Historia

Operación Valkiria, Hitler Debe Morir

Operación Valkiria, Hitler Debe Morir - Historia

En numerosas ocasiones, al tratar sobre el desarrollo y evolución de la II Guerra Mundial, nos podríamos preguntar por qué gran parte del pueblo alemán y del ejército, hasta prácticamente el último momento, se mantuvieron fieles a su líder Adolf Hitler. La verdad es que no existe una respuesta sencilla a esta pregunta; debemos tener siempre en cuenta el contexto en el cual Hitler llegó al poder.

La situación del pueblo alemán, tras la derrota en la Gran Guerra, fue verdaderamente desastrosa. Las potencias vencedoras del conflicto, consideraron que Alemania era la única responsable de la conflagración.  En compensación a las pérdidas de vidas humanas y materiales,  los alemanes tendrían que hacer frente a fuertes reparaciones de guerra. Algunos expertos en economía, admitieron en sus informes, que sería prácticamente imposible que Alemania pudiese satisfacer todas las exigencias. Con el paso de los años, todas estas imposiciones, serían entendidas por las futuras generaciones de alemanes, como una injusta humillación que habría que revertir.

Otro aspecto que debemos valorar, y que fue determinante para que Hitler alcanzase el poder, es la situación socio-económica, consecuencia directa de la Gran Depresión de 1929. El impacto del Crash bursátil norteamericano, pronto se extendería en forma de crisis sistémica por Europa, provocando millones de parados y el colapso de la economía; en este punto deberíamos tener en cuenta el gran impacto de la crisis en la banca alemana.

Los factores antes mencionados, junto con otros más o menos importantes, facilitarían el ascenso rápido de Hitler a la política alemana durante los años 30. Hitler y su partido NSDAP, pronto se ganarían la confianza del pueblo alemán, al conseguir reducir el paro (mediante el desarrollo de una política basada en la construcción de obras públicas e infraestructuras y la remilitarización), y mediante la adopción de una política agresiva de fortalecimiento en el escenario internacional (anexión de Austria, y de otros territorios).

Es así como en pocos años, Hitler comenzaría a ser visto por muchos alemanes, como un verdadero guía (Führer), y el único político que podía solucionar los problemas que arrastraba Alemania desde hacía años. Durante más de una década, Hitler sería la referencia a seguir, pero ya a la altura de 1944, coincidiendo con serias dificultades en el frente, éste comenzaría a ser cuestionado. La situación en el frente, se vuelve desesperada: los ingleses y norteamericanos desbordaban las defensas en el oeste, mientras que los rusos hacían lo propio en el este. Lo único que se podía hacer, era dilatar la agonía, y esto claramente se traduciría en más muertes, tanto militares como civiles.

En 1944, un grupo de militares alemanes, conscientes de que la derrota militar era casi inminente, idearon un plan para asesinar a Hitler, e instaurar un nuevo régimen. La conspiración sería liderada, entre otros, por el joven coronel Claus von Stauffenberg y por el general Olbricht. La conspiración consistiría en poner en marcha el plan Valkiria y utilizarlo para asestar un golpe militar que diese lugar a una nueva Alemania.

¿Qué es Valkiria?

Valkiria, era el nombre en clave que se daba al operativo militar ya existente, creado por el ejército alemán, para ser activado sólo en caso de extrema necesidad. El III Reich, empleaba gran número de trabajadores forzosos en su territorio, y esto podría suponer un grave problema en caso de rebelión; de ahí nace Valkiria.

El plan de Stauffenberg y los demás militares era ingenioso (pues utilizaba un mecanismo ya previsto por el propio ejército), y al mismo tiempo, arriesgado: tras el asesinato de Hitler, se activaría inmediatamente Valkiria, con el objetivo de usar el despliegue de las unidades militares de reserva, para controlar los puntos neurálgicos (gobierno, comunicaciones, militares, etc.) de Berlín. Controlado Berlín, se tomaría fácilmente el control de las demás partes del territorio que conformaba el III Reich. Se trataba, en definitiva, de llevar a cabo un golpe de estado, que tendría por objetivo la neutralización de las unidades militares fieles a Hitler (SS, GESTAPO).

Los conspiradores, después de hacerse con el control del país, ordenarían a las tropas que estaban luchando en el frente, el regreso de inmediato a Alemania. En el ámbito civil, se articularía una nueva jefatura del Estado (el militar Beck asumiría el puesto) y una nueva figura al frente de la Cancillería (Carl Goerdeler). Al mismo tiempo, se negociaría la rendición con los países en disputa.

Stauffenberg, sería el encargado de llevar la parte más complicada de la conspiración, pues era el único conjurado con acceso directo a Hitler. El joven militar, al ser nombrado jefe del Estado Mayor del ejército de reserva, podía participar en algunas de las reuniones en las que Hitler  estaba presente junto a sus más altos generales. El día 20 de julio de 1944, sería el día fijado por los conspiradores para llevar a cabo el asesinato. Stauffenberg, tendría que situar un potente explosivo en la sala (situada en un búnker en Rastenburg), en dónde se llevaría a cabo la reunión. El día previsto, antes de la reunión, hubo un pequeño cambio en el protocolo por el excesivo calor; la reunión se trasladaría a una sala más fresca en el exterior. Este cambio,  aunque insignificante a priori, amortiguaría los efectos de la onda explosiva, y por tanto los daños a los asistentes.

Stauffenberg, llevó a cabo cuidadosamente su parte del plan, situó la bomba dentro de una cartera lo más cerca posible a Hitler, y se ausentó de la sala para ver desde el exterior la explosión; luego consideró que la potencia de la detonación habría matado a Hitler. No estaba en lo cierto, Hitler, sólo había resultado herido leve.

El plan se iniciaba con problemas, pero además otros eslabones fundamentales que habrían posibilitado el triunfo de la conspiración, no funcionaron como se esperaba desde el principio. Fromm, jefe del Ejército de Reserva, tendría que dictar y cursar inmediatamente la orden de activación de Valkiria, y esto no sucedió debido a su vacilación; además era fundamental que se consiguiera un control total de las comunicaciones y de las contraórdenes que pudieran proceder del bando fiel a Hitler; tampoco se consiguió este aspecto en su totalidad.

Tras la negativa de Fromm de activar la orden (quería pruebas directas de que se había consumado el asesinato), uno de sus subordinados, el coronel M. von Quirnheim, activaría la orden por su propia cuenta. Todavía, al menos en las siguientes horas, había esperanzas de que el plan pudiera tener éxito. No fue así, la actuación de algunos oficiales fieles a Hitler (Otto Remer), y el comunicado leído y retransmitido por Hitler en la radio, fueron determinantes para desactivar la conspiración y detener a los responsables. El plan había fracasado, Stauffenberg y sus colaboradores fueron fusilados inmediatamente; otros muchos, junto a sus familias fueron colgados.

La operación Valkiria, que probablemente de haber triunfado, habría podido salvar a decenas de miles de personas (se habría producido la rendición del ejército alemán), había fracasado. El delirante III Reich de Hitler, que según él duraría mil años, conseguirá alargar un poco más su agonía, y todo gracias a los sectores más fervorosos y extremistas del ejército que seguían viendo a Hitler, como el guía y el líder de épocas pasadas.

 

 

 

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