Literatura

Películas Para Leer. Tal 11. El Muerto Y La Mujer Que Siente

Películas Para Leer. Tal 11. El Muerto Y La Mujer Que Siente - Literatura

El muerto y la mujer

  • ¿Qué te pasó? -dijo la mujer, al verlo montado en el auto.

El muerto llevaba horas asomando el dedo para pedir cola hasta el pueblo más cercano. La única que se detuvo fue la mujer, que casi llora al verlo.

  • Tranquila -dice el muerto-, realmente no me pasó nada. Es decir. Me pasó todo, y eso es como nada. Ya se me pasará.

Al principio la mujer no entendió esos argumentos, pero como en su apresuramiento por sentir nunca entendía nada bien, aceptó la presencia del descompuesto acompañante tal y como había aceptado todo en la vida.

  • ¿Qué hace una mujer tan bella sola por estos parajes? -dijo el muerto, muy galante.
  • He estado sola en todos los parajes.

“No Dios mío, que no sea feminista”pensó el muerto

  • Todas las cosas me han sucedido. A nadie más que a mí. Ayer en la noche maté a mi esposo. Era un buen hombre, pero lo tenía que matar. Y no sé por qué lo hice. Quizá porque quería comprobar que era capaz de hacerlo. Pero ahora lo extraño. Sí, es eso, lo maté para extrañarlo! Para vencer esta costumbre que me atormenta.
  • Menos mal que yo ya estoy muerto. Pero, ¿no te parece que exageraste un poco? Bastaba con que lo dejaras, o te cojieras un amigo suyo, los amigos son ideales para joder la psicología de un pana. Yo mismo me presté para eso en muchas ocasiones. De hecho creo que por eso estoy muerto. Da igual, ¿no crees tú? Ahora te va a buscar la justicia.
  • ¿Si es malo matar por qué tanta gente lo hace?
  • ¿Me lo preguntas en serio?

La mujer explotó en llanto.

  • ¿Por qué lloras?
  • Porque no entiendo
  • ¿Qué no entiendes?

Ella detuvo el llanto y se le quedó mirando hasta que volvió a explotar.

  • Cálmate, cálmate. No has escuchado ese pensamiento de Chaplin que dice: “para el que siente la vida es una tragedia, para el que piensa es una comedia”. Si te pones a ver no estuvo tan mal que lo mataras. Sirve como control demográfico, porque de una u otra manera tiene que haber un equilibrio. Lo interesante es cómo se mata, que no me has contado.
  • No estoy segura de que eso lo haya dicho Chaplin. Lo que sí sé es que la gente que me gustaría matar cree que está viva, como tú.
  • Está bien, pero presta atención al camino, por favor. Recuerda que estás manejando.
  • Tú eres como todos. No te preocupas por la profundidad de las cosas. ¿Qué importa si nos estrellamos? ¿No acabo de contarte que maté a mi marido?
  • Tu ex-marido querrás decir, porque ya no ex-iste. Y lo de que cuides el volante es por ti, porque ya yo estoy muerto, solo quiero conservar las piernas para caminar.
  • Para ser un muerto, te preocupas mucho por ti.
  • Estar muerto me ha hecho apreciar la vida. Tú, por ejemplo, estás demasiado viva y te complicas por todo, como si estuvieras muerta.

La mujer miró al muerto a los ojos. Los suyos comenzaron a nublarse. Un silencioso crescendo explotó en un profundo y doloroso llanto que parecía remover hasta las últimas células de aquel cuerpo.

  • Tranquila, por favor. ¿Qué fue lo que dije?

La mujer detuvo el auto, y se precipitó al hombro del muerto. El sollozo se fue apagando hasta morir. Aquel hombro amigo había sostenido el espíritu vulnerable de la joven empeñada en conservar su dolor para mantener su adolescencia.

  • Es que me recuerdas mucho a mi ex marido. Era un gran hombre. No sé por qué lo maté. A él le gustaba mucho la filosofía, sabes, hablaba así, como tú. ¿No serás tú?
  • Trata de no pensar en eso por favor, que yo no recuerdo mi pasado y me puede dar por ser cualquiera. ¿De quién es este auto?
  • Era de mi marido. Él era un gran hombre.
  • Es el primer filósofo que me entero que tenga un auto como éste.
  • Ya no lo tiene, está muerto.
  • Lo olvidé. Es que eso de la muerte resulta muy relativo. Hoy un hombre me revivió, no sé cómo lo hizo. Estaba tomándome una foto. La única explicación lógica es… Pero la lógica es una cerca que divide…

El muerto volteó y descubrió que la mujer no estaba prestando ni un poco de atención. Miraba hacia afuera, sus ojos comenzaban a empañarse de nuevo, parecía que volvería a estallar en cualquier momento.

  • Está bien, mejor olvida eso. Qué te parece si vamos a un sitio nocturno y nos divertimos un rato. ¿Qué opinas? ¿Tienes dinero?
  • El dinero es lo de menos, mi esposo me pidió que sacara todo lo que había en la cuenta para irnos de viaje.
  • ¿Y entonces por qué lo mataste?
  • Porque no puedo ser feliz si no sé qué está haciendo ni con quién está. No puedo soportar no saber qué piensa.
  • Vaya, que problema éste con las mujeres.
  • ¿Tú me acompañarás?
  • Y eso porque ya estoy muerto, porque si no ni loco.

A la mujer le pareció gracioso el comentario y pudo reír un poco.

 

Rodando llegaron hasta un sitio muy apropiado. Aunque no sentía frio, el muerto se puso una chaqueta de su esposo y entraron a un local donde había toda clase de gente. Sin embargo, el rato que estuvieron ahí pudieron disfrutarlo hablando precisamente de eso, mirándolos a todos como si fuera una película y criticando el ambiente con cierto recato.

  • No entiendo a esta gente. Hay una frialdad, una frivolidad y una fragilidad. Es como si fueran vampiros.
  • Es sólo gente que no quieren darse cuenta y siempre están en facewood, istagram y tewter.
  • Son un montón de idiotas.
  • Tú estás muerto y yo con todos mis rollos mentales no tengo mucho qué criticarles, así que hagamos lo que ellos hacen, olvídalo todo aunque sea criticando.
  • Venir aquí a escuchar todos los días la misma música, decir lo mismo de siempre, como un cliché.
  • Me molesta que andes juzgando a las demás personas.
  • Yo no los juzgo. Yo era así antes de morir. pero me doy cuenta ahora.
  • Pensé que no recordabas tu pasado -y se volvió para retirarse.

Como un rayo, el muerto la agarró por la cintura. La miró con sus ojos, disparejos, con diferentes tonos de amarillo en cada uno.

“¿Qué tal?”, le dijo el hombre, pero se lo dijo con la mirada. No pronunció palabra, solo le dijo con la mirada algo que significaba esa pregunta.

  • No me pasa nada –dijo ella.

Esa preciosura de cabello castaño, se le puso tan cerca de repente… tan pero tan cerca… hay Dios mío. Recostó su cara en la de ella a pesar de que sabía que su olor podía romper la magia circundante, y comenzó a bailar dispuesto a disfrutar el tiempo que le fuera posible aquella cercanía. Traspasó las barreras del olor hasta donde se convierte en colores y cuando pudo notar que los cuerpos se acostumbraban juntos. Dijo:

  • Es cierto. La crítica es una distracción de vivir.
  • ¿Cómo te llamas? -dijo la mujer, abriendo un cuarto de intimidad en los dos centímetros que habían entre su boca y la oreja del muerto. Mentira, dos centímetros es mucho. Ella contestó cuando se sintió cómoda:
  • Yo no tengo nombre.
  • Qué bonito. Yo tampoco.

Y siguieron bailando durante un rato en que la lábil carne del muerto se moldeaba al cuerpo de la mujer.

  • Me quiero ir -dijo ella después de un rato.

El muerto no contestó. Sin mostrar mayor destreza que la de sentirla temprano,  no prestaba atención a nada más.

Pero:

  • Sí princesa. Tienes toda la razón. Es hora de irnos -dijo muy galante el muerto antes de que salieran del antro. Empezaba a sentirse como todos ahí. Comenzaba a comprender que para muchos la mejor opción es dejar que las cosas pasen, porque nadie sabe si lo que viene es mejor que un acto consciente.

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

5.00 - 1 voto
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

Argimiro Serna

Deja un comentario

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información