Literatura

Objetividades Representadas En El Cuento “Las Dos Elenas” De Carlos Fuentes

Objetividades Representadas En El Cuento “Las Dos Elenas” De Carlos Fuentes - Literatura

Objetividades representadas en el cuento “Las dos Elenas”
 

Resumen

En el presente artículo se hará un comentario acerca del cuento “Las dos Elenas”, que forma parte de la colección de relatos de Carlos Fuentes titulada Cantar de Ciegos publicada en 1964.

Palabras clave: Estratos, Complementariedad.

 

 

  1. La cuentista Edelweis Serra dice que la estructura del cuento “resulta de la integración de tres estratos fundamentales correlacionados entre sí, sin prioridad valorativa del uno sobre el otro, antes bien en íntima interdependencia y mutua sustentación” (Serra, 1978)

Mempo Giardinelli complementa lo ya mencionado por la cuentista: “esos tres estratos son: el de las objetividades representadas; el de los significados; y el de la palabra” (Giardinelli, 2012, p. 64).

  1. a) Objetividades representadas (lo que se narra en el cuento): La historia nos muestra a dos mujeres, madre e hija, que tienen por nombre Elena. La primera aparece como una madre preocupada por su hija, que le pide a Víctor –protagonista y narrador del cuento- “sacarle esas ideas de la cabeza a su mujer” para que no las exponga en las cenas de los domingos frente a su padre, pues éste posee ideas diferentes a las de ella. La joven Elena piensa que una mujer necesita de dos hombres para complementarse, lo que la convierte en una mujer liberal, todo lo contrario a su madre, y Víctor es la clase de esposo que le da gusto en todo a su esposa y nunca se opone a sus ideas.
  2. b) El significado de lo narrado: todo lo planteado en el punto anterior se convierte en el significado de la historia, es decir: afirmamos que doña Elena es una mujer conservadora; que su esposo, don José, es un hombre racista; su hija, Elena, es una joven muy vivaz; y Víctor es el esposo que le cumple todos los caprichos a su mujer.
  3. c) La palabra: Las objetividades representadas y el significado de lo narrado cambian completamente la palabra:

Elena joven, que aparecía como todo un personaje despreocupado, solo se ha dejado influir por una película francesa que ha visto en un cine club y de la que toma la idea de tener a dos hombres para poder complementarse:
—Ya sé que no terminas de liberarte, mi amor. Pero ten fe. Cuando acabes de darme todo lo que yo te pida, tú mismo rogarás que otro hombre comparta nuestras vidas. Tú mismo pedirás ser Jules. Tú mismo pedirás que Jim viva con nosotros y soporte el peso. ¿No lo dijo el Güerito? Amémonos los unos a los otros, cómo no. (Fuentes, 1964, p.3).
Pero, la idea de la complementariedad de Elena sólo es un “choque superficial” del que se esconde lo sorpresivo del cuento: la relación de Víctor con su suegra que quedaría revelada al final de la historia:
Paso al lado de una fundidora de vidrio, de una iglesia barroca, de una montaña rusa, de un bosque de ahuehuetes. ¿Dónde he escuchado esa palabrita? Complementar. Giro alrededor de la Fuente de Petróleos y subo por el Paseo de la Reforma. Todos los automóviles descienden al centro de la ciudad, que reverbera al fondo detrás de un velo impalpable y sofocante. Yo asciendo a las Lomas de Chapultepec, donde a estas horas sólo quedan los criados y las señoras, donde los maridos se han ido al trabajo y los niños a la escuela y seguramente mi otra Elena, mi complemento, debe esperar en su cama tibia con los ojos negros y ojerosos muy azorados y la carne blanca y madura y honda y perfumada como la ropa en los bargueños tropicales. (Fuentes, 1964, p.10).
Por otra parte, el personaje de doña Elena tampoco es el de las objetividades representadas, por lo tanto su significado y palabra cambian, no es la mujer silenciosa y recatada, ni tampoco la madre angustiada por su hija que aparecía al inicio del cuento sino todo lo contrario: es ella la que mantiene una relación con dos hombres:
—No sé de dónde le salen esas ideas a Elena. Ella no fue educada de ese modo. Y usted tampoco, Víctor. Pero el hecho es que el matrimonio la ha cambiado. Sí, no cabe duda. Creí que le iba a dar un ataque a mi marido. Esas ideas no se pueden defender, y menos a la hora de la cena. Mi hija sabe muy bien que su padre necesita comer en paz. Si no, en seguida le sube la presión. Se lo ha dicho el médico. Y después de todo, este médico sabe lo que dice. Por algo cobra a 200 pesos la consulta. Yo le ruego que hable con Elena. A mí no me hace caso. Dígale que le soportamos todo. Que no nos importa que desatienda su hogar por aprender francés. Que no nos importa que vaya a ver esas películas rarísimas a unos antros llenos de melenudos. Que no nos importan esas medias rojas de payaso. Pero que a la hora de la cena le diga a su padre que una mujer puede vivir con dos hombres para complementarse… Víctor, por su propio bien usted debe sacarle esas ideas de la cabeza a su mujer. (Fuentes, 1964, p.1).
El término “complementar” tiene un valor significativo en el cuento para el personaje de Víctor, del que también cambian las objetividades representadas y el significado, pues no es el esposo fiel que encontramos a lo largo de la obra:
Y, quizá, guardar durante media hora la imagen de Elena al despedirme, su naturalidad, su piel dorada, sus ojos verdes, sus infinitos proyectos, y pensar que soy muy feliz a su lado, que nadie puede ser más feliz al lado de una mujer tan vivaz, tan moderna, que… que me… que me complementa tanto. (Fuentes, 1964, p.9).
En el cuento no encontramos a la joven Elena en busca de una aventura con otro hombre aparte de su pareja, sino que se tiene a un Víctor que busca su complemento en la otra Elena, su suegra. En este punto, Víctor, el narrador, nos presenta a dos mujeres muy distintas, la joven Elena, confiada, tranquila, extrovertida, despreocupada, que se deja influir por películas francesas que ve en el cineclub. Y por otro, doña Elena, la mujer madura, respetable y tradicionalista. Ambas tienen características que la otra no posee, y éstas terminan convirtiéndose en un complemento para Víctor.

En consideración los tres estratos de Mempo Giardinelli, el lector forma sus propias objetividades y significados a partir de los datos recopilados a lo largo del cuento, la mujer joven moderna y relajada, el esposo que está a sus órdenes y la madre intranquila por los pensamientos de su hija. Pero el significado cambia totalmente una vez que el lector llega al final del cuento y se entera  que todos los datos recopilados son falsos:
Aquél, el del peinado a lo Ringo Starr, le preguntó precisa y reveladoramente por qué seguía siéndome fiel y Elena le contestó que la infidelidad era hoy una regla, igual que la comunión todos los viernes antes, y lo dejó de mirar. (Fuentes, 1964, p.4).
La joven Elena es de quien se esperaría un acto de infidelidad, por las objetividades que ésta presenta en la historia. Por el contrario, la imagen que se tenía de doña Elena desaparece en el momento en que Víctor sugiere que ambos mantienen una relación. Doña Elena no es la mujer que se encuentra en las objetividades planteadas en un inicio, sino todo lo contrario, termina traicionando a su hija y a su esposo. Víctor, por otra parte, también rompe con las objetividades presentadas con anterioridad, no es el esposo ni el hombre que se entrega totalmente con su esposa, ha tenido que buscar su otra parte en su suegra.

Por último se ha podido observar que las objetividades representadas, el significado y la palabra planteadas por Mempo Giardinelli pudieron aplicarse en la estructura del  cuento “Las dos Elenas”, ya que la historia permitió acercarse desde los estratos antes mencionados.

 

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  • Fuentes, C. (1964). Las dos Elenas.

 

Referencias

  • Gomís, A. (2012). A la vera de sus lecturas. Revista de la Universidad de México.
  • Monges, G. (1999). Signos Literarios y Lingüísticos 1.2: Perfiles de mujer en cantar de ciegos de Carlos Fuentes. Universidad Iberoamericana.
  • Giardinelli, M. (2012). Así se escribe un cuento. Historia, preceptiva y las ideas de veinte grandes cuentistas.
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Acerca del autor

Alex Ramos

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