Literatura

Nuestra vieja deuda con el «sadismo»



Nuestra vieja deuda con el «sadismo» - Literatura

La vasta producción literaria del Marqués de Sade (1740 – 1814) y su obsesiva temática por el dolor infligido a los seres deseados fundaron una noción que desde la década de 1830 fue reconocida por la Real Academia de la Lengua Española como sadismo, el cual formaría parte de las parafilias más comunes reconocidas hoy día. Y es que la obra de Sade se caracterizó por una narrativa desprejuiciada y subversiva, en la que los valores se contradisponen, quedando el vicio por encima de la virtud. Desde retorcidas maniobras cuidadosamente ejecutadas para rendir cualquier carácter virtuoso ante los vicios más deplorables hasta lecciones para desvirgar correctamente un ano; todas las perversiones imaginadas en ese racional siglo XVIII fueron recogidas, descritas y narradas con la elegancia de un aristócrata dignamente educado en los palacios. Pero esta obra significa mucho más que una suma a la ya existente literatura erótica o un antecedente de la pornografía moderna; su valor estriba en la decisiva influencia que ejerció en los acontecimientos sociales y políticos de 1789.

La toma de la Bastilla, acaecida el 14 de julio de 1789, desencadenó una serie de acontecimientos que resultaron en el desplazamiento del poder de la clase aristocrática y el posterior advenimiento de la burguesía, con lo que se inauguraba una nueva forma de vida que caracterizará estos dos últimos siglos de nuestra era. Esa transición es explicada recurrentemente por historiadores, politólogos y sociólogos a partir de la influencia de la Ilustración y particularmente, de los filósofos del Iluminismo, con énfasis en la corriente francesa. No niego la importancia de las ideas de Voltaire, Montesquieu, Rousseau como antecedentes de los hechos de La Bastilla, pero sus ideas de igualdad, fraternidad, derechos civiles no fueron suficientes sin una clara deslegitimación de la clase dominante (la Aristocracia) y del sistema que le enmarca y le da sustento (la Monarquía) ¿En qué consistió esta deslegitimación? Lo respondo en el siguiente párrafo.

Es mi tesis que así como los escritos de los Iluministas franceses circularon por distintos espacios públicos pregonando ideas revolucionarias, en otros espacios, los de las clases sociales más desposeídas, circularon fragmentos de los escritos del Marqués de Sade, cuya temática erótico-dolorosa y blasfemadora se circunscriben fundamentalmente en los Palacios y entre los pudientes miembros de la realeza. Es una constante en la obra sadeciana la corrupción de la clase monárquica (ricos, pudientes) que corroe la virtud de los desposeídos monetariamente. En ese marco socioficcional es fácil comprender hacia donde se dirigen las acusaciones y las culpas:

El feudalismo fue el sistema político-económico del que se valió la clase monárquica para superar definitivamente el viejo orden romano. Esa transición social no hubiese sido posible sin la sustitución del sistema de creencias sobre el cual cada mundo cultural se fundó: Cristo tuvo que desplazar a Júpiter. En este sentido, la Monarquía legitimó su poder en la nueva fe, proyectando por muchos siglos su supremacía sobre las demás clases sociales. Esa fundamentación de lo político sobre bases religiosas hace pensar sobre lo insuficiente de las ideas del Iluminismo para provocar una ruptura definitiva con el orden establecido. Era necesario «la deslegitimación moral» de Monarcas y demás miembros de la Corte Real. ¿En dónde encontramos esa deslegitimación? En la obra de Sade.

El Marqués de Sade desnuda los verdaderos rostros espirituales de una Monarquía corrompida, prostituida e inmoral. Solo así la plebe, aupada por las ideas iluministas y por la cruda realidad sexual de quienes le gobiernan, tuvo el coraje de ir por el Rey hasta su misma morada.

Lamentablemente el nuevo orden sociopolítico no comprendió la importancia de este escritor y de su obra para generar los cambios que tanto benefició a la Burguesía. Sade fue un personaje excluido por las dos clases dominantes de uno y otro período histórico: la Monarquía y la Burguesía. Sus momentos de silencio estuvieron marcados por las temporadas en los sanatorios psiquiátricos y la prisión. Esperanzado por una revolución, no fue reivindicado cuando esta finalmente llegó. La nueva mentalidad social siguió castigando severamente las franquezas de Sade. Esto me lleva a afirmar que nuestra deuda con el sadismo, nuestra incapacidad para reconocerle su valor en los cambios hacia la era moderna, revela el mojigatismo con que aún hoy persistimos en la relación con la sexualidad… en eso, concluyentemente, no hemos cambiado aún hoy, seguimos siendo medievales…

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

0.00 - 0 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

J. D. Medina Fuenmayor

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información