Literatura

Películas Para Leer. Tal Sexto Capítulo: Imprevisiblemente



Películas Para Leer. Tal Sexto Capítulo: Imprevisiblemente - Literatura

Juan y Jony

 

  • ¿En este pueblo no hay un solo yip? -dijo Jony
  • Parece que no.
  • ¿Con qué coño suben a la montaña entonces?
  • Con los pies.
  • ¿Y con qué llevan la comida?
  • En mula.
  • Todo el mundo usa celulares con cámara y esta gente todavía sube en mula.
  • Pues tú sabes navegar en internet pero no te puedes robar un carro que no sea un rústico, no critiques a esta gente. Hacen lo que saben, igual que como tú.
  • Coño, pero los yips son más fáciles.
  • No hay ninguno por aquí, y necesitamos un carro ahora mismo.
  • Está bien, vamos con ese carro viejo.

El apuro se debía a que venían de robar una farmacia donde consiguieron medicinas para las úlceras de Jony.

En la farmacia la cosa fue más o menos así.

  • Disculpe señor -había dicho Juan al farmaceuta-, nosotros tenemos estas pistolas que valen mucho dinero, quizá usted pueda cambiárnoslas por éstas medicinas que tenemos anotadas aquí. Mi amigo está verdaderamente mal con esas úlceras y necesitamos su ayuda. Sale ganando con el cambio, ¿qué me dice?

El farmaceuta miró a Jony parado en el umbral de la entrada, con la tez un poco amarilla. Cuando le ardía el estómago su cuello parecía un mapa hidráulico, como dije antes.

  • Tomen las medicinas, llévenselas. No quiero pistolas. Vaya forma de amenazarlo a uno.
  • No lo estamos amenazando, las pistolas cuestan dinero. Sólo queremos esas medicinas.
  • Llévenselas, llévenselas. Por favor, no me hagan nada.

Entre el dolor de estomago y la tensión Jony no aguanta más la contrariedad. Camina hasta el mostrador y le da una cachetada al señor.

  • Cállate viejo marico, no te estamos robando, es un cambio de pistolas por pastillas.
  • Cálmate Jony.
  • No me hagan nada, por favor, no me peguen más -implora el señor.
  • ¿Quién te está pegando? -dijo Jony.
  • Tú le pegaste – apoyó Juan la moción del viejo.

La situación se puso tensa cuando Juan era el único capaz de darse cuenta.

  • ¿Qué?
  • Vámonos de aquí.
  • De acuerdo.

Jony salió de la farmacia.

  • Jony -gritó Juan aún adentro

Volvió a entrar.

  • ¿Nos llevamos las medicinas?
  • ¿Por qué no?

Juan las metió en el morral y salió caminando despacio

  • Apúrate Juan, que el viejo no para de gritar.
  • No puedo, me duelen los pies una barbaridad.

Pero con todo y dolor Juan y Jony salieron corriendo calle arriba rumbo a cualquier parte, hasta que apareció un policía imprevisiblemente.

  • Tranquilos, sólo denme algo y se van.
  • ¿Cómo?
  • Bájense con algo.
  • Dale algo, Juan.
  • ¿Un plomazo?

El policía se asustó y salió corriendo. Volvieron a quedarse solos.

  • Camina más rápido.
  • Sabes que no puedo.
  • Vamos a tener que robar un carro.
  • De acuerdo, qué te parece el Séfir rosado.
  • Prefiero un yip.
  • Pero no se ven yips por aquí.
  • Busquemos uno, tiene que haber.
  • El Séfir está más cerca
  • No me gusta ese color.
  • Pero está más cerca.
  • ¿En este pueblo no hay un sólo…?

 

En la barra

  • Y así.
  • Está un poco exagerado.
  • Pero tiene sentido…
  • Puede ser. ¿Y mientras tanto qué estabas haciendo tú?
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Acerca del autor

Argimiro Serna

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