Sociedad

Nos Colectivizan, Nos Dividen



Nos Colectivizan, Nos Dividen - Sociedad

Una de las características principales de nuestra sociedad hoy en día, es la tendencia acentuada a englobar a las personas en colectivos. Y no, no hace falta polemizar señalando a ciertos grupos que hoy en día están más en boga que nunca, ya que de hecho desean ser vistos como colectivo. Unirse para defender una causa -sin que entremos a juzgar la legitimidad de ésta-, resulta en principio lógico y apropiado.

En este artículo va a tratarse algo muy diferente: al arte de crispar y dividir a las personas, haciendo un uso mezquino del concepto de la unión. Nos unen en grupos…para dividirnos como personas. Esta labor la realizan con verdadero énfasis los noticieros en TV, radio y prensa. ¿Te suenan este tipo de noticias?:

1) << Los ciclistas, en pie de guerra. Otro ciclista más, muerto. Los conductores también se quejan de que en algunas ocasiones los ciclistas no cumplen las normas >>

2) << Los no fumadores se quejan del comportamiento de los fumadores y piden sanciones más duras >>

3) << Los bañistas se quejan de la cercanía de los surfistas >>

4) << Los jubilados madrugan para poner la sombrilla en primera línea de playa, algo que ha puesto en pie de guerra a los turistas >>

5) << Los ciudadanos piden mayores sanciones para los dueños de perros, ya que no recogen los excrementos de los mismos >>

La manera de detectar este intento de mantener la sociedad crispada, es darnos cuenta de que estos colectivos no son reales, sino impuestos de manera audaz. En los cinco ejemplos anteriores, las personas son asignadas a supuestos grupos, que en realidad son estados momentáneos. Muchos ciclistas también son conductores y pueden irritarse con un ciclista que hace el loco; un fumador también puede sentirse molesto si le echan una bocanada en la cara, o si ve a alguien tirar colillas al suelo; un surfista puede estar disfrutando de un plácido baño, hasta que alguien le pasa con su tabla por encima; un jubilado puede irritarse al ver que algunas personas dejan la sombrilla en los mejores sitios y se van durante horas; y un dueño de perro puede irritarse al máximo cuando descubre un excremento en su zapato o simplemente en la acera.

Entonces, ¿de qué estamos hablando? Lo dicho en el párrafo anterior resulta obvio para todos. Sabemos que podemos vernos englobados en varios de estos colectivos, según las acciones que llevemos a cabo. Pero no nos damos cuenta de que, al fin y al cabo, esta constante división en grupos intenta que asumamos una guerra subconsciente entre buenos y malos ciudadanos. Y, por supuesto, ¿quién es el malo? El otro. Siempre el otro. Es la guerra más antigua que existe, la que la especie humana viene librando desde su concepción, y que parece no tener fin. Es fácil aprovechar los odios de una sociedad llena de frustraciones y que vive en la casi total inconsciencia, actuando y sintiendo en piloto automático.

¿Cuál es la forma de acercarnos hacia la solución? Obviamente, poner el foco en nosotros. No hace falta meternos en divagaciones filosóficas sobre la subjetividad de lo que es bueno o malo según quién lo mire o considere. La sociedad avanzaría exponencialmente en lo que se refiere a concordia, si simplemente no hiciéramos lo que no nos gusta que nos hagan; y si no aprovechamos los momentos en los que nadie nos ve, para hacer lo que criticamos. Pero claro…eso lo hacen otros. Nunca nosotros.

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arolod

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