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Nuestras Vacaciones En El Eifel

Nuestras Vacaciones En El Eifel - Sociedad

En esta época del año, todos añoramos una pausa para el merecido descanso, normalmente buscamos relajarnos en alguna soleada playa y disfrutar de las bondades al aire libre, pero por razones del destino, hace ya varios años, nuestras vacaciones son a la inversa, ya que cada verano de aquí viajamos hacia el invierno europeo para acompañar a mi suegra.

Por lo que imaginaran que cada año mi cuerpo ha ido  acumulando blancura, a excepción de mis brazos y cara que aprovechan los rayos de sol durante algunos días de Enero, pero la verdad es que igual Alemania tiene su encanto en invierno y ya no me importa lucir ese dorado espectacular.

Además he descubierto que como estoy mayor tiempo en invierno, menos arrugas me aparecen, ya que me conservo mejor en frio…:)

El contraste entre el frío extremo exterior, con la calidez  interior de las casas es casi como esos baños que se acostumbran en FinlandIa.

Y no puedo ya aguantar las ganas de esas exquisitas tardes, en la mesa de la cocina, con la taza de café aromático acompañada de Mohnkuchen, un riquísimo kuchen de amapolas con el que mi suegra nos regalonea.

Claro que también debo comentar la rigidez de horarios, a las ocho de la mañana, el desayuno, a las doce el almuerzo, a las cuatro el café con kuchen y a las siete la cena. Todo a su hora, pero como todo es tan sabroso, es fácil acostumbrarse.

Sí debo decir que es lo mejor de europa, diría que los mercadillos, o mercados de pulgas, en alemán Flohmarkt, los encuentras por todo europa y son mi debilidad.

A mi no intenten meterme en un centro comercial, porque no lo lograrán, pero los mercadillos son lo máximo, porque encuentras miles de cosas, en especial antiguedades, a precios rayando en la ridiculez. Además cada cosa allí es única con historias inimaginables.

Al caminar por bosques en donde antes caminaron ejércitos romanos, deja volar mi imaginación, así cada rincón tiene grandes historias que contar, no solo las catedrales y museos.

O más loco aún, caminar entre Erkrath y Mettmann, cerca de Dusseldorf, sabiendo que miles de años antes por allí paseaban los Neanderthal.

El hecho de recorrer aquellos angostos caminos,  llenos de curvas, hasta llegar a destino entre las montañas de Eifel, en donde se cruzan manadas de ciervos, zorros y uno que otro jabalí, sumado a la emoción de re encontrarnos con la Oma y los amigos, es una sensación demasiado especial.

Hay tanto que ver, oler, tocar y saborear, que siempre el tiempo se hace corto.

 

 

 

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ulma

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