Viajes y ocio

Nostalgia de fado



Nostalgia de fado - Viajes y ocio

Una vez tuve una compañera de trabajo a la que mi antiguo jefe siempre le decía que tenía un físico muy particular, de «cara de antigua», estuvimos varios días preguntándonos que sería tener «cara de antigua» hasta que nos dijo «¡pues de Estrellita Castro o Imperio Argentina!», madre de Dios ¡qué levante la mano quién elige a su jefe!

LISBOA, la antigua

Lisboa es una de las ciudades más antiguas de Europa, y es algo que sientes desde el primer momento que pisas sus calles, pero a la vez, convive con una modernidad  que se va extendiendo poco a poco por ciertas zonas de la ciudad, como Las Naciones, y que ves paseando por sus calles centrales repletas de turistas, y no hay nada mejor que ser turista por unos días para contemplar una ciudad abierta al mar, los viajes, y a esos aventureros en busca de nuevos descubrimientos.

Deja los prejuicios de moderno viajero por unos días, pierde la vergüenza de ser un turista más, súbete a un tranvía, cualquiera de ellos te va a gustar, porque te trasladará a otros tiempos, a Tiempo entre costuras o a un trocito de Love Actually, y cuando que pases por la calle San Pedro de Alcántara, subiendo por empinadas calles, deja que la cabeza gire de un lado a otro como si fueras la niña del Exorcista, porque no podrás dejar de admirar los innumerables edificios de azulejos en toda su gama de azules.

Si hay un buen cafetero en este continente es el portugués, y puedo asegurar que es uno de los mejores que he probado, el café, tómatelo en cualquiera de los innumerables cafés y rodeado de street art en el alternativo Barrio Alto o en uno de los locales con más solera y antiguos de la ciudad, Martinho Rodrigues, o en el famoso, y peliculero, A Brasileira, en la zona más bohemia de la ciudad, Chiado, donde también podrás probar el famoso pastel de Belém, pero para famoso y conocido el de Pastéis de Belém (cerca Monasterio de los Jerónimos) el local no tiene pérdida, lo reconocerás enseguida por sus interminables filas en la puerta, pues haz fila, merecerá la pena, porque cuando le des el primer bocado a ese pastel, calentito, espolvoreado con un poco de azúcar y canela, y además, tomártelo en un lugar tan típico como ese, rodeado de antiguos azulejos y vitrinas de dulces, solo me hace pensar en quedarme a vivir aquí, para siempre.

¿Continuamos con antigüedades? pues vamos a probar el licor de ginja, la fermentación de guindas ha hecho de este licor uno de los más típicos de la ciudad, y en el bar A Ginjinha (abierto desde 1840) podrás tomarte un chupito o dos, total, al final vas a acabar comprándote una botella con sus vasitos de chocolate correspondiente, puro vicio, ¿otro café?

La Ciudad

En La Plaza del Comercio me encuentro en el corazón de Lisboa, camino alrededor de la Plaza de Rossio para admirar el estilo neomanuelino de la Estación de Rossio; subo los 45 metros del elevador de Sta. Justa, que une los barrios de Baixa Pombalina y Chiado; entro en la iglesia de Santo Domingo, reconstruida después del terremoto de 1755 y que conserva su interior tal como quedó después del incendio que sufrió en 1959; sin dejar de pasear al lado del mar, para acabar subiendo al mirador del Monumento de los Descubrimientos y ver el mosaico de la Rosa de los Vientos.

Quedarme sin batería en la cámara de fotos era una muerte anunciada; delante, al lado, justo en el puente, en la escalera de caracol, después del turista que va detrás tuyo, al lado de la familia japonesa, mil y una fotos de la Torre de Belém, a orillas del río Tajo, en la antigua playa de Restelo, quedarme unos minutillos hasta ver el cambio de guardia, y acabar junto a la Plaza de España, para ver la joya de las joyas, el Museo Calouste Gulbenkian.

Come, compra, vive

Galería de arte, moda, arte, vintage, espectáculos, esto y mucho más es Chiado Factory en pleno centro de la ciudad; con la boca abierta te quedarás cuando veas la decoración de A Arte da Terra, tradición y modernidad en este espacio especializado en artesanía portuguesa. Y ¿hora de comer no? pues vamos a subirnos en el tranvía nº28 y subir por las estrechas calles de casas con fachadas de colores de Alfama, enarmorse de este barrio tan fácil, que casi cuesta acordarte que has llegado hasta allí para comer bacalao en el pequeñito Agulha no Palheiro, y mientras caminas de vuelta, nada como entrar en uno de sus múltiples locales y escuchar un fado, porque en esta ciudad, además de bacalao y pollo a la brasa, bendito olor, huele a fado.

Foto: MATILDA

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

0.00 - 0 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Matilda

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información