Literatura

Películas Para Leer. Tal 13

Películas Para Leer. Tal 13 - Literatura

 

Juan y Jony

 

Por la carretera venían rodando en un carro viejo y rosado al que sus dueños anteriores le habían adaptado un moderno aparato de sonido. Cuando escuchaban un programa de música actual un locutor lo interrumpió con noticias. Informaba sobre dos tipos extraños que torturaban psicológicamente a la gente antes de robarla. Comenzaron a discutir sobre eso:

 

  • Debimos robar. Ahora igual nos están buscando, solo que no tenemos nada para defendernos.
  • ¿Cómo se te ocurre caerle a tiros a un reproductor? ¿Cómo pensabas que lo iban a interpretar?

En eso vieron en plena carretera un tipo que iba caminando todo golpeado y se detuvieron a menos de un metro de atropellarlo. Era el muerto.

  • Buenas tardes, caballeros. ¿Qué tal? -dijo el muerto
  • ¿Y éste de dónde salió? -preguntó Jony
  • ¿Se cayó por la colina, amigo?
  • Sí. Unas cuantas veces. ¿Tienen un cigarro?

Jony saca la caja y le regala un cigarro

  • Te va a arder.

El muerto los mira sonriendo mientras inhala cuando Juan intenta conocer la aparición.

  • A mí ya no me duele nada.
  • Me cae bien este tipo.
  • ¿No quieres que te llevemos a un hospital?
  • A estas alturas sería mejor la morgue, pero no me dejarían salir. La morgue es el lugar para los muertos que ya no salen.

Juan y Jony se le quedan mirando.

  • No se preocupen por mí, ya estoy acostumbrado.
  • Es que te vez muy mal.
  • Ya sé, pero me siento muy bien.
  • Hasta pareces un muerto.
  • A lo mejor soy uno.
  • ¿Quieres comer algo?
  • No tengo hambre, sigan su camino y no le digan a nadie que me han visto, por favor.

Con el cigarro entre los dedos, el muerto se fue caminando mientras los dos tipos lo veían alejarse.

  • Ese tipo está más jodido que tú,
  • Y que tú
  • Fue demasiado crack.
  • Probablemente… Pero se veía muy tranquilo.
  • Parecía un muerto de verdad.
  • Los muertos no hablan ni caminan.
  • Es imposible probar eso.
  • Tú siempre negando lo probable.
  • Lo principal de la vida no es probable.
  • ¿Qué? Por ejemplo.
  • Las emociones, por ejemplo.
  • Mejor vámonos de aquí.

Y se fueron de ahí hasta el pueblo más cercano donde comieron algo, y Jony pudo tomar por fin sus medicinas.

Se trataba de un pueblo de la zona habitado por gente difícil de conocer, posiblemente destinada a desaparecer por la terquedad de no adaptarse a un mundo que cambia. Un vértigo mantiene a la gente aferrada a la ventana de la casa de dónde partieron alguna vez.  El abandono general de la gente que se atreve por parte de la gente que no entiende produce más delincuentes que el diablo. Pero la resistencia a desaparecer de un mundo que está ante el advenimiento de otro acontece en la memoria de la gente como si fuera un vientre, y aunque sean falsos la gente los prefiere sin son más agradables. Ante la contundencia de una invasión desconocida necesitamos intuiciones, pero nos hemos acostumbrado a despreciarlas porque se han contaminado. Así resuelven muchos la confusión, despreciando todas las posibilidades.  El mejor refugio para los que huyen de la delincuencia.

En el bar, el visitante miró alrededor y pudo ver en los rostros de la gente cómo se iban interesando por la historia del elocuente narrador, que continuó con el diálogo entre Juan y Jony.

  • ¿Una gente que nos narra a nosotros? De qué te sirve inventar eso.
  • No sé todavía.
  • O son úlceras o es tu brutalidad auténtica.
  • No se entiende un carajo.
  • Tú sólo sabes robar carros.
  • Y tú siempre terminas haciéndote la paja, ninguna mujer te para bolas porque te la pasas pensando güevonadas.
  • Yo creo que la sociedad ha evolucionado a partir de la masturbación. Es como una forma de protesta ante tanto estímulo intrascendente. Además del rollo que siempre arman las mujeres por cualquier vaina.
  • Tú como que eres marico, por eso las mujeres te salen corriendo.
  • No tengo tantos hijos regados que ni te sabes sus nombres.
  • Claro que me los sé.
  • A ver, dilos
  • Inés, María, Eugenia, Sandra, Carmen…
  • Vez, lo más probable es que ellas salgan tan putas como las madres y las mujeres que se acuestan contigo.
  • Ahora sí te jodiste!

“Al notar el encono  Juan se adelantó con un puño a la cara que Jony esquivó ágilmente y contestó con uno al estómago. Juan se inclinó un poco, pero se enderezó rápido y le lanzó otro a la cara que Jony no pudo detener del todo porque venía con mucha fuerza y se llevó parte del impacto en la cabeza, así que respondió con una lluvia de golpes hacia todas partes para evitar que Juan se armara de nuevo. Pero en un momento no calculado, al alzar la izquierda, la mano derecha de su compañero fue a dar en la oreja del ulceroso. Este sacó su navaja y se la puso a Juan muy cerca de la cara.

“Así se quedaron sin decir ni insinuar nada, mirándose y respirando aceleradamente. Hacía frío. Por la frente de Jony se deslizaba un caminito rojo de sangre. En la cara de Juan se iban madurando poco a poco algunos moretones. Recogió su sándwich, que le había caído entre las piernas, y le dio un mordisco, con la navaja de Jony apuntando todavía a la altura de la quijada, muy cerca de la piel. Juan habló primero.

  • Yo siento una culpa también, y con el tiempo me doy cuenta de qué es una trampa, o una trama. Incluso escapar de ella. Todo es una trama y si uno se suma a ella, si uno se entrega a vivir sin temores es porque otro nos está escribiendo. Por eso la gente está en ese bar narrándonos.
  • No entiendo lo del bar narrándonos, pero esa culpa ¿es de antes, muy antes, que uno no sabe de dónde viene? -preguntó Jony en esa misma posición sin bajar todavía la navaja.
  • Sí, es como una derrota que uno hereda.
  • Sí se entiende un poco la cosa después de todo.

Juan recordó algo que hacía faltaba decir.

  • ¿Te acuerdas cuando robamos un carrito por puestos solo con la mirada?
  • Sí.
  • No teníamos pistola pero la gente no se atrevió a hacer nada.
  • Los asustamos con los ojos y se quedaron fríos.
  • Y después tardaron horas en atreverse a salir con esa plastilina que le dejamos pegada a las cerraduras y los vidrios.
  • Estuvo muy bien lo de los cables. Eso los convenció, y esa cajita que pusimos debajo del camión.
  • Tuvo que llegar la policía para abrirles. Las películas de Holiwood han adelantado nuestro trabajo.
  • Sí, tuvo que llegar la policía.
  • Eso se llama ingenio y fuerza personal. Esa fuerza personal nos quita una culpa, pero también nos hace culpables. Hay que pensar bien cómo funciona el sistema para no ocupar el lugar de un simple delincuente, una amenaza para la comunidad. La raza perfecta es la mezcla perfecta, la raza culpable de toda la historia es la raza pura. Todo el pasado de todas las razas está en la mezcla perfecta.
  • Ya! – responde Jony con tono de fastidio – No soy una carajita en un bar. Sigue con lo otro.
  • ¿Es mucho pedirte que entiendas tal cosa? ¿O por lo menos que entiendas el placer que me proporciona la idea?
  • Tú te la pasas en las ideas, yo prefiero viajar un poco más cerca de las cosas buenas.
  • Yo también estoy en el planeta Tierra. Estoy más cerca que tú. Sólo que no puedes verme en todas la dimensiones.
  • ¿Cuantas dimensiones pueden haber para conocer a alguien? Yo confío en ti porque te vi venir sin intereses. Apareciste cuando era necesario sin pedir nada. Confío porque o te interesa todo o no te interesa nada, pero al mismo tiempo no sabes ser un capitán y yo solo soy soldado, así no sabemos a dónde vamos.

Después de decir todo esto Jony bajó su navaja. Sonaba una canción muy mala por la radio, pero la dejaron toda porque Juan estaba concentrado en su sándwich y Jony en recordar que un día empezó a robar para conseguir lo que necesitaba inmediatamente. La vida no tardó en convertirse en una competencia por gozar cada vez un poco más, con esa culpa persiguiéndolo siempre como si su existencia fuera un atentado para la gente a su alrededor. Y después nunca más ha tenido oportunidad de retroceder. Cuando no hay espacio para retroceder no puedes permitírtelo. Puedes perder incluso, pero no retroceder. A veces, a pesar de la derrota, al final se ha ganado espacio, como el que se abre entre ellos dos, que comprenden sus diferencias a su manera.

  • Es bueno eso que escribiste – reflexionó Jony al aire. A juzgar por el silencio que continuó, estaba hablando más bien con sigo mismo.

 

Esta gastritis la conseguí en la cárcel fumando como un policía pedófilo, desesperado porque el tiempo pasaba y mi juventud se perdía sin poder hacer nada, y este tipo es el único que sale ahora que nadie confía en mí, ahora que todos me rechazan por andanzas que de repente se volvieron en mi contra. Lo que me gusta de este tipo es que sólo quiere pensar y para eso necesita vivir, así que soy como una especie de impulso. Porque a coñazos no se muere nadie, como digo yo, y la muerte no es lo peor, como dice él, así que el tipo sabe lo que hace y desde ese día cuando recién había salido de la cárcel y un montón de carajos me cayeron encima a mí solo para reventarme, fue él el único que salió por mi. Le dieron duro, pero nadie lo pudo tumbar, a pesar de sus pies planos. Y sin yo conocerlo ni siquiera. Y todo por una deuda que tenía con uno de los trece tipos que se me vinieron encima, y bueno, también porque había rajado a más de uno de ellos en otras oportunidades, y también le pegué un tirito a uno que lo recuerdo bien cuando trataba de clavarme las muletas en las costillas… Lo cierto es que él me ayudó, y después no le ha interesado de dónde carajos vengo ni quién soy y no me tiene miedo y sabe defenderse de mí porque es el único que me habla de frente y  con sentido, y hasta nos entendemos sin sentido por como suenan las palabras. Y nadie lo ha podido tumbar nunca, es un hombre que sale palante. Confiemos en él. Vamos a donde no se sabe ya que hasta el momento saber a dónde voy no ha resultado muy bien.

Jony dijo:

  • Debes seguir pensado así viejo. Me gusta, que después de ti siempre termino entendiendo algo en la mente.

Juan voltea y lo mira a los ojos como antes, cuando lo apuntaba con su navaja.

  • ¿Se puede entender con el cuerpo también? Cómo que sí… Eres un genio Jony.

Y se metió en la boca el pedazo de sándwich que quedaba.

  • ¿Por qué estamos escuchando esto?
  • No sé.
  • ¿Por qué no lo quitamos?
  • No sé.

Se sentían bien, así que podían perdonar la mala música como esta que suena aquí ahora. Posiblemente eran las estrellas y el brillo que nunca podían ver en la ciudad lo que convertía cualquier cosa en parte del universo. Porque una mala música a veces es como un decorado de una obra de teatro. El problema viene cuando se intenta conseguir  con temor el respeto perdido por ignorancia. Así que ahí está el secreto. La realidad es como un decorado caótico y callejero que cobra belleza según el punto desde donde se mira, como si fuera una obra de teatro dispuesta para los primeros asientos que se desdibuja desde los balcones. Todo funciona en la obra de teatro hasta que alguien se siente tan ofendido que pierde la esperanza, y escribe una teoría de eso.

  • Pensé que era una radio.
  • Uno los imagina al oírlos.
  • ¿De qué estamos hablando?
  • ¿Ya no importa?

 

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Acerca del autor

Argimiro Serna

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