Literatura

Percepciones de una insomne

Percepciones de una insomne - Literatura

Despertares periódicos a la 1, 1:15, 1:45, las 2:20… noches entre despertares en los que acudo al teléfono, que a mi lado adquiere la incómoda presencia de un huésped sin noticias. Pausas breves hasta el tranquilizador despertar definitivo, hasta que el sonido de la alarma inaugura el día para todos, dejándome menos sola en la vigilia. Durante la noche el sueño de los demás se convierte en un velo asfixiante que entorpece mis movimientos y enturbia mis ideas, la oscuridad adquiere cierta densidad y todo se vuelve menos real que mientras luce el sol.

              Me incorporo al día con alivio, solo para los audaces son visibles los vestigios de mi mala noche en mis ojeras. Un surco más, su color violáceo es hoy un poco más oscuro. Bebo café, otro café, venga, el último de la mañana, que me sacude y me saca de mi ensimismamiento, pero a la vez me acelera el corazón y me dispara el pensamiento. Me mantengo en un equilibrio difícil, pero estable por antiguo. Si tú supieras, compañero. Él me sabe y yo lo sé. Mi compañero hecho de neuronas crispadas, de dientes apretados, de gritos que me tensan los alveolos hasta cerca del límite de lo soportable y les impiden deshincharse por completo. De indiferencia, de ojeras excavadas, del ruido de la sangre al pasar por mis arterias inflamadas por la enfermedad. Tengo padrastros en los dedos, donde la sangre fresca se mezcla con la piel muerta, blanca, dura y seca de los que me hice ayer.

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