Política

Notas Sobre Las Ideas Del Che Guevara

Notas Sobre Las Ideas Del Che Guevara - Política

El 9 de octubre de 1967 Ernesto “Che” Guevara fue asesinado por el ejército boliviano, apoyado por los Estados Unidos. Cincuenta años después, Guevara sigue siendo uno de los revolucionarios más populares entre los trabajadores y la juventud de todo el mundo. Para conmemorar la figura del Che, pero también, y sobre todo, para comprender la importancia de su vida y sus ideas para las luchas de hoy, publicamos una versión editada de un artículo escrito para la revista teórica de los marxistas italianos hace diez años, en el 40º aniversario de su muerte.

Guevara fue y sigue siendo, junto con Fidel Castro, un símbolo de la revolución cubana y, además, de la lucha contra la opresión en todo el mundo. Su espíritu de sacrificio, su rigor y su honestidad intelectual son fuente de inspiración para todos nosotros.

No es casualidad que su perfil y sus obras se encuentren una y otra vez en el centro del debate político. En el año del 40 aniversario de su asesinato, esto es más cierto que nunca.

Los comienzos del Che
Ernesto Guevara de la Serna nació en Rosario, Argentina, en 1928. Se trasladó a la capital, Buenos Aires, para estudiar medicina. En 1951 se embarcó en un viaje en moto por América Latina con su amigo Alberto Granado. En ese período, una conciencia política comenzó a tomar forma en su mente. Particularmente importante para este proceso fue su estadía en Guatemala, donde se involucró en la resistencia contra un golpe de estado organizado por los Estados Unidos contra el Presidente electo, Jacobo Árbenz, en 1954. Este último estaba implementando reformas agrarias que chocaban con los intereses de la empresa estadounidense United Fruit Company.

En Guatemala, el Che conoció a Hilda Gadea, quien lo introdujo al marxismo, y quien más tarde se convirtió en su esposa. Pero, ¿qué tipo de marxismo estaba conociendo Guevara mientras daba sus primeros pasos como revolucionario? Sólo pudo haber sido una perspectiva fuertemente influenciada por el estalinismo, que en ese momento gozaba de una enorme influencia debido a la victoria de la URSS en la Segunda Guerra Mundial, y también con la llegada al poder del PC chino en la Revolución China de 1949.

Los orígenes de la revolución cubana
A pesar de ello, Castro y Guevara no estaban dispuestos a apoyar la política de los partidos comunistas latinoamericanos estalinizados, que eran extremadamente degenerados y seguían una política criminal de apoyo a sus propias burguesías nacionales. Y uno de los más derechistas fue el Partido Comunista de Cuba, que terminó participando en el primer gobierno de Batista con dos ministros. La juventud revolucionaria cubana lanzó su propia organización, el Movimiento 26 de Julio, que lleva el nombre del asalto fallido al cuartel Moncada en 1953. El movimiento iba a lanzar un desembarco armado en Cuba con la idea de provocar una insurrección masiva contra la dictadura. Eso también fracasó, y luego se vieron obligados a embarcarse en una guerra de guerrillas prolongada.

La meta de este movimiento guerrillero, cuando comenzó su lucha contra la dictadura de Batista, no era una revolución socialista, sino una serie de reformas radicales dirigidas a establecer una verdadera independencia nacional, sin dejar de estar bajo el capitalismo. Así lo revela claramente el famoso discurso “La historia me absolverá”, pronunciado por Fidel Castro en su propia defensa judicial contra los cargos que se le imputan después de que dirigiera el fallido ataque al cuartel de Moncada en 1953. Fidel propuso “conceder a los trabajadores y empleados el derecho a compartir el 30% de los beneficios de todas las grandes empresas industriales, mercantiles y mineras” y el “establecimiento de la justicia social, basada en el progreso industrial y económico”.

En ese momento el Che Guevara ya había desarrollado una perspectiva más radical, la de la transformación socialista, y en sus Diarios insinúa la idea de que después de la victoria de la guerra revolucionaria podría tener que romper con sus camaradas y seguir adelante.

En los primeros meses de 1959, inmediatamente después de la toma del poder, incluso el Che Guevara se hacía ilusiones sobre un desarrollo democrático dentro de los límites del capitalismo, como explicó en esta entrevista:

“Somos democráticos, nuestro movimiento es democrático,[somos] de una conciencia liberal y estamos dispuestos a cooperar en todo Estados Unidos”. Es un clásico engaño de los dictadores llamar a los comunistas a aquellos que se niegan a someterse a ellos. Dentro de un año y medio se organizará una fuerza política con la ideología del Movimiento 26 de Julio. Entonces habrá elecciones y el nuevo partido competirá con los otros partidos democráticos”. (H. Thomas, Cuba: Una historia, página 831, edición italiana).

 

En Cuba, sin embargo, no puede haber una etapa “democrática” del capitalismo. Un choque con el imperialismo norteamericano debido a su dominio total sobre todos los aspectos de la vida económica y política de Cuba era inevitable, dado que las multinacionales norteamericanas poseían el noventa por ciento de la industria de la isla y controlaban el cultivo de la caña de azúcar.

Desde el momento en que el Movimiento 26 de Julio entró en La Habana, los Estados Unidos comenzaron a obstaculizar y sabotear el nuevo gobierno revolucionario. Por lo tanto, no había ninguna posibilidad de desarrollo económico o social bajo el capitalismo. En el mismo período, la Unión Soviética, China y el resto de Europa Oriental constituyeron un importante punto de referencia. Y cuando el gobierno de Estados Unidos se negó a comprar azúcar de Cuba, Moscú se ofreció a comprarla en su lugar.

Sobre la base de un empuje revolucionario masivo, el capitalismo fue eliminado en Cuba. La construcción del nuevo sistema, sin embargo, no siguió el ejemplo de la república de los soviéticos de la época de Lenin, sino el de la Unión Soviética de Stalin y Jruschov. Ese sistema, como resultado del atraso y el aislamiento de la URSS, había visto desarrollarse una burocracia que usurpó el poder político de la clase obrera. Todos los cuerpos de una democracia obrera, los soviets, los consejos, etc., fueron reducidos a meras correas de transmisión de las decisiones del aparato estatal.

En Cuba en esos primeros años hubo un gran deseo de los trabajadores y las clases oprimidas de ser políticamente activos, con millones de personas uniéndose a las organizaciones de masas (particularmente a los Comités para la Defensa de la Revolución) y cientos de miles tomando las armas para derrotar el ataque imperialista de Bahía de Cochinos. Pero no había una estructura democrática a través de la cual pudieran participar en las principales decisiones y ejercer un control directo sobre la economía y el funcionamiento de la sociedad. Los trabajadores no tuvieron la oportunidad de elegir oficiales y administradores de sus propias filas, ni la habilidad de recordar a aquellos que fallaron en sus deberes.

Los revolucionarios cubanos, al no tener otro modelo como punto de referencia, aplicaron el sugerido por sus asesores soviéticos. En aquellos primeros años, el Che Guevara estaba genuinamente convencido de que éste era el camino correcto, y hay muchas pruebas que lo demuestran. Tomemos por ejemplo el “Reglamento de la Empresa consolidada” elaborado por el Che cuando era Ministro de Industria. Se puede leer que el gerente, nombrado por el Ministerio, tenía derecho a “conocer y administrar toda la planificación, la organización, las fases de ejecución y control, todas las funciones y tareas de la empresa consolidada, y a administrar sus medios y sus instalaciones y todo lo que ello implica, y a representarla en todas las circunstancias” (E. Guevara, op. cit., pág. 509).

La Unión Soviética, a pesar de todas las distorsiones que finalmente llevaron al colapso del sistema a finales de los años ochenta, pudo enorgullecerse en ese momento de grandes éxitos en el campo de la economía, la ciencia y la cultura. Esto fue a pesar del control burocrático, y gracias a la abolición del sistema de mercado y a la planificación de los recursos económicos. He aquí un relato de las primeras impresiones del Che sobre su visita a la URSS: “Incluso yo, al venir a la Unión Soviética, me sorprendí porque una de las cosas que más se nota es la enorme libertad que hay (…) la enorme libertad de pensamiento, la enorme libertad que cada uno tiene para desarrollar según sus propias capacidades y temperamento” (E. Guevara, Scritti, discorsi e di di di guerriglia, Einaudi, 1969, pág. 946). Estas palabras se pronunciaron en 1961, cinco años después de la represión militar de la revolución obrera húngara por parte de Moscú.

Y en la estrategia de desarrollo del socialismo, hablando de nuevo de la URSS, podemos ver las confusas ideas del revolucionario argentino: “Escuchen con atención: toda revolución, nos guste o no, la queramos o no, tiene que pasar por una etapa inevitable del estalinismo, porque tiene que defenderse del cerco capitalista” (KS Karol, La guerriglia al potere, Mondadori 1970, p. 53).

El estalinismo aquí se trata como una enfermedad de la infancia. En cambio, fue un proceso de contrarrevolución política llevado a cabo por una casta política: la burocracia de la que Stalin era el representante, y que no se agotó a su muerte. Suponía la eliminación física de toda la vieja guardia bolchevique que había dirigido la Revolución de Octubre. El hilo de la tradición revolucionaria se interrumpió en muchos países: por esta razón, las posiciones antiestalinistas en el movimiento comunista, incluidas las de Trotsky, eran débiles en países como Cuba, y a menudo se explicaban de manera caricaturesca. El Che probablemente se dio cuenta de todo esto en los últimos años de su vida.

El problema para Cuba en los primeros años era que la cooperación con la Unión Soviética no sólo era inevitable, sino necesaria, y dio lugar a la transposición del modelo soviético a la isla. Se creía (equivocadamente) que, bajo un modelo tan burocrático, Cuba podía desempeñar un papel inalterable y garantizado como proveedor de materias primas y alimentos (azúcar y níquel), sin preocuparse demasiado por el desarrollo armonioso de la economía. El proceso de burocratización de la revolución cubana, sin embargo, no estuvo exento de problemas. En la primera etapa hubo muchos enfrentamientos agudos entre los revolucionarios cubanos y los burócratas soviéticos (y sus seguidores en la isla, en el viejo partido comunista, PSP). Estos debates abarcaron desde la política económica hasta la política exterior, pasando por cuestiones de teoría marxista y cuestiones de arte y cultura.

El debate sobre la economía

El Che comenzó a desarrollar sus primeras dudas después de examinar los problemas que afectan a la gestión de la industria: el sector del que era ministro. En el debate sobre el “sistema de financiamiento presupuestario” en el que el Che fue acusado de introducir medidas capitalistas, explicó: “Hay muchas similitudes con el sistema de cálculo de los monopolios, pero nadie puede negar que los monopolios tienen uno muy eficiente” y criticó el sistema utilizado por la URSS como uno que producía desigualdades al proporcionar incentivos individuales (especialmente a los gerentes) como eje central.

El puntal principal de la acalorada discusión del Che con los estalinistas sobre la planificación económica era que él abogaba por un “sistema presupuestario”, en el que la autoridad económica central asignaría recursos a diferentes ramas de la economía. Sobre todo, se preocupaba por el desarrollo de la industria, que consideraba crucial, en la medida en que también fortalecería a la clase obrera.

Los estalinistas, por su parte, abogaron por dar más autonomía a las empresas, utilizando criterios de rentabilidad para incentivar la producción en cada empresa y utilizando criterios de mercado en las relaciones entre las diferentes empresas.

En esto el Che Guevara tenía razón, aunque quizás tenía una posición que tendía al voluntarismo.

En la discusión sobre los incentivos a los que estaba vinculado, Guevara criticó el uso exclusivo de los subsidios materiales y económicos, centrándose en los incentivos morales.

Uno de los mecanismos más importantes en la organización social del Che era la emulación social, considerada como “un arma para aumentar la producción y un instrumento para elevar la conciencia de las masas” (citado en el libro de Carlos Tablada Pérez, Economia, etica e politica nel pensiero di Ernesto Che Guevara, página 209, edición italiana).

Sin embargo, el debate sobre la economía en esos años en Cuba fue

imperfecto en un aspecto crucial. La cuestión clave que faltaba era que el único incentivo “moral” para la producción en una economía planificada radicaba en la democracia obrera, en el hecho de que los trabajadores no sólo son nominalmente “dueños de los medios de producción”, sino que sienten que tienen un poder real en la sociedad, que están al mando y que las decisiones que toman determinan el desarrollo de la sociedad y, por lo tanto, se benefician a sí mismos individual y colectivamente como clase. Siempre volvemos a la cuestión subrayada por Trotsky: “La economía planificada necesita democracia como el cuerpo humano necesita oxígeno.”

Guevara, por su parte, siempre dio más importancia al voluntariado: al desarrollo del “hombre nuevo”, como se puede ver en uno de sus escritos más famosos, Socialismo y Hombre en Cuba. Tratar de construir un “hombre nuevo”, libre de alienación y egoísmo, debe ser ciertamente una de las prioridades de un comunista cuando se trata del desarrollo de una sociedad socialista, pero este proceso debe tener bases materiales sólidas en la sociedad y debe basarse en el papel decisivo de la clase obrera en el nuevo sistema.

Sobre la relación entre los dirigentes y las masas en el estado socialista cubano, el Che ofrece una perspectiva interesante: “La iniciativa proviene generalmente de Fidel, o de la dirección revolucionaria, y se explica al pueblo, que la hace suya. En algunos casos, el partido y el gobierno toman una experiencia local y la generalizan, siguiendo el mismo procedimiento”. (E. Guevara, El socialismo y el hombre en Cuba)

Y otra vez: “En las grandes reuniones públicas de masas se puede observar algo así como el diálogo de dos diapasones cuyas vibraciones interactúan, produciendo nuevos sonidos. Fidel y la masa comienzan a vibrar juntos en un diálogo de creciente intensidad hasta llegar al clímax en una conclusión abrupta coronada por nuestro grito de lucha y victoria”.

Esta descripción es muy adecuada del ambiente que existía, particularmente en los primeros años de la revolución y la estrecha e intensa relación entre la dirección, que tenía una enorme autoridad moral y política, y las masas, que los apoyaban con entusiasmo. Sin embargo, esto no es suficiente. No había canales reales para que las masas participaran democráticamente en el funcionamiento del Estado y la economía. Los principios de un estado obrero como los describe Lenin en Estado y Revolución” (la elección y el derecho de destitución de todos los funcionarios, ningún funcionario para ganar un salario más alto que el de un trabajador calificado, ningún ejército permanente sino el pueblo en armas, la rotación de oficiales para que nadie pudiera convertirse en un burócrata, etc.) no existían en Cuba.

Más adelante, en el mismo texto, el Che aborda el problema de la participación de las masas en el proceso de toma de decisiones, cuando explica que “es necesario profundizar la participación consciente, individual y colectiva, en todas las estructuras de gestión y producción”. Busca “nuevas instituciones revolucionarias”: “Esta institucionalización de la revolución aún no se ha logrado. Estamos buscando algo nuevo que permita una identificación completa entre el gobierno y la comunidad en su totalidad”. Sin embargo, no puede indicar los medios para hacerlo. Esto indica cuán profunda fue la ruptura burocrática con las ideas del verdadero bolchevismo y la Revolución de Octubre, cuando incluso revolucionarios sinceros como el Che no elaboraron una alternativa al estalinismo.

Sobre este último punto, la posición extrema que el Che desarrolló sobre la cuestión de los sindicatos es sintomática: “De una cosa estoy seguro, es que los sindicatos son un freno que necesita ser destruido, pero no con el método de marchitarse: deben ser destruidos como el Estado debe ser destruido, de una sola vez”. (Esta y todas las demás citas de las obras inéditas del Che están tomadas de artículos de Antonio Moscato, publicados en el diario Liberazione entre septiembre y octubre de 2005).

La supuesta inutilidad de los sindicatos en la economía planificada no tiene en cuenta que ni siquiera el mejor sistema de democracia obrera será perfecto, porque reflejará los antagonismos de las diferentes clases que aún no han desaparecido. Puede suceder que los trabajadores tengan que organizarse para defenderse de los abusos de poder, incluso bajo un estado obrero. De ahí la necesidad de una estructura sindical en la era de la transición. Esta fue la posición que Lenin defendió en el debate sindical en la Unión Soviética en 1920. En ese debate Lenin se enfrentó a Trotsky, quien más tarde admitió que estaba equivocado.

¿Internacionalismo o chovinismo?
El principal conflicto entre Guevara (y, al menos en los primeros años de la revolución, Fidel también) y la Unión Soviética fue, sobre todo, por el internacionalismo. En la década de 1960, Cuba lanzó varios llamamientos a la revolución socialista en América Latina; por ejemplo, en el Mensaje al Tricontinental y en la Segunda Declaración de La Habana, ambos escritos por el Che Guevara. La necesidad de extender la revolución fue una de las principales ideas del Che, que difícilmente podía conciliarse con la “coexistencia pacífica”, defendida por Jruschov. Para Guevara, el socialismo en un país era simplemente imposible.

Las obras inéditas de Guevara revelan su posición muy firme: “El internacionalismo es reemplazado por el chauvinismo (de un poder débil o de un país pequeño), o por la sumisión a la URSS, manteniendo al mismo tiempo las discrepancias entre otras democracias populares (Comecon)”.

Los últimos años del Che se caracterizan por una creciente desconfianza en el papel de los países del “socialismo real” (es decir, del bloque estalinista), y sus obras inéditas dan un contexto aún más claro a su discurso en el Segundo Seminario Económico Afroamericano, que tuvo lugar en Argel en febrero de 1965:

“¿Cómo puede ser’mutuamente beneficioso’ vender a los precios del mercado mundial las materias primas que cuestan a los países subdesarrollados sudor y sufrimiento inconmensurables, y comprar a los precios del mercado mundial la maquinaria producida en las grandes fábricas automatizadas de hoy? Si establecemos ese tipo de relación entre los dos grupos de naciones, debemos estar de acuerdo en que los países socialistas son, en cierto modo, cómplices de la explotación imperialista. Se puede argumentar que la cantidad de intercambios con los países subdesarrollados es una parte insignificante del comercio exterior de los países socialistas. Eso es muy cierto, pero no elimina el carácter inmoral de ese intercambio. Los países socialistas tienen el deber moral de poner fin a su complicidad tácita con los países explotadores de Occidente”. (En la Conferencia Afroasiática en Argelia).

 

Junto a estos argumentos encontramos una dura crítica a la burocracia, descrita como “un freno a la acción revolucionaria”, pero también como “un ácido corrosivo que distorsiona (…) la economía, la educación, la cultura y los servicios públicos” hasta el punto de que “nos perjudica más que al propio imperialismo”.

Che Guevara y el trotskismo
La búsqueda de un camino diferente hacia el socialismo fue sin duda una de las principales preocupaciones del Che durante su último período. Su trágica muerte interrumpió esta búsqueda, por lo que hoy en día es difícil determinar lo que habría sido. Pero podemos estar seguros de que Guevara había roto con el estalinismo.

Para Guevara “el internacionalismo proletario es un deber, pero también una necesidad revolucionaria”, chocando así con el nacionalismo de los partidos comunistas oficiales y con la visión estrictamente “cubana” de tantos revolucionarios de la isla. Hasta el final de su vida, el objetivo de la actividad política del Che fue extender la revolución por toda América Latina. No tenía confianza en la supuesta naturaleza progresista de las diversas burguesías nacionales, defendidas por Moscú y Pekín:

“Por otro lado, las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oponerse al imperialismo -si es que alguna vez la tuvieron- y se han convertido en la última carta de la baraja. No hay otras alternativas, ni una revolución socialista ni una revolución ficticia”. (Mensaje al Tricontinental)

Como hemos visto, el Che entró en conflicto con la burocracia soviética en este y otros asuntos. Pero afirmar que se había convertido en “trotskista”, como afirman algunos historiadores “alternativos”, no corresponde a la realidad. Sostener esta falsedad perjudicaría la figura de Ernesto Guevara, quien consideraba la honestidad y el rigor intelectual como principios fundamentales. Guevara fue un revolucionario que pensó profundamente en sus experiencias políticas y en las perspectivas para la revolución. En el último período de su vida, leyó a Trotsky, como lo atestiguan sus cuadernos, centrándose en libros como La Revolución Permanente y la Historia de la Revolución Rusa, de los que copió páginas enteras.

Pero la reflexión del Che sobre estos textos quedó incompleta. La elección de utilizar la guerra de guerrillas primero en el Congo y luego en Bolivia lo confirma, con el respaldo de algunos extractos de sus obras inéditas. Cuando Guevara se preguntó si el proletariado sigue siendo el motor del proceso revolucionario, su respuesta es categórica:

“Los ejemplos de China, Vietnam y Cuba demuestran la insuficiencia de esta tesis. En los dos primeros casos la participación del proletariado fue nula o pobre, en Cuba la lucha no fue dirigida por el partido de la clase obrera, sino por un movimiento multiclasista radicalizado tras la toma del poder político.

 

De hecho, en Cuba, la huelga general, que paralizó al país durante una semana, fue un factor decisivo en la toma del poder. La clase obrera había entrado en la etapa de la revolución con fuerza, pero sin ningún organismo representativo, comparable a los soviéticos en 1917. En cambio, puso su confianza en la guerrilla campesina. Esto facilitó enormemente el surgimiento de una burocracia que fue colocada a la cabeza del aparato estatal. En China y Vietnam, la lucha de la guerrilla llevó a la victoria sobre el imperialismo y el colapso del capitalismo, pero los regímenes que surgieron fueron desde el principio deformaron los estados obreros a imagen y semejanza de la URSS.

Una de las lecciones de la Revolución Rusa de 1917 fue que incluso en un país atrasado el proletariado desempeña un papel decisivo, por pequeño que sea desde el punto de vista numérico.

El marxismo no subestima la importancia del movimiento campesino. Sin el apoyo de la masa de campesinos pobres, millones de los cuales estaban en la vanguardia, la Revolución de Octubre nunca hubiera sido posible. Pero fue la clase obrera industrial -a pesar de que representaba una minoría de la sociedad rusa (poco más del 10%)- la que dirigió el movimiento revolucionario. Es en la industria, en todos los países donde se han establecido relaciones de producción capitalistas, donde se produce el choque decisivo. El papel dirigente en la lucha por el socialismo se le da a la clase obrera no por la ley divina, sino por el papel que desempeña en la producción.

Nos parece bastante comprensible que el Che Guevara, educado políticamente en los años 50 y 60, no considerara al proletariado de los países occidentales como decisivo, dada la larga pausa en el movimiento obrero en esos países, facilitada por el auge económico de la posguerra. Pero fue un error elevar un período de calma en las luchas de los trabajadores a una teoría general. Desafortunadamente, Mayo del 68 en Francia y el Caluroso Otoño en Italia llegaron demasiado tarde para permitir al Che corregir su análisis. En un intento de crear “dos, tres, muchos Vietnams”, Guevara generalizó los métodos utilizados en la Revolución Cubana. En su opinión, la lucha tenía que desarrollarse fuera de la ciudad, no había necesidad de construir un partido como vanguardia de la clase obrera. Estas teorías, que luego fueron adoptadas por otros en muchos países de América Latina, incluso cuando la experiencia del Che en Bolivia ya había demostrado que estaban equivocadas, llevaron a las organizaciones revolucionarias a tomar cuadros de fábricas y ciudades y llevarlos al campo, ¡incluso a países altamente industrializados como Uruguay o Argentina!

La teoría del Foco se puede resumir en las siguientes palabras del Che Guevara: “No siempre es necesario esperar todas las condiciones necesarias para una revolución, el foco insurreccional puede crearlas” (E. Guevara, ibidem, pág. 284). La historia del movimiento obrero muestra lo contrario: los revolucionarios intervienen en las revoluciones, no las crean. Y las experiencias del Congo y Bolivia confirman esta hipótesis. A pesar de todos los esfuerzos del Che, y también gracias al carácter corrupto de la dirección de la guerrilla nacionalista congoleña, el último período en el Congo se convertiría en “el año en que no estuvimos en ninguna parte”, según algunos de los camaradas del Che.

Los grupos de estudiantes congoleños, formados en China y Bulgaria, como cuenta Guevara, “no tenían intención de arriesgar sus vidas en combate”. A su llegada, pidieron 15 días de permiso y protestaron “porque no tenían un lugar para dejar el equipaje y no había armas preparadas para ellos”. Una situación realmente cómica, si no hubiera sido tan triste ver la actitud de aquellos en los que la revolución había depositado sus esperanzas “(El año en que no estábamos en ninguna parte, por P.I Taibo II, F. Escobar, F. Guerra, 1994, pp. 233-234).

En Bolivia, el papel de boicot consciente desempeñado por la dirección del Partido Comunista Boliviano fue sorprendente. Incluso Fidel Castro, en uno de sus prólogos a los Diarios de Bolivia, excortó al liderazgo del PCB por “traición”. Pero este factor por sí solo no puede explicar el fracaso de la expedición cubana en Bolivia.

Guevara fue a crear un movimiento guerrillero en los alrededores de Ñancahuazu, una zona despoblada, no apta para la guerra de guerrillas, sin prácticamente ningún apoyo en los pueblos y ciudades. Aquí vemos todas las limitaciones de la teoría Foco. Incluso si admitimos que la intención del Che era crear una “escuela político-militar para la guerrilla boliviana”, la esencia de la cuestión no cambia en absoluto. Formar una vanguardia consciente, dispuesta a hacer sacrificios, es una de las primeras tareas de un revolucionario. Pero igualmente importante es que esta vanguardia no se separe de las masas, y sobre todo que opere entre las masas que son el factor decisivo para el cambio revolucionario.

En Bolivia había un fuerte movimiento obrero, cuya vanguardia eran los mineros de hojalata. Pocos años después de la muerte de Guevara, un movimiento de masas arrasó con la dictadura en 1970 y abrió la breve experiencia de la Comuna de La Paz en 1971. ¿Dónde estaban los mejores recursos, por lo tanto, para una lucha revolucionaria realmente efectiva?

Guevara pagó por sus errores con su vida. Discutir hoy su legado político y teórico es una tarea indispensable. Guevara fue un revolucionario sincero, y el estudio de sus pensamientos cobra sentido para la situación actual, sobre todo en relación con el pasado, presente y futuro de la Revolución cubana y latinoamericana.

Consideramos que una de las conclusiones del Che es hoy más relevante que nunca: la necesidad de extender la lucha por la revolución socialista por todo el continente latinoamericano, el internacionalismo no como una palabra abstracta, sino como una idea central del movimiento revolucionario. Creemos que no es un accidente que el Che y la Revolución Cubana en sus primeros años estuvieran en feroz conflicto con los partidos comunistas bajo la influencia de Moscú en este tema en particular. En el internacionalismo reside la única salvación para la revolución cubana. La lucha internacional es más relevante que nunca. Cuando vemos las movilizaciones y revoluciones de masas que tienen lugar desde Venezuela hasta Bolivia, desde Ecuador hasta Argentina, nos comprometemos a proporcionar apoyo político y material a las fuerzas del marxismo en esos países.

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

3.00 - 2 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

DavidFedz

Deja un comentario

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información