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Oportunidad mortal

Oportunidad mortal - Literatura

Mira atrás, sonríe y continua, entra en una tienda da los buenos días y siente molestia porque el encargado quien se encuentra en la caja no le responde, ni tampoco los clientes que están esperando para pagar, disimula su sentimiento y se cuela por los angostos pasillos del pequeño abasto.

Se acerca a la nevera, pero siente algo de temor, como alguien que piensa que la gripe volverá si se expone a esas frialdades en donde se encuentran los productos lácticos, pero también esos deliciosos jugos llenos de azúcar hasta el tope, la tentación no puede con él y se aleja,  por ahora vence la prevención.

Las frutas son su objetivo, allí hay un tesoro, se consigue con una disputa para poder escoger los más apetecibles, cada vez que posa la mirada en una delicia jugosa y melada, aparece una competencia que se abalanza con tal furia que lo persuade de su intento.

Aunque no tiene intenciones contrarias a la ley le molesta esos espejos con los que se  encuentra en cada rincón o alguien de la tienda que simula que está arreglando las cosas, pero en realidad está vigilando que nadie se lleva algo, somos todos culpables hasta que demostremos lo contrario, lo que nunca podemos hacer.

En realidad no tiene claro que es lo que quiere, pero vio la opción de entrar y lo hizo, se podría decir que es un antojo y como antojo lo mejor serían los dulces, los chocolates quizás, que lo que menos tienen es cacao, pero que se derraman en azúcar, ummmmm.

Los localiza y están solos, no pierde la oportunidad, pues aunque el lugar es pequeño se encuentra con fuerte demanda, hurga en los diferentes paquetes que la verdad son una sensación, unos más llamativos que otros, pero quiere ubicar a uno que tenga la posibilidad de echarle una probadita y allí está, toda su atención se concentra en ese pequeño hoyito por donde se derrama el rico contenido ya vulnerado por otros.

Siente inmediatamente una cachetada de prevención y asco que lo detiene al ver que alrededor y saliendo de ese paquetico hay arañas, las detesta, le producen todo tipo de sensaciones, su estómago se estremece y quizás debe poner a funcionar el cerebro y no dejarse llevar solo por instintos animales como los deseos, se irá y no dirá ni hasta luego, no lo merecen, a fin de cuentas no lo saludaron cuando entró.

Va hacia la salida y no se percata que la puerta de vidrio está cerrada y de manera muy torpe  se estrella contra ella, siente vergüenza  y desesperación deseando que nadie lo haya visto y trata rápidamente de recuperarse para poder salir sin ver hacia atrás.

Repentinamente  logra escuchar un golpe, siente algo que se parece al dolor y finalmente la nada, el encargado de la tienda entonces se limpia la mano con un trapo que mantiene durante las horas de trabajo en el hombro como una herramienta esencial de sus funciones y con el mismo también quita los restos de la fastidiosa mosca.

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Normandia

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