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Paleolítico – Historia De España I



Paleolítico – Historia De España I - Historia

En este artículo vamos a tratar sobre los conocimientos que tenemos de cómo se inició, y posteriormente se desarrolló, la vida humana en la Península Ibérica en sus primeras etapas.

Sabemos que los primeros homínidos aparecieron en nuestra península provenientes de África hace entre 1’3 y 1’2 millones de años, según la fecha aproximada que dio como resultado la datación de la mandíbula más antigua encontrada en uno de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, en Burgos, concretamente el denominado como Sima del Elefante.

Esta mandíbula corresponde a un tipo de homínido aún no identificado, aunque se cree que es un pariente cercano de los homínidos africanos más primitivos, así como también mantiene algunas características propias que lo diferencian de estos.

A estos primeros restos óseos se suceden otros, también hallados en yacimientos situados en Atapuerca, que demuestran que a esta primera especie se sucedieron otras como son el homo antecessor, los preneandertales o el homo neanderthalensis, más conocido como hombre de neandertal.

Este periodo que marca los inicios del ser humano se conoce como Prehistoria por ser anterior a la historia escrita y solo tenemos las muestras arqueológicas y los diferentes vestigios que hemos ido hallando de sus habitantes para poder hacernos una ligera idea de cómo debía ser su vida.

La PREHISTORIA se subdivide en dos periodos cronológicos:

1- Edad de Piedra.

2- Edad de los Metales.

 

La Edad de Piedra, también llamada Etapa Lítica, abarca desde que los seres humanos empezaron a realizar herramientas de este material hasta el descubrimiento y uso de los metales.

Es la época en que domina este primer material tan básico, y en particular, diversas rocas duras pero fáciles de romper como el sílex, el cuarzo, la cuarcita, o la obsidiana, que fueron utilizadas para fabricar tanto herramientas como armas.

Sin embargo, a pesar de ser la capacidad de manufacturar objetos de piedra el dato más característico y que da nombre a este período, hubo más fenómenos destacables durante esta fase de la prehistoria: es ahora cuando se da la evolución humana, aparecen nuevos descubrimientos como el fuego, la aparición de las herramientas y la vestimenta, se produce también una evolución social, se dan cambios climáticos, el ser humano parte de África y se expande por todo el mundo habitable, y finalmente se da una revolución económica donde se pasa de un sistema caníbal y carroñero a otro recolector y cazador gracias a la mejora en las técnicas de caza.

Las sociedades, distribuidas hasta ahora en pequeños grupos errantes, comienzan a organizarse en torno a los primeros asentamientos estables, dedicados a la agricultura y la ganadería.

El rango de tiempo que abarca este período depende de cada región en particular, de modo que a día de hoy todavía existen sociedades aisladas que no han desarrollado la fundición de metales y que se han mantenido alejadas de la sociedad y sus avances.

En general, se considera que este período comenzó en África hace 2,8 millones de años, con la aparición de la primera herramienta prehumana.

La Edad de Piedra se conforma a su vez de otros tres períodos:

1- Paleolítico.

2- Mesolítico.

3- Neolítico.

1- Paleolítico: el término deriva de las palabras griegas palaiós, y lithos que significan “antiguo” y “piedra” respectivamente, y lo acuña el arqueólogo John Lubbock en 1865, en contraposición al siguiente período relevante, el Neolítico, cuyo nombre también viene del griego pero significa “piedra nueva.”

En medio de ambos se situará el Mesolítico, un periodo puente entre ambas etapas.

Volviendo al paleolítico, podemos afirmar que este es el período más largo de la historia de la humanidad, pues de hecho abarca un 99 % de la misma, y se encuadra cronológicamente entre el 1.000.000 a.C. y el 8.000 a.C.

Aunque esta etapa se caracteriza por el uso, sobre todo, de la piedra tallada, también se utilizaron otros materiales, generalmente orgánicos, como por ejemplo huesos de animales, madera, o cuero entre otros.

Es ahora, en el Paleolítico, cuando nuestra especie como tal evoluciona desarrollando capacidades intelectuales, iniciando la comunicación mediante el lenguaje, y comenzando a desarrollar las primeras expresiones artísticas.

También se dan otras innovaciones como el dominio del fuego y aparecen los enterramientos a fruto de las primeras creencias religiosas.

El periodo Paleolítico se subdivide a su vez en tres bloques dominados por los diferentes homínidos que los habitaron:

1- Inferior: Homo Antecessor, Homo Heidelbergensis, etc…

2- Medio: Homo Neanderthalensis.

3- Superior: Homo Sapiens.

Paleolítico inferior: comienza cronológicamente entre 1.000.000 y 800.000 a. C. y finaliza entre 150.000 y 120.0000 a.C.

En este periodo los primeros hombres se organizan en grupos pequeños, y son caníbales y carroñeros.

Estos pequeños grupos son nómadas de modo que cambian su emplazamiento según necesidades estacionales o siguiendo a las manadas de los animales de las que se alimentan.

Durante casi todo esta época, las herramientas que se realizan son gruesas, pesadas, toscas y difíciles de manejar, destacando los “choppers” o cantos rodados que se golpeaban hasta dejar una parte afilada y cortante, y los “bifaces”.

Un bifaz es una piedra de gran dureza, generalmente de sílex, que se tallaba por ambas caras hasta que se le daba una forma triangular en la parte superior y semicircular en la base, y se usaban para cortar, raspar, y perforar otros materiales.

Fue en este momento cuando el homo heidelbergensis surgió hace más de 600.000 años, y perduró al menos hasta hace 200.000, cuando se extinguió dejando paso a sus sucesores los neandertales.

En el 400.000 a. C. estos homínidos llegan a la Península Ibérica y pasan a relacionarse con los preneandertales de la zona, datos que conocemos gracias a la importante cantidad de restos arqueológicos aparecidos en la Sima de los Huesos, otro yacimiento de Atapuerca, que se fechan como de hace unos 430.000 años.

Sobre los homínidos que poblaron la península durante estos años destacamos dos:

1- Homo antecessor.

2- Homo heidelbergensis.

Del homo antecessor sabemos que es el homínido más antiguo de Europa, que se trataba de individuos altos, fuertes, con rostros de rasgos arcaicos y cerebro más pequeño que el del ser humano actual.

También sabemos que ya campaban a sus anchas por la Península sobre el 900.000 al 800.000 a. C. según los restos hallados en el yacimiento de la Gran Dolina de Atapuerca, y que fue un importante nexo evolutivo entre el homo ergaster, un homínido africano seguramente pariente directo del homo habilis y antecesor del homo erectus, y el homo heidelbergensis, siendo este un antepasado del homo neanderthalensis, así como también el último ancestro común entre los humanos modernos y los neandertales.

Los homo heidelbergensis eran altos, tenían una estatura media de 1,75 m y 62 kg los varones, y 1,57 m con 51 kg las hembras.
También tenían grandes cráneos muy aplanados con relación a los del hombre actual, con mandíbulas salientes y una gran abertura nasal.

Se trata de la primera especie humana en la que es posible detectar indicios de una mentalidad simbólica, es decir, que son capaces de comprender su entorno y codificarlo, por ejemplo, por medio de pinturas rupestres.

Su nombre científico se debe a que los primeros fósiles fueron hallados cerca de la ciudad de Heidelberg, en Alemania.

Paleolítico Medio: es un período mucho menos extenso que el anterior, y se encuadra aproximadamente entre los años 150.000 – 120.000 a. C. al 35.000 a. C. aproximadamente.

Durante su vigencia comenzó la última glaciación, la de Würm-Wisconsin, y debido al clima extremo los hombres de esta era se vieron obligados a buscar refugio en cuevas.

Es también la época del homo neanderthalensis, quien se expandió desde Europa hasta Oriente Próximo y buena parte de Asia Central, mezclándose en su periplo con los homo sapiens, especie con la que convivió durante muchos años y con la que se relacionó de tal modo que, menos los subsaharianos, todos los habitantes actuales de estas zonas tenemos un 4% de genes neandertales.

El homo neanthertalensis surge en el 200.000 a.C. fruto del mestizaje entre los homínidos del momento prehistórico anterior: el homo antecessor, el homo heidelbergensis, y los preneandertales autóctonos.
Median aproximadamente metro sesenta y cinco, tenían una capacidad craneal un diez por ciento más grande que el hombre actual porque así se oxigenaba mejor en lugares altos y fríos, una nariz más corta que ancha, y la faringe más corta de modo que se creía que podían pronunciar la a, la i, y la u.

Este es un tipo de hombre que se dedicará a la caza, la recolección y a realizar pinturas rupestres, y está asociado a la cultura Musteriense, datando en unos 60.000 años sus primeros restos en Gibraltar.

Esta cultura toma su nombre del abrigo rocoso de Le Moustier, en Francia, donde el arqueólogo Gabriel de Mortillet descubrió en 1860 una industria lítica prehistórica que se asocia con fósiles de homo neanderthalensis encontrados en 1907.

Esta industria manejaba principalmente el sílex y la cuarcita y sus herramientas más habituales eran raederas para curtir piel, puntas, hendedores, y cuchillos de dorso entre otros artilugios.

Cómo características de esta época, tenemos que el tamaño de los grupos poblacionales aumenta, y comienzan a elegir nuevas zonas más cálidas donde concentrarse como por ejemplo el levante, aunque sin darse por ello el despoblamiento de los asentamientos del norte.

Las herramientas se especializan y se hacen más pequeñas y menos toscas.

Aparecen también nuevas armas para cazar como por ejemplo picas de madera.

Esta evolución en la alimentación al mejorarse los modos de conseguir comida no significa que dejen de recolectar frutos y tubérculos, ni que abandonen el canibalismo, así como tampoco que dejen de alimentarse de carroña.

En esta fase surge también un lenguaje con cierta estructuración.

Se dan los primeros enterramientos, lo cual significa los primeros visos de un sentimiento religioso expresado mediante ritos, creencias y supersticiones.

Y, por otro lado, aparecen las primeras pinturas rupestres en cuevas como las de Altamira, Tito Bustillo y El Castillo, con más de 40.000 años de antigüedad y realizadas por estos neandertales.

En la Cueva de Nerja (Málaga), se han datado en 42.000 años de antigüedad algunos restos de esta cultura asociados a unas pinturas de focas que podrían ser la primera obra de arte conocida de la historia de la humanidad.

Sobre la Cueva de Altamira, descubierta en 1868 por Modesto Cubillas y estudiada posteriormente por Marcelino Sanz de Sautuola, entre otros importantes arqueólogos de la época, sabemos por las diferentes pruebas hechas a sus pinturas y grabados que pertenecen a los períodos Magdaleniense y Solutrense los más antiguos, y los posteriores al Gravetiense y al comienzo del Auriñaciense, de modo que podemos afirmar que está cueva situada en Cantabria fue utilizada durante varios periodos, desde hace 35.600 años hasta hace 13.000, cuando la entrada principal de la cueva quedo clausurada por un derrumbe.

El estilo de gran parte de sus obras se caracteriza por un gran realismo donde se dan cita grabados, pinturas negras, rojas y ocres que representan animales, figuras con forma humana y dibujos abstractos no figurativos cuyo significado desconocemos.

Paleolítico Superior: es el tercero y último de estos periodos así como supondrá el inicio del cambio a la Edad de los Metales.

Se encuadra entre los años 35.000 a.C. y el 10.000 a. C aproximadamente.

Se caracteriza por la proliferación de industrias que manufacturaban la piedra dando lugar a las siguientes culturas: Châtelperroniense, Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense, tomando estás sus nombres de los yacimientos de Francia donde fueron identificadas.

Coincide con la segunda mitad del último periodo glacial, de clima muy frío aunque con intervalos algo más templados, lo cual, unido al uso de pieles como prendas de abrigo, hace que aunque los homínidos sigan viviendo en cuevas, también aparezcan campamentos al aire libre.

Otra importante característica fue que las especies humanas de periodos anteriores como el homo erectus, el homínido de Denísova, el homo neanderthalensis o el homo floresiensis, fueron sustituidas en todo el mundo por el homo sapiens, que pasaría a ser el único superviviente de las diferentes razas de homínidos.
Hace unos 35.000 años, según hallazgos de la cultura Gravetiense realizados en Cantabria, los humanos modernos u Homo sapiens entraron en la península ibérica y fueron desplazando a los neandertales, con los que aún coexistirían durante cerca de 10.000 años, hasta que hace unos 27.000 se extinguieron las últimas poblaciones que quedaban por el sur.

Los homo sapiens tenían una mayor capacidad craneal que sus predecesores, tenían una frente más amplia, la mandíbula más corta, dientes más pequeños, y una barbilla pronunciada en forma de V en vez de U.

Sus ojos estaban más centrados y tenían una mejor visión y percepción de los colores.

También tenían menos vello corporal, y tanto hombres como mujeres median en torno al metro sesenta, metro setenta y pesaban entre sesenta y setenta kilos.

Cómo nota separaría de sus parientes más cercanos, el homo sapiens era totalmente bípedo, esto quiere decir que andaba erguido.

El radio de influencia de esta cultura se extendía por la península ibérica, Francia, Bélgica, Italia, Europa Central, Ucrania y parte de Rusia, y se caracterizaba por una gran industria lítica, por sus estructuras de habitación redondas u ovaladas excavadas en el hielo y delimitadas por huesos de mamuts, y por la realización de unas esculturas femeninas llamadas venus, de unos 10 cm de media, cuya silueta presenta una exageración de los atributos femeninos creyéndose que esto es debido a que tienen un significado votivo relacionado con la fertilidad.

Es con esta cultura cuando aparecen los primeros objetos de hueso decorados, así como también se empieza a cocer la arcilla para aportar dureza al material.

Por otro lado, hace unos 16.000 años, tenemos también la cultura Magdaleniense presente en Asturias, Cantabria y parte del País Vasco, cuya aportación más importante serían las famosas pinturas rupestres de las Cuevas de Altamira.

La cultura Magdaleniense, que toma su nombre de la cueva francesa de La Madeleine, es una de las últimas del Paleolítico Superior en Europa occidental, y cobró su importancia gracias a su importante industria lítica y ósea.
Sucede a la cultura Solutrense y finaliza con la transición a la Aziliense debido al cambio climático que se dio hace 12.000 años.

Como elementos evolutivos característicos del Paleolítico superior tenemos los siguientes:
Las técnicas de caza evolucionan hasta el punto de desarrollar armas arrojadizas.

Le sacan mayor partido a la piedra creando puntas de flecha además de armas y utensilios más delicados.

Además, ahora usan como nuevo material los huesos de los animales que cazan.

En el período anterior aparecen los primeros enterramientos, ahora lo hacen los ajuares funerarios dando a entender que ya existe la creencia en algún tipo de vida tras la muerte.

La mayoría de las pinturas rupestres conocidas pertenecen a esta época: en su mayoría son manos, figuras humanas, animales como bisontes, caballos, cabras, renos…, así como también elementos figurativos de significado desconocido.

También en este momento histórico se empiezan a realizar estatuillas y objetos en piedra, hueso y otros materiales cuya finalidad es religiosa y protectora para asegurar la caza, la fecundidad de las mujeres….

En el siguiente artículo pasaremos a tratar el Mesolítico y el Neolítico y terminaremos de ver cómo se desarrollaron los inicios de los hombres primitivos en nuestra península.

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Acerca del autor

Carmen Albesa

2 comentarios

  • Uno de los factores más importantes en la prehistoria fue el descubrimiento del fuego, lo que le permitió aumentar sus probabilidades de supervivencia. Era una fuente de calor y ahuyentaba a los depredadores. Se estima que esto ocurrió hace casi 2 millones de años y que fue el resultado de un accidente natural, producto de un rayo o quizás de una explosión volcánica. Imaginar cómo se descubrió el fuego durante el Paleolítico es sumamente interesante.
    Excelente artículo.

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