma, y a menudo varios cuerpos y almas, para actuar rápido y de forma estereotipada, sin pensar. Como escapar de un incendio, o hacer el amor. Sin embargo, las emociones del cuerpo cuentan con que la mente actuará de censora, y modulará la respuesta inhibiéndola, aplazándola o ajustándola según requiera la situación.

El problema viene al analizar la circunstancia sobre la que debemos -o no- actuar; sobre todo porque a menudo no la analizamos en absoluto, sino que imponemos sobre lo que vemos nuestra experiencia pasada o lo que nos han enseñado que hay que hacer. El hombre o mujer con madurez e inteligencia sin embargo, sí tiene que ir más allá, y hacer el pequeño esfuerzo -y cada vez más pequeño con la costumbre- de comprender objetivamente lo que ocurre verdaderamente en cada encrucijada del camino.

Analizar los posibles resultados de nuestra conducta (los reales, no los que queremos imaginar) y como sirven mejor o peor a nuestros valores, es la Ética. Actuar sin pensar NUNCA es ético, incluso si los resultados resultan ser buenos; también los impulsos de los animales o de las personas furiosas a veces producen consecuencias inesperadamente positivas, pero eso no convierte a sus acciones en éticas.

Lo bueno de pararse a pensar, es que nos ahorraremos muchos disgustos y nuestro comportamiento será cada vez más útil para los demás y nosotros mismos. Pero también hay una parte mala, que es la que hace a la gente preferir que les den un decálogo de lo que hay que hacer o no hacer, o una dirección, y así poder actuar sin pensar y sin «culpa» ya que son meros transmisores de «órdenes de arriba.»

El hombre o mujer maduros y responsables, no puede hacer esto: tiene que aceptar la parte mala de tomar sus propias decisiones.

Esta parte mala consiste, en lidiar con decisiones que nunca serán ideales; ya que siempre elegimos entre opciones disponibles. Por ejemplo, un capitán de barco del pasado tenía que elegir a menudo entre salvar a parte de los pasajeros o a ninguno; porque a menudo la evacuación requería actuar con orden y rapidez. Entonces se priorizaba a las mujeres y niños sobre los varones, y a los pasajeros sobre el propio capitán y la tripulación. O también: un maestro de Primaria sabe qué alumnos trabajan en el campo, y le gustaría poner buenas notas a todos sólo por su esfuerzo en clase; pero entonces obraría con injusticia para los alumnos excelentes, lo cuál a la larga iría en perjuicio de todos.

Además de que raramente podemos elegir la respuesta «ideal», también tenemos que afrontar la incertidumbre sobre el resultado de nuestras acciones, o aspectos negativos de éstas. Por ejemplo, un presidente tiene que decidir si hacer una guerra comercial con otro país; intentando averiguar con buenos asesores, si hay más daño en la guerra de aranceles o hay más daño en no hacer nada. No hay garantía de que los modelos de los asesores acierten; y sí hay garantía de que ambas opciones significarán la ruina de empresas. El presidente de ese país tendrá que elegir y vivir con las consecuencias negativas de su elección.

Si elegimos de forma ética, es decir: con buena información, buena comprensión de la situación y las consecuencias realistas de nuestras acciones, el sufrimiento por equivocarnos o no poder elegir mejor se reduce mucho. Empero, es inevitable, y a veces es enorme.

Es fácil por tanto conformarse con «ser buena persona» y actuar de forma típica y heterónoma, como los niños hacen; esto nos dará una sensación de ser «puros», y nos sentiremos bien con nosotros mismos incluso si las consecuencias de nuestros actos son catastróficas. El haber hecho «lo que se esperaba de nosotros», lo que «dicen que hay que hacer» nos permite crear la ilusión de que las consecuencias de nuestras decisiones y nuestra conducta son independientes de nosotros, como si hubiesen ocurrido «a pesar de» y no, en parte, «gracias a» nuestra colaboración.

El hombre o mujer maduro, responsable y ético tiene por tanto, que renunciar a este consuelo de «las buenas personas» y las palmaditas en la espalda mentales y de otras personas; y apechugar con lo que sabe que es lo correcto, aunque le deje mala conciencia, y le robe el sueño.

No es sentirse bien lo importante, sino hacer lo que nuestra razón y conocimiento superior de las situaciones indica que hay que hacer. Eso es la conducta ética; no es un camino hacia la santidad ni a ser popular, pero sí es la manera de llegar a viejo sabiendo que hemos vivido de forma despierta y responsable, valiente y útil de verdad.

 

 

 

 

 

 

 

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

5.00 - 1 voto
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

DiegoT

3 comentarios

  • Interesante artículo , Diego, sólo que, a veces, hay disyuntivas serias. Imagínate que eres presidente de un país x y has puesto pena de muerte a todos los ladrones, sin distinción de clases sociales. En eso, cierto día, tu hijo, que es funcionario público roba miles de dólares. Le darías pena de muerte a tu propio hijo, cumpliendo lo que es correcto o mirarias primero el amor puro de padre?. Pensarías con la justicia y la razón o con el amor de padre?

    • La abolición de la pena de muerte es una conquista del decadente y malvado Occidente que, espero, ni masones, ni socialistas ni religiones bárbaras consigan reinstaurar nunca en Europa. Ni siquiera en Estado de Guerra hay necesidad de pena de muerte en mi opinión, porque hay otras opciones igual de útiles, como los trabajos forzados, la perpetua o la expulsión del país. Y su aplicación indiscriminada a delitos de distinta gravedad es propio de China o de países que se guían por la sharía islámica; viola el principio de proporcionalidad de la pena, muy importante para nosotros, y además útil ya que, si la pena es igual para un delito más o menos grave, se fomentan los peores delitos; si robar tiene pena de muerte y matar también, se matará al tiempo que se roba.

      Pero entendiendo el fondo de lo que dice, efectivamente tendría problemas para meter en la cárcel a mi propio hijo; por eso tiene que haber una separación de poderes, y no corresponder al legislador detentar el poder ejecutivo, o al ejecutivo el judicial. Tienen que estar separados, precisamente para que el aspecto personal no influya en cómo se trata a unos criminales u otros.
      Al margen

    • al margen de eso, la pregunta es muy oportuna gracias. Los dilemas morales son de hecho lo que nos obliga a sopesar las verdaderas implicaciones de nuestras decisiones, que es parte de lo que quería expresar en el artículo.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información