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Películas Para Leer. Tal 12. Una Llama Y Un Motivo

Películas Para Leer. Tal 12. Una Llama Y Un Motivo - Literatura

En la barra

 

Curioso por la ocurrencia, el misterioso visitante preguntó al narrador:

  • ¿No entiendo si ese muerto es el que ella mató?
  • Podría ser yo representado ahí.
  • Yo hablo con los muertos cada vez que mato a alguien. Es un truco que aprendí hace mucho tiempo. Los muertos dicen lo que va a suceder. Pero eso no lo puedo saber nadie.
  • ..Oye, tengo que hacer una llamada, es importante.
  • Sabes que no puedo dejarte hacer eso.
  • Yo entiendo, no voy a comunicarme con nadie más, pero tengo que llamar a mi hija, es importante, hace mucho tiempo que no la veo. Su voz es lo que siempre necesito para continuar las historias.
  • Espero sepas que cualquier intención de evitar lo que viene pone en riesgo a más personas, somos adultos, asumamos lo inevitable. Ahí todo está decidido.
  • Yo sé. Yo sé.

 

En el teléfono

 

  • Aló, hola María.
  • Aló. ¿Cómo estás, dónde estás?
  • Estoy bien. Un hombre me acompaña.
  • ¿Quién?
  • Creo que es un personaje que escribí yo mismo alguna vez.
  • Jesús, te andan buscando por decir lo que te da la gana. Ven a la casa y no salgas más.
  • No te preocupes por eso.
  • ¿Por qué tenías que meterte con esa gente tenegrosa.
  • Poderosa querrás decir
  • ¿Cómo se te ocurre escribir un cuento así? Está bien hacer las críticas, son necesarias, pero inventar toda una escena de jóvenes pervertidos por una industria del arte que paga asesinos para matar artistas de pensamiento libre es una locura.
  • Libres de pensamiento en su totalidad, no solo el libre.
  • No me vengas con esos juegos de palabras, sabes que es una locura meterte con gente tenebrosa que para mi es como poderosa, sin estar preparado.
  • Frecuentemente la realidad exagera mucho más que yo.
  • Jesús. Hay una marcha en protesta contra este gobierno.
  • Esas marchas contra el gobierno son lo que sostiene las contradicciones insostenibles.

Hubo un silencio corto. No tenía mucho qué decir. Lo único que le quedaba era su fantasía y la posibilidad de que fuera real en algún momento… quizá podía pasar ahora.

  • Me han salido varias historias y no sé cómo se unen. Si logro resolverlo puede quedar bien. Me molesta hablar de política cuando pasa por mi mente todo eso que no puedo detener. Ahora pásame a María.
  • No se llama María, Jesús.
  • Claro que sí. Se llama María, como su madre. Y yo no me llamo Jesús. Ese nombre me lo pusiste tú la primera vez que me viste desnudo. Ja, hay dios mío. Dice que entre todos los crucificados de esa época Jesús era el que tenía el pene  más grande, y parece que a final de cuentas lo condenan por no aceptar una invitación del emperador. Con aquel dios entre las piernas Magdalena hizo su reconocimiento. Si bien es broma lo del pene, es cierto que cuando uno se niega a algo surge interés por verlo a uno muerto.
  • Yo tampoco me llamo María, Jesús.

Él pensó un momento.

  • ¿No te parece increíble que hayan mujeres que se llaman María Magdalenas?
  • Nosotras no nos llamamos así.

-Claro que sí, se llaman Marías para mí, y son unas Magdalenas.

A ella siempre le gustaron los juegos de él. En realidad no le importaba la diferencia política. Y ahora comenzaba a entender todo.

  • No sé por qué te empeñas en defender un gobierno que siempre te ofende.
  • Lo único que me ofende es la gente que lo juzga a uno.
  • Pero siempre estás bebiendo.
  • Me gusta escribir historias de cualquier otra cosa, la bebida es una excusa para tener tiempo. Pásame a María.
  • Está bien, Emiliano, me llamo María – dijo, y luego le comunicó a su hija.
  • Aló, hola Papá. ¿Cómo estás?
  • Cada vez más cerca de ti.
  • ¿Estás llegando? Me estás llamando por un celular.
  • No hija, estoy más cerca de ti en otro sentido. Algún día lo entenderás.
  • Siempre me aplicas la misma. Lo de que algún día me dirás, yo no te estoy diciendo que voy a tirar con nadie, aunque espero que no se tarde mucho. Por ahora lo que quiero es que me expliques…
  • María, ¿quién te enseño a hablar así?
  • ¿Así cómo?
  • De “tirar” cuando tienes 13 años.
  • Ya me desarrollé, tu escribiste un ensayo que los Kariña dejan tirar a sus hijas cuando tienen el primer sangrado.
  • ¿En qué peo me metí con ese cuento? Espero sepas que para ser libre debes saber lo que quieres más que querer lo que sabes.
  • No me llames María que me gusta más Magdalena, la que parece que le decía a Cristo que trabajara. Cristo inventó el cuento de dios para no trabajar. Ja.
  • ¿Cómo es la vaina?
  • Jajajjajajajajaja ¿por qué no te ríes papá?
  • Parece que hice algo bien. Eres parte de una historia que comencé a escribir hace mucho tiempo y que no sé cómo termina porque la vas a seguir escribiendo tú. Ahora veo que estás aprendiendo a escribirla y además con humor. Otra cosa María. Cuando uno dice algún día, aunque se trata del futuro en realidad es un deseo del presente.
  • Ahora sí papa. Tranquilo, te está cambiando la voz… ya entendí más o menos. No te preocupes que yo entiendo la dialéctica. La escuálida es mi mamá. No tengo por qué apresurarme, por eso lo digo y me quedo tranquila.
  • Ojalá la dialéctica pudiera servirme en este momento.
  • Tráeme algo.
  • Te lo llevaría, pero no creo que llegue a casa esta noche. Tengo que escribir mucho tiempo. Después de todo hay una forma de ganarse la vida narrando.
  • ¿Qué vas a hacer?
  • Te dije que escribir.
  • Tú siempre escribes aquí en la casa.
  • Pero hoy tendré la oportunidad de escribir en otra parte.
  • Me escribes un cuento a mí como el de la dialéctica. Así de interesante.
  • Prefiero los que tú escribes. Ahora pásame a tu madre. Aló, María.
  • Dime, Emiliano. Vez como está de grosera!! Deja de escribirle cuentos con groserías.
  • ¿Tú siempre me has amado?
  • No me vengas con eso ahora, tú sabes que lo nuestro se terminó, nadie lo soporta más.
  • ¿Pero, cuándo me amaste, cuánto fue eso?

Después de un instante eterno, contestó.

  • Mucho, todo lo que pude, todo lo que sé…
  • Entonces, ¿por qué me abandonaste?
  • Ya te lo he dicho muchas veces.
  • Repítelo, por favor. Quiero escucharlo nuevamente.
  • Porque tú nunca estuviste conmigo, y nunca te entregaste. Quien se abandonó fuiste tú, yo seguí tus ordenes de lo que había que hacer contigo cuando no pude oponerme más.
  • No, eso no. Quiero escuchar lo que me dijiste cuando nos estábamos separando.
  • ¿Qué? Ya recuerdo. Que puedes estar demasiado tiempo ausente, encerrado en otro mundo, demasiado lejos y nunca estás conmigo. Tú nunca viviste conmigo. Tú pocas veces has vivido con alguien. Parecía como si el que está conmigo fuera un señuelo, un doble y el de verdad siempre estaba imaginando algo.
  • Sí, eso mismo es. Tienes razón. ¿Y cuánto tiempo crees que se pueda pasar uno por allá lejos? ¿No tienes idea? No importa, mejor olvídalo. No significa nada, yo no necesito significar nada y pensé que eso era bueno. Hablar por hablar es una trampa. Cortázar ha debido de saber eso. Una trampa de gente con problemas diversos, comorbilidad se llama. Sólo que ahora puede servirme, porque no puedo correr pero sí esconderme.
  • El dicho popular es al revés.
  • En mi mundo se dice así, muchas cosas son al revés.
  • Por favor ven, pero avísame.
  • Siempre y cuando no encuentre mis cholas mojadas todo está bien.
  • ¿A qué te refieres?
  • No te hagas la loca.
  • No te hagas tú el cómico. Seguro estás con otra mujer ahora.
  • Ojalá fuera eso.
  • Siempre lo mismo.
  • Siempre lo mismo digo yo. Lo que sí creo es que cuando una historia que se narra llega lejos puede invadir la realidad si permite identificarse a la gente. Estoy descubriendo que la brujería siempre fue un arte y que éste deriva en todo lo demás.

El narrador se despidió a secas, colgó y fue hasta la barra. Se sentó al lado de su acompañante que lo miraba de reojo hurgando por datos descaradamente. La chica sentada a sus espaldas fue al baño. Mientras ella volvía, el cancerbero sentado le dio al narrador una foto con su familia.

  • Ya lo imaginaba.
  • Son medidas necesarias para este oficio.
  • Voy a continuar mientras corroboras eso.
  • ¿Qué?
  • Que sólo hablé con mi familia y no los alerté de nada.
  • ¿Por qué no?
  • Fíjate, un cuento es como una torta, necesita detalles en el exterior, pero también sorpresas en el interior.
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Acerca del autor

Argimiro Serna

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