Sociedad

Partida De Póker

Partida De Póker - Sociedad

En un pasado no muy lejano, la economía de España, se vió azotada por el monstruo de la crsis; ese hecho trajo consigo una serie de desgracias familiares, tales como despidos laborales, deshaucios, impagos, y un largo etcétera. El cinturón tenía que ceñirse hasta límites insospechados en un país tan » solvente», pero por más que se apretara la soga para paliar el desbarajuste económico de miles de famílias, la antes mencionada crisis ejercía de voraz depredador para alegría del rico y desesperación del pobre. De hecho aún quedan resquicios del huracán; muchos son los que, se convierten en magos de las finanzas domésticas para tratar de amortiguar el golpe y sacar recursos económicos hasta debajo de las piedras.

Todo parece indicar que, a pesar de todo, algo ha cambiado y buena muestra de ello es la época que se aproxima, esta no es otra que la Navidad y su llamamiento al consumo sin miramientos. Durante mi más tierna infancia, las fiestas navideñas las recuerdo con ternura e ilusión; ya sea por los regalos, por las vacaciones escolares o sencillamente porque uno se podía a atiborrrar de turrones y dulces bajo la inmunidad que ofrecen estas fechas. Pero el tiempo pasa, y lo que antes se contemplaba como algo tan entrañable, ahora es una simple y llana carrera de galgos; y digo esto porque, todos quieren llegar antes que nadie a comprar sus obsequios navideños, contra más elevado sea su coste mejor. Para muy pocos sirve la frase de » la intención es lo que cuenta»; ahora se mira el precio y dependiendo de cual sea, la conciencia está más tranquila o no. Lo mismo ocurre con las famosas cenas familiares; ya no basta con juntar a todos los parientes por muy lejos que estén, es primordial colmar de los mejores manjares a los presentes, unos manjares que, en fechas más normales, pasaríamos por alto.

En esa lejana infancia que mencionaba, recuerdo también esas cenas, un servidor estaba contento por poder ver a tíos, primos, abuelos y demás parentesco; hoy en día, esas citas son poco menos que tediosas, llevar a cabo un papel para cumplir el trámite, sabiendo que, la mayoría son personas que por más buenos propósitos que haya, solo se verán una vez al año. Envidias, odios, y sobretodo el buscado y odiado a partes iguales, vil metal, ha conseguido rupturas familiares, convirtiéndose en acérrimos enemigos, pero estando medianamente obligados a pasar el mal trago en favor del espíritu navideño y mostrando a la galería una falsa unión.

Reconozco que cada vez me gusta menos la Navidad…las compras navideñas son carreras de galgos, las famosas comilonas familiares o empresariales, son unas permitidas partidas de póker en las que, muchos van de farol. El teatro de la Navidad, alza el telón durante dos semanas, mientra, s preparen sus estómagos y bolsillos para recibir a sus actores y no olviden depositar una generosa cuantía económica para que dicha función, vuelva al próximo año.

 

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Marc Dominguez

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