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Películas Para Leer. Tal. Cuarto Capítulo: Mapa Fluvial

Películas Para Leer. Tal. Cuarto Capítulo: Mapa Fluvial - Literatura

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  • ¿Qué te parece? -preguntó el narrador sin licencia, cuando una música desagradablemente comercial comenzó a sonar por las cornetas de la tasca.
  • Es interesante. Me gustaría saber qué pasa después.
  • Más bien antes y en otra parte.

                                                                  Juan y Jony

Eran dos tipos que venían sentados en un autobús de esos pequeños. Uno sudaba mucho y estaba sentado hacia el centro del minibús, el otro veía pasar todo rápidamente a través del cristal de la ventana, mientras pensaba cualquier cosa.

“En ese momento el chofer puso una música paupérrima y escan­dalosa que llaman reguetón, al mayor volumen que pudo, como esta que oímos aquí. Nadie dijo nada, igual que aquí, pero uno de aquellos hombres sudaba mucho y no aguantaba más. La música lo torturaba profundamente.

  • ¿Otro ataque de gastritis? ¿Quieres una bolsa de Eno? -preguntó el de la ventana que se llamaba Juan.
  • Sí, dame una bolsa de Eno – respondió el otro que llamaba Jony

-¿Estás seguro?

  • ¿Para qué la ofreces, si no me la vas a dar?
  • Es que no hay agua.
  • No importa.

“Jony se echó el polvo efervescente en la lengua y lo tragó como pudo. Cogió su pistola, se levantó, caminó con los tendones del cuello marcados como un mapa fluvial y le disparó al aparato que reproducía la música hasta descargar el arma por completo. Le dijo al chofer que no volviera a poner esa música y que siguiera manejando tranquilo todo el recorrido, porque no le iba a pasar nada si no volvía a poner esa música.

“Cuando regresó hasta su puesto, su amigo Juan le comentó irónicamente.

-Las balas cuestan dinero.

  • Los reproductores también – contestó Jony atolondrado por el dolor en su estómago.

“Y siguieron un trecho sin decir nada mientras los pasajeros bajaban en cada parada, hasta dejar solo al conductor, el cual también se bajó abandonando el autobús con los dos tipos dentro.

  • Creo que nos dejaron solos.
  • Sí, yo también lo creo.
  • ¿Sabes manejar estos autobuses?
  • No, pero no debe ser muy difícil.
  • Olvídalo, de todas maneras es muy difícil robarse una cosa de éstas sin que te atrapen después de cuatro cuadras.

“Los dos se bajaron. Uno se tardó más que el otro porque podría decirse que cojeaba de ambos pies, tanto que su amigo tuvo que ayudarlo. El chofer los denunció, pero no los atraparon porque para cuando llegó la policía ya se habían robado un carro viejo, huyendo así con más tranquilidad de la que ningún otro antisocial que se hubiera visto por aquellos lugares.

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Acerca del autor

Argimiro Serna

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