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Oculta

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Oculta - Literatura

No entendía nada, todo era muy confuso, ilógico e irracional.

Él termino nuestra relación de la manera más ruin y baja posible, sin darme la cara, dejando todas mis cosas en una enorme caja de cartón en la casa de mi madre, con mi nombre escrito en marcador negro en la parte superior, como si de una mudanza se tratara.

,Como si los nueve años de noviazgo fueran igual a nueve minutos, o peor a nueve segundos, que pasan tan rápido que no te das cuenta para tristemente al final no significar nada.

No me dio ni una explicación, ni siquiera una llamada, mucho memos un mensaje de texto, solo estaba esa fea caja de cartón beige, en la que nada faltaba, todo estaba ahí: las fotos de los nueve años que estuvimos juntos, las rosas rojas que me regalo durante los tres primeros años de nuestra relación, cada una en su caja de cristal, mi ropa doblada al mínimo detalle cómo me gustaba tenerla en el closet, la cámara de fotos Canon que me regalo mi padre, en fin… todo, todo estaba dentro de esa caja, no me faltaba absolutamente nada… Como si mi corazón cupiera en un cuadrado de cartón.

Siempre presumíamos de tener una relación envidiable, teníamos peleas como todas las parejas, pero nada que no pudiera resolver, a los pocos minutos ya nos olvidábamos. Ahora, no sabía la razón que lo impulsaba a actuar de esta forma, quizás le pasaba algo grave, a lo mejor estaba preocupado por algo, tal vez tenía un problema y no se atrevía hablar, la verdad no lo sé… Definitivamente esta situación carecía de sentido común, el no es de ese tipo de hombres que se esconden detrás de sus acciones, el pertenecía al grupo de aquellos en extinción, atento, sumamente cariñoso, siempre pendiente de mi, de mis cosas y nunca dejaba de sorprenderme de las mil y una formas posibles, y que pasa ahora…

Para comprender todo aquello necesita tener una explicación convincente y si él no era capaz de dármela, yo tendría que buscarla por mi cuenta, no me quedaría sólo con lo que me pudiera decir esa desagradable caja.

En este punto fue cuando decidí comenzar a investigar por mi cuenta, por lo más fácil, sabía que él es muy confiado para todo y lo más seguro es que no habría cambiado la cerradura del apartamento, nunca tomaba en cuenta los pequeños detalles, siempre se enfocaba en los grandes, definitivamente siempre era así, y pensar que le discutía mucho eso y nunca me escucho.

Pero mejor para mi, esto me sirvió para meterme en el apartamento sin que el supiera; contaba con su mala costumbre de dejar la puerta de la casa abierta como en los pequeños pueblos, lo cual me simplifico mucho más las cosas.

No tuve ningún problema para entrar al edificio, todo me salía a pedir de boca, ¿qué más podía pedir?… mi suerte era única, nadie me vio, podía seguir a mis anchas.

“—Qué maravilla, Me dije a mi misma, debería trabajar de detective privado siguiendo personas”

Apenas entre al apartamento me refugié en un pequeño cuarto de servicio que teníamos justo al lado de la lavadora y secadora, donde estaba puesta la tabla de planchar y demás cosas que teníamos que recoger pero nunca hacíamos, ahí había con una pequeña cama de unos noventa centímetros de ancho, en ella pude recostarme sin problema ya que él no entraría, él odiaba ese cuarto y siempre lo tenía cerrado, era la única puerta que cerrada en su vida.

Espere pacientemente hasta la mañana siguiente, se levanto como de costumbre a eso de las nueve de la mañana, despeinado, con los ojos cerrados y con un aliento a dragón en extinción que se podía oler a kilómetros, se fue directo al baño aún con los ojos cerrados por lo que no me vio, me podía poner sin problema delante de él, no sé como nunca se llevada ni las puertas ni nada por delante, era como si en su cerebro tuviera un plano de la casa, enseguida se ducho por alrededor de media hora, era una ceremonia para él, el vapor del agua caliente salía por la puerta y empañaba todo lo que encontraba a su paso.

Pensé por un momento dejarle un mensaje, estaba tentada, era mi oportunidad de oro para fastidiarlo y soltarle un poco de lo herida que me sentía, pero decidí mejor no hacerlo simplemente me delataría, ahora no podía arriesgarme todo me estaba saliendo muy bien, además eso lo molestaría muchísimo, sería peor.

Solo jugaba un poco dejándole sus zapatos en lugares distintos y las medias en las gavetas de los interiores, y los interiores con los Zapatos, él en eso no se fijaba, era despistado.

Al terminar de ducharse, salió empapado mojando todo y sin secarse se limito a sacudirse como un perro y después de pasar casi una hora buscando su ropa fue cuando pude reírme un rato, a lo lejos lo escuche diciendo a gritos;

“— donde están las medias y los interiores”

Al final encontró todo y se vistió, ahí fue cuando decidí que lo mejor sería escabullirme antes de que me viera, me fui al cuartito, ya me estaba exponiendo mucho con lo poquito que le hice y no podía exagerar tampoco, espere unos quince minutos y baje al estacionamiento del edificio para esconderme en su camioneta.

Lo espere por más de una hora y al ver que no bajaba, volví al apartamento, vi que una de mis sospechas era realidad, lo halle conversando con una chica por facebook, pude notar que ella era muy linda, pude ver su rostro desde donde estaba oculta, es una morena de ojos claros.

Ay fue cuando pensé;

“—… que vaina es esto…Otra mujer…. ¿De cuándo acá le gustan las morenas?, ¿no entiendo?… él nunca tuvo una novia morena, no mira ni siquiera a las morenas y más de una vez lo regañe por sus comentarios fuera de lugar, y ahora que… ¿será que por ella me cambio de esta forma?”

Así continúe oculta detrás de la puerta del cuarto por dos horas más observándolo todo, escuchando con suma atención lo poco que decía en voz alta, hasta se levanto de la silla, agarró las llaves de la mesa del comedor salió del apartamento.

Espere cinco minutos para que tuviera ventaja, salí corriendo a toda velocidad por las escaleras del edificio detrás de él, así llegar primero y meterme en la parte trasera de la camioneta, la cual tampoco cerraba con seguro, acostada podía ver lo que hacía, podía escuchar lo que hablaba por el móvil y podía saber a dónde iría.

De la casa nos fuimos directo al trabajo, como siempre se estaciono en el sótano tres del lado izquierdo de los ascensores, en el tercer puesto, bien lejos del jefe, siempre me decía que así se podía escapar y que no podían irle con el chisme.

Ahora el plan sería, ¿cómo subiría a su oficina sin que me vieran?, ¡claro!…pensé, ¡por las escaleras de emergencia!

Subí corriendo a toda velocidad hasta que me tropecé de frente en el tercer piso con unos chicos que estaban fumando cigarrillos sentados en las escaleras, pero seguí corriendo, les pedí disculpas y ninguno de ellos me respondió, continúe así hasta que llegue al piso ocho, cansada y con la lengua afuera, pero llegue. Ahora me tocaba esperar a que el Sr Andrés, que es el vigilante del piso se fuera al baño o algún otro lado para poder pasar, siempre está sentado en su escritorio. Afortunadamente mi dulce espera termino a los pocos minutos, ya que se fue detrás de unas de las muchachas de limpieza, y así pude meterme a su oficina sin problemas.

Su oficina estaba entrando a mano derecha, la tercera puerta del pasillo y él se encontraba reunido en ese momento con su jefe, esto sería ideal para mí, me escondí debajo del escritorio de su secretaria, el cual estaba justo frente a él, no podía verme, ya que esta mesa tenía una madera frontal hasta el suelo, ahí me quede por mucho tiempo, ya tenía las piernas entumecidas, acalambradas y ya no sentía los pies por la posición agachada encogida debajo de ese escritorio tan pequeño. No escuche nada interesante, unas llamadas de trabajo, unos proyectos a la espera, supervisiones pendientes, entre otras cosas

“¿Qué hago yo aquí?”, Me pregunte a mí misma en ese momento

, Es increíble… estoy metida enrollada debajo de un escritorio, escondida como si fuera un ladrona solo para espiarlo, que es lo que me pasa Dios…si termino conmigo a través de una caja.

¡Es que no tengo dignidad!,

y ¿cuándo fue que llegue al nivel donde me encuentro ahora?… mentándole guardia, esto es lamentable.

¿a dónde me lleva todo esto?,

¿por qué estar detrás de una persona de esta manera tan deprimente?

Aun así continúe agachada, me recordé que un viernes en la tarde me llevó a su oficina, me quería dar una sorpresa, este señor Andrés nos puso los mil y un problemas para dejarme entrar, hasta que le dio mil bolívares en efectivo y nos dejo solos, él saco una botella de champaña Dom Perignon de su gaveta y estuvimos haciendo el amor por horas encima de su escritorio, hasta que a golpe de las once de la noche nos tocaron la puerta, nos vestimos y nos fuimos.

Ese fue un instante en el tiempo que me encantaría repetir, pero creo que ya se quedara en los recuerdos, mejor será que vuelva a la realidad y deje de soñar, necesito enfocarme en mi prioridad que ahora es buscar la respuesta que necesito saber.

Hasta que a golpe de seis y media de la tarde se levanto se su silla, agarro el celular que lo tenía cargándose en la mesita del frente, bueno… eso creía él yo se lo desenchufe, las llaves las escondí, y paso media hora buscándolas hasta que las encontró y salió de la oficina.

Corrí con todas mis fuerzas detrás de él para no perderle, afortunadamente sabia que el Sr. Andres ya no estaría en su escritorio, su hora de salida es las cinco y treinta de la tarde, me imagino que como siempre se habrá ido a las cuatro; baje por las escaleras de emergencia sin sentir aun mis entumecidas piernas, y me metí nuevamente en la camioneta, como siempre dejando las cosas abiertas …

“Suerte la mía, zorro viejo nunca cambia”, pensé.

Ya una vez en la camioneta pude medianamente estirar mis acalambradas piernas, no podía hacer mas nada”.

De la oficina nos fuimos directo a la casa, espere a que él se bajara primero de la camioneta y salí nuevamente corriendo por las escaleras, entre al apartamento y escondida lo espere.

Así estuvimos varios días, de la casa a la oficina de la oficina a la casa sin hacer nada distinto, ya me estaba fastidiando de esta persecución, cuestionaba si todo esto tendría algún sentido, si valdría la penas seguir, pero ya no podía echarme para atrás, hasta que en in instante a golpe de seis de la tarde se sentó en la computadora, tenia días que no lo hacía, estuvo alrededor de unos veinte minutos hablando con esa chica, la morena de ojos claros, no logre ver qué se escribían, ni lo que se decían, si me acercaba mas se daría cuenta de que yo estaba en el apartamento, tenía que ser más precavida. Lo único que logre leer de todo lo que se escribieron fue: “ te busco en una hora”, se baño con su calma habitual y salió.

Esta vez fuimos a comprar unas cosas antes de buscarla, primero al supermercado, donde hacíamos juntos las compras para la casa. Raquel que era la cajera que conocíamos no estaba, cuando el pregunto por ella le dijeron que la habían trasladado a una nueva sucursal más cerca de su casa a lo que respondió:

“—qué bueno, me alegra por ella… así no tendrá que levantarse tan temprano para poder llegar, por favor Gustavo dale saludos de mi parte.”

Gustavo me vio de reojo pero no me delato, se volteo rápidamente como si no me viera, y se fue.

Nos montamos en la camioneta y nos fuimos hasta la Castellana, nos detuvimos en un edificio muy bonito, totalmente nuevo, nos bajamos y el toco el intercomunicador, a los pocos minutos bajo la misma chica del Facebook es muy bella, de piel morena, ojos verdes y muy alta, le abrió la puerta de la camioneta, como me lo hacía a mi siempre, y nos fuimos los tres al restauran japonés que frecuentábamos, pude entrar sin que me vieran en el en el lugar, me senté en unas de las mesas del rincón donde podía estar segura que no me veían pero yo a ellos sí.

Pude notar que ella pidió una cerveza y el igual, ella un sashimi de atún y el… para variar, su roll temporizado, y esas vainitas japonesas que tanto nos gustaban.

No pude lograr escuchar lo que hablaron durante la cena, había mucho bullicio en el lugar, estaba sentada y desde mi mesa pude ver que pidió la cuenta, antes de que pagara salí corriendo a la camioneta para poder meterme y que no me vieran.

Pero no venían, así que regrese al restaurante, ahí estaban, haciendo una especie de sobre mesa, estaban los dos contentos se les notaba en la cara a ambos, compartían un dulce tres leches y tomaban vino blanco, me sentía triste al ver que eran felices, como toda una pareja enamorada.

Me levante a tomar un poco de aire, sentía ganas de llorar al verlos. Pasaron unos veinte minutos y al entrar nuevamente al restaurante ya no los vi, pensé:

— ¿Se fueron sin mí, y ahora qué hago!….?

Decidí tomar un taxi en la entrada del restaurante, le pedí al conductor que me llevara a la casa, le di la dirección y llegamos en unos quince minutos, fue cuando al detenernos con toda la pena del mundo le dije al conductor:

—Señor, me da mucha pena, pero lamentablemente no tengo dinero con que pagarle la carrera…

—No se preocupe Señora, hoy por Usted y mañana por mí, se que necesita mi ayuda y yo se la estoy dando. Todos tenemos asuntos pendientes por resolver, es de cristianos ayudarnos…Vaya tranquila Señora.

—Un millón de gracias Señor…

—De nada.

Al llegar me fui directo al apartamento, note que se había duchado y ya estaba acostado, lo deje tranquilo y me fui al cuartito de la secadora quedándome profundamente dormida, hasta que el frio que entraba por la ventana, en la mañana me despertó, y el olor de su colonia lo delato, ya se estaba vistiendo, ni me entere cuando se ducho ni nada.

Pensé: “ si ya se echo la colonia será cuestión de cinco minutos que nos vayamos a la oficina”, y efectivamente así fue.

Salí corriendo nuevamente por las escaleras, y vi a los niños del segundo piso jugando futbol en el pasillo, la pelota se les fue y se la pase con un golpe, seguí bajando rápido por las escaleras sin detenerme, para saltar nuevamente a la parte trasera de la camioneta.

Pasaron así varios días más, salíamos de casa en las mañanas y por las noches regresábamos, las salidas con la chica morena eran cada vez más frecuentes.

En una oportunidad nos fuimos al cine, ya estaba haciéndose costumbre que saliéramos los tres para todos los sitios, yo oculta y ellos mostrándose.

En el cine me senté tres filas justo detrás de ellos, esas tres filas fueron un infierno para mi, notaba que estaban más juntos que nunca, ya veía como su relación se consolidaba poco a poco, yo me cuestionaba nuevamente si tenía sentido seguir adelante con mi tarea o dejarlo así.

Ese día los vi besándose apasionadamente por primera vez frente a mí, me sentía burlada, engañada, sentí que los nueve años que estuvimos juntos no valieron nada para él, que no significaban nada para él, y me preguntaba: que faltaría en nuestra relación para que entrara otra a darle aquello que yo no le di.

Pero sus besos eran reales y se notaba el amor entre ambos.

De regreso la dejamos en su edificio como de costumbre, ya la despedida paso de un simple beso a un beso especial, recordé en ese instante los besos que me daba, las palabras que me decía, lo cariñoso que era conmigo y las veces que no dejaba de sorprenderme aunque era el rey de los despistados.

Llegamos al apartamento, y decidí quedarme en la camioneta acostada necesitaba estar sola y pensar, subí a las pocas horas, me fui a mi cuartito y me recosté nuevamente.

El día siguiente era un sábado radiante, me despertó el sol que entraba con fuerza por mi ventana y el olor de su colonia ya llegaba a mi nariz.

Al asomarme por la puerta note que se estaba vistiendo y buscaba recetas de cocina por internet, pensé: “… esto sí que es raro y sospechoso, que tramara este ahora”.

Nos fuimos en la mañana a comprar pasta lista para cocinar, un postre tres leches listo también, una botella de vino tinto, y una de Champagne Dom Perignon y fuimos a un lugar a buscar algo que tenía en una pequeña caja, al momento no pude ver que era.

Llegamos de regreso a casa, en la tarde, sobre las cinco puso la salsa para la pasta a fuego lento, note que era salsa Alfredo por la tocineta y para molestarlo un poco le eche más sal y pimienta a la salsa.

La pasta la dejo a un lado para cocinarla después, pero se olvido del tres leches y lo dejo fuera de la nevera, le rocié a propósito sal por encima y un poco de café en lugar de canela y luego lo metí en la nevera, el muy tonto ni se entero de lo que le hice.

Llego finalmente la hora de la tan esperada cena, apagamos la salsa y a ella la fuimos a buscar a su casa, como de costumbre y nos fuimos los tres nuevamente al apartamento.

Los deje que subieran tranquilos y a los pocos minutos subí yo, el puso a hervir el agua a penas entro, con aceite y un poco de sal, por supuesto, en cuanto pude al agua le eche azúcar también, bueno… mucha azúcar.

Él le sirvió a ella una copa de vino tinto y se sirvió también una, se sentaron a conversar en el salón. Yo continuaba oculta en mi cuartito, atenta a lo poco que lograba escuchar, ya que con el ambiente musical que puso no podía ayudaba a entender muy bien de lo que hablaban.

De picar, tenían unas aceitunas griegas y unos dips variados con diversos tipos de pan, estos no se los sabotee, lo deje que se luciera un poquito a penas.

A si pasaron un par de horas, puso la mesa del salón muy bonita decorada con un par de velas y los cubiertos de plata, junto con la vajilla que utilizábamos solo para aquellas ocasiones especiales.

Puso la pasta en el agua y la salsa la calentó, a los pocos minutos se sentaron a cenar, todo era un montón de halagos por parte de ella: “que mesa tan bonita y que detallista y la forma en que serviste la pasta”, eran unos ravioles grandes rellenos de hongos y ricota con toque de albahaca.

La salsa la sirvió aparte para que cada uno se sirviera lo que deseara, pero ninguno sabia realmente que tenia la salsa, al probarla por supuesto sabia horriblemente salada y picante, la pasta no se podía comer ya que estaba empegostada y dulce.

En lugar de molestarse se rieron los dos a carcajadas, y decidieron que lo mejor era pedir una pizza con pepperoni, llamaron a la pizzería de siempre y en una hora ya tenían la pizza en casa, definitivamente el era único.

No le pudo haber salido mejor la cena, la pizza estaba más rica que nunca, cenaron a la luz de las velas con una agradable copa de vino tinto.

Ahí fue cuando él trajo de la cocina el postre tres leches, y le sirvió a ella primero y él se sirvió después, al probar el postre noto que sabía a café salado, él se rio y tan solo dijo:

“—Quería que este día fuera distinto, único y especial para los dos, por favor acepta este regalo.” Entregándole la pequeña cajita que habíamos comprado antes de ir a buscarla.

Ella al abrirlo vio que era un bonito anillo de compromiso con un pequeño circón que brillaba, ahí fue cuando me di cuenta que lo que venía no hacía falta decirlo, definitivamente se amaban, yo ya formaba parte de su pasado, un bonito pasado.

Se tomaron la botella de champagne y estuvieron amándose toda la noche, podía escuchar el sentimiento de sus besos, los gritos que producían sus abrazos, la emoción que sentían las caricias de ambos, y ahí me di cuenta que esto no duraría un día, sino una vida.

A la mañana siguiente me despertó el sol que entraba por la ventana, sabía que este día sería distinto a todos, había en casa una atmósfera que no podía descifrar, no me molestaba para nada, más bien diría yo que me sentía a gusto..

Los dos se levantaron y desayunaron en la cama, se ducharon juntos con todo abierto de par en par, no se secaron, se sacudieron juntos como dos perros y se vistieron y después nos fuimos a dejarla en su casa.

Pero nos desviamos del camino al apartamento, fuimos a un lugar extraño, no sabía cuál era, pero si note que él estaba como raro, pensativo y melancólico.

Llegamos a un campo verde, podía oler la grama recién cortada desde la parte trasera de la camioneta, él se bajo y note que estábamos en un campo santo.

Me quede oculta en la camioneta, al cabo de unos diez minutos el regreso llorando, y con una mirada de tristeza pero que a la vez reflejaba paz y felicidad, nos quedamos ahí estacionados por al menos treinta minutos más.

Decidí mejor bajarme e ir a mirar que era lo que lo había puesto en ese estado de tanta tristeza, al acercarme a ese lugar empecé a sentir un temor en el pecho y fue al ver esa lapida, mi lapida, todo estuvo claro para mí Al final obtuve la respuesta que tanto buscaba

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Acerca del autor

Aixa Canosa

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