Literatura

¿Órden En El Caos O Caos En El Órden?

¿Órden En El Caos O Caos En El Órden? - Literatura

 

En mi vida, no me demoré mucho en darme cuenta que el orden no era lo mío. A diferencia de mis amigos de la niñez, quienes tenían sus juguetes casi intactos, seminuevos, limpios y ordenados, casi como si se exhibieran en una juguetería, mis modestos y desafortunados juguetes duraban poco y terminaban en pedazos. Rara vez ocurría que un juguete me durara más de una temporada de juegos, que iban desde la “pistoleada” hasta el “tumba soldados”.

Al tanto de esto, los adultos de mi entorno, suspendieron de plano los obsequios de este tipo y lo reemplazaron pronto por las “viejas confiables”: Medias y calzoncillos. También uno que otro polito, o más grande, o más chico, pero nunca de tu talla. Muchas veces me pregunté, qué pasa conmigo, que no me dura nada. No poder alcanzar enfocado y consciente ese modelo de orden, me causó muchas depresiones de niño, situación agobiante de la que trataba de escapar “ordenando” apenas mi proverbial desorden: mi ropa, mis zapatos, mis papeles y libros, mis estudios, mi vida, mis sueños; y a esa corta edad, mis ya pesadas frustraciones. Cuando me cansé de intentarlo, caí de forma inevitable en un abismo caótico en el que el orden no tenía lugar. Así que antes de desaparecer por completo, gracias a personas nobles en circunstancias críticas (y varios blísteres de Dominium y Fluoxetina), descubrí por fin mi santo grial: el equilibrio.

A partir de este conocimiento, o dicho de otro modo, desde ese desconocimiento total al que fui inducido para reaprender lo ya antes supe, grande fue mi sorpresa cuando abrí los ojos y pude ver que todo ese “ordenamiento”, ese que establecía las cosas, de tal o cual forma, de A a Z, no era lo que siempre había creído. Es decir, es necesario el “equilibrio ordenatorio de las cosas”, pero el orden establecido por normas basadas en tradiciones y dogmas de alcance medieval me parecían absurdos, hasta crueles.

El milenario equilibro de caos, que regía a un mundo de algunos millones de años, fue entonces trastocado por esa casi siempre equívoca voluntad ordenatoria del hombre que lo corrompe y lo destruye todo, por poder o por capricho, devastadoras fuerzas, inherentes a la naturaleza salvaje del ser humano. Tenía sentido para mí. Pero, ¿no es el Orden una voluntad humana que refuerza sus formas desde una posición de poder?. ¿No resulta siendo el Orden un sistema que impone el más poderoso? Y la pregunta obligada: ¿Diseñará el poderoso el Orden de tal manera que ese orden impuesto sea justo para todos?. Casi nunca parece ser así.

Se han utilizado filosofías, ideologías, religiones, ideas, revoluciones, crímenes, etc., para ordenar el mundo y la historia. Como por ejemplo: El Calendario que usamos en la actualidad, el Gregoriano, que desde 1582 es un calendario claramente litúrgico, diseñado con ciencia y precisión devota, entre otras cosas, para encajar la liturgia anual del mundo cristiano en el sistema de vida de la gente. ¿Quién lo ordenó?. Pues el Sacro Imperio Romano Católico romano, con sus cismas, reformas y contrarreformas, aquellas que tuvieron en padeciendo a la humanidad por siglos.

Yo no sé si el equilibrio del caos hubiese logrado un ordenamiento parecido, pero ordenar el mundo con el miedo, la sangre y el fuego parece haber sido muy útil. De necesidad, dirían algunos.

En una sociedad caótica que busca su orden permanentemente, sus dicotomías sociales se acrecientan y tal como sucede siempre, un sector de esa sociedad, llamados así mismos: Notables o Preparados, son los que siempre pretenden tener las respuestas para ordenar la cosas, aun sin las garantías de un buen resultado. Pretenden saber más y desarrollan paradigmas. Lo malo es que, ese “orden” que quieren establecer imponiéndolo, va casi siempre en contra de ese otro sector que se ve afectado por el ordenamiento de los otros. Ese sector que no tiene poder, siempre mayoritario, tiene que priorizar casi siempre entre la supervivencia y la libertad, y no tiene tiempo para pensar en el Orden de unos pocos. Hay urgencias humanas más importantes que la voluntad caprichosa de unos, de imponer su ideal de Orden. Las diferencias se marcan casi diametralmente y prontos son los unos contra los otros, y comienzan los argumentos sobre los beneficios de los “órdenes” de proponen, cada uno a su conveniencia.

Aquello siempre había ocurrido con todos los inventos comunicacionales del hombre, como con el principio ordenatorio de la palabra o los gestos, o el de las ideas. “Lo bueno”, “lo correcto”, “lo justo”, son virtudes e ideales anhelados por todos sin distinción, pero a cada cual le corresponden un sinnúmero de contextos e interpretaciones. Por ese motivo es casi imposible a un acuerdo entre las partes. Mientras un sector, alentado por su posición social y para no perder privilegios, “idealiza” un soñado y estereotipado Orden, lo reclama como derecho. Un lugar donde viva a plenitud su filosofía hedonista de respirar aire puro y con lugares de reposo, su postal de felicidad familiar y el paradigma de la vida saludable y feliz; el otro sector tiene la perspectiva de un “Orden” diferente, uno que no lo excluya, que le brinde oportunidades, que no lo discrimine.

Ese tira y afloja nos conlleva por obligación a todos a aceptar, esa dinámica de contrato social que plantea un equilibrio. En ese contrato todos somos iguales, o aspiramos a serlo. Para los creyentes podría ser la Biblia un principio. Para los seculares, la Constitución. Los acuerdos, los consensos y los debates, se vuelven sumamente necesarios.

Un orden sistematizado será siempre necesario para vivir en paz entre personas que pensamos distinto. Pero para respetar a todos en su esencia, debe procurarse que ese ordenamiento responda a las necesidades mas urgentes de todos por igual, defendiendo las ideas con firmeza, pero también haciendo concesiones.

¿no es acaso más humano y urgente, un Orden que incluya, a uno que discrimine?. ¿No es acaso más urgente el trabajo para la vida, que la vida para el placer?.

El Orden tiene sus complejos principios filosóficos, entre varias teorías que la definen. Pero es siempre desde el Caos, que nace espíritu inicial que pone equilibrio a todas las cosas.

Tan desordenado soy que escribí un poema.

Elogio del desorden

ya muy tarde bajo la feroz tempestad
en tal abandono del bosque y la carretera
después del sol que me azotaba las espaldas
devorado vivo por zancudos prehistóricos
iba descendiendo sobre una antigua vegetación

bajo qué insomne cansancio vemos llover entre las hojas
y crecer el fuego sombrío de las rocas!
levantadas como un tifón que anuncia una catástrofe
como quizá el hondo hoyo en el que caen palabras tontas
rezagos de una indignante inocencia torpe

poseído por un místico talento de vicioso
y sumergiendo las manos en alcohol incandescente
voy robando los sueños de los cuerpos vaporosos
por el rastro descalzo de los hombres indecentes
su recorrido cegado de tanta oscuridad
con bastón en la mano que tentaba el abismo más cercano

ausencia es el tumulto de ropas y papeles
cercana al agua que amenaza con su fuerte humedad
donde un ajado corazón retoza abandonado
a espera de algo que mitigue su sangriento dolor
antes de estallar por toda la habitación.

Chosica, Junio del 2005

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

5.00 - 1 voto
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Frank Donayre

Deja un comentario

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información