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Persiguiéndote

Persiguiéndote - Literatura

“atrápame” susurraste en mi oído justo antes de echarte a correr entre los árboles.

Emocionado, decidí perseguirte.

Ibas muy rápido y la imponente luz de sol que se filtraba entre las hojas me dificultaba ver con claridad tus movimientos.

Al rato, pude ver como la túnica blanca que te vestía, se deslizaba entre la naturaleza, muy lejos de mí.

Pronto sentí la ausencia de aire, aunque mi corazón estaba repleto de furor por ti.

En eso, mi vista te perdió y me detuve abruptamente en un claro.

Mientras recuperaba el aliento, trataba de alcanzarte con mis ojos, pero no estabas allí.

Pensé que debía tratar de oír tus pasos, aunque al estar descalza eso se volvía casi un imposible.

Una extraña inquietud me invadió hasta que, algo escondida por las sombras de ciertos arboles me dijiste “estoy por aquí”

Fue así que, cubierto de alegría, comencé a correr de nuevo, tratando de dar contigo.

Eras muy rápida y te movías con delicadeza entre la naturaleza.

Tu dulce fragancia me ayudaba a no perder tu rastro.

Al rato, estabas lejana nuevamente y no comprendía como, si hasta unos instantes estuvimos muy cerca.

De pronto, luego de perderte de nuevo, llegue a la costa.

El imponente mar estaba frente a mí.

Sufriendo algunos estertores, mire hacia ambos lados mientras la selva se quedaba a mis espaldas.

“no está” pensé con un dejo de tristeza.

De entre las aguas, emergiste desnuda y, luego de un instante, dijiste “aquí estoy”

Así que, guiado por mis impulsos, abandoné la arena y me dispuse a alcanzarte en el mar.

Ya frente a ti, miraste con intensidad mis ojos mientras una sonrisa se escapaba de tus labios.

“te amo” murmure justo antes de besarte.

Podía sentir todo tu calor fundiéndose conmigo.

Mientras este beso sucedía, comencé a sentir algo extraño.

Tus labios se habían puesto muy fríos y entonces, alarmado, me separe de ti.

Seguías mirándome, pero ahora, tenías lágrimas en los ojos…lágrimas de sangre.

“¿por qué?, dime ¿por qué?” me preguntaste mientras tus lagrimas iban tiñendo el mar de rojo.

Temblando, no sabía qué hacer.

Como pude grite: “perdóname!” justo antes de que una inmensa ola nos arrastre a los dos.

Entonces, empapado en sudor, desperté.

Lentamente me acerque a las rejas de mi celda.

Llorando, pensé: “nunca podré perdonarme”

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Acerca del autor

Britania

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