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Pepito y el Humanismo Ecosocialista

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Pepito y el Humanismo Ecosocialista - Medio Ambiente

“Llegará el día en que el resto de la creación animal podrá adquirir esos derechos que nunca pudieron ser alejados de ellos más que por la mano de la tiranía”.
Jeremy Bentham

 

Pepito, así llamó mi hijo mayor a un perrito Pudle de 2 años, que rescató de la calle hace ya una semana, y cuya historia de este sobreviviente, es de nivel olímpico, cuando hablar del socialismo se trata.

Pepito fue acogido por mi muchacho, en una condición deplorable y lastimosa. El animal estaba infectado por garrapatas, el pelo enredado y sucio, hambriento, vomitaba la sangre, temeroso y con las patas traseras inmóviles, porque las arrastra. Tampoco le hemos escuchado ladrar la primera vez.

Ese día, representó toda una odisea llevarlo a un médico veterinario, darle de comer, y posteriormente, adquirir las medicinas del tratamiento que le fue prescrito, y que de antemano sabíamos que le iban a ordenar por el estado de salud que presentaba. De hecho, cuando fue evaluado por la Veterinaria ese día y dada las condiciones tan deterioradas que presentaba, le habló a mi hijo de ponerlo a dormir, y cuyas palabras retumbaron en su alma, por supuesto, negándose a ello y determinado a quedarse con la mascota.

Y así, lo hemos venido llevando, para que evolucione satisfactoriamente, bajo un estricto tratamiento médico, dentro de la lentitud que amerita el proceso para restaurarle la vida. Nuevamente, esta semana, mi hijo y su novia, lo trasladaron para que se le practicaran unas placas de “RX cadera y articulación doxo femoral”, también ordenadas por la doctora, a fin de conocer las posibles lesiones que le impiden levantar las patas traseras. ¿Y con qué se encontró la Veterinaria?

La mascota, por los resultados de las placas, no fue atropellado por vehículo alguno, como presumíamos, por cuanto que no presenta fractura de cadera, ni fractura de columna, que lo condene a vivir arrastrándose, o a colocarle una prótesis para sostenerle las pastas traseras, ni a la incontinencia urinaria que presenta, desde que fue rescatado.

La Médico Veterinaria dedujo que, Pepito fue sometido a torturas, fuertes golpizas y aislamiento, desde pequeño, lo que conllevó a la atrofia en la motricidad que presenta, por otra parte el animal está afectado emocionalmente, y esto le trajo como consecuencia el desorden con el control de efínteres, y simplemente, sus originales dueños, tomaron la determinación de botarlo a la calle.  En un acto de fe, se me ocurre mencionarle el caso a una vecina, que en el tiempo se rasgaba las vestiduras por los proteccionistas formales de la revolución, y lo único que le faltó fue decirme que necesitaba la declaración jurada del perro, para conocer la veracidad de los hechos.

¿Y qué tiene que ver la Venezuela socialista en todo esto? Pues, la Venezuela socialista instaurada de facto en Venezuela, lleva 19 ininterrumpidos años cultivando la acentuada perdida de principios y valores en la sociedad, donde el trato a los animales también cuenta. Es decir, que la vida de los animales, también ha sido cosificada.

Pero además, en Venezuela, dentro del abanico de misiones socialistas desplegado, también se creó la “Misión Nevado”, y cuyos promotores la definen, textualmente como: animalista, humanista, ecosocialista y revolucionaria. Todavía desconocemos con qué se come esto, pero así es como la describen. Eso sí, las bondades del proteccionismo se enarbolan, hasta que Maduro en sus variopintas locuras, convoca una marcha contra el imperio, un simulacro electorero, un evento del patriotismo politiquero, o hasta un toque y baile de salsa, porque inmediatamente se les olvida la razón de ser y de existir, a los cuidadores de las mascotas de Bolívar en la calle.

La abominable realidad social que se vive en Venezuela, ha llevado a una alarmante superpoblación de perros y gatos en las calles de cada región que ilustra nuestro mapa, y que además a corto plazo representa un problema de salud pública, latente. A ello se suma también, que muchísimas mascotas que tenían un hogar seguro, techo, abrigo, comida y amor para vivir, ahora engrosan la lista de los abandonados, como fauna urbana, porque sus dueños se fueron del país, dejándolos a merced de una ciudad hostil.

En consecuencia, cuando usted escuche hablar de “especies en extinción” en Venezuela, sepa que este hecho, no es proporcional a la cacería furtiva, es proporcional al sólo hecho de ser, habitantes de la Venezuela socialista.

 

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Euridelva

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