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¿Personajes públicos con características de psicópatas narcisistas?



¿Personajes públicos con características de psicópatas narcisistas? - Política
En España ha saltado la noticia que Pilar Baeza, la candidata a la alcaldía de Ávila por el partido de Podemos, fue condenada por asesinato en el año 1985. Esta noticia me ha hecho plantearme la necesidad de analizar algunas cuestiones relacionadas con este tema.
Por un lado está el tema de la reinserción, algo en lo que estoy totalmente a favor. No creo que se deba castigar por siempre a nadie por los errores que pudiese cometer en el pasado, y antes de considerar si una persona es capaz o no de reinsertarse, hay que valorar muchas cosas y hacerlo con una mente abierta, dado que somos muy proclives a juzgar a otros sin ponernos en sus zapatos. Pero claro, hay otra cuestión desconocida por gran parte de la sociedad, y es la figura del psicópata/sociópata/narcisista. Un perfil ignorado por muchos, por no decir la mayoría, pero que existe y está ahí, entre nosotros. En palabras el Doctor Iñaki Piñuel, a lo largo de nuestra vida nos vamos a cruzar con una media de 60 psicópatas. Es una estadística escalofriante.
Por este motivo, ante una noticia como esta, y sin ánimo de juzgar a nadie de antemano, mi opinión no puede ser más clara: si una persona ha cometido un delito (máxime si es un asesinato) y quiere acceder a un cargo público que conlleva una alta responsabilidad, tomar decisiones que afecten a miles de ciudadanos o tener la capacidad para pactar o derogar leyes con las que todos tenemos que convivir, debe pasar un exhaustivo examen psiquiátrico por un especialista que descarte cualquier tipo de patología, independientemente de si legalmente puede acceder al cargo o no (eso ya es otra cuestión aparte). Quizás os parezca una medida exagerada, pero, ¿no son necesarias las pruebas psicológicas para cualquier policía que quiera ejercer como tal? Es lógico, puesto que su trabajo (y llevar un arma) implica una gran responsabilidad, pero ¿acaso un político no tiene también una gran responsabilidad sobre la vida de otras personas?
Tengo la sensación, quizás equivocada, de que en España no terminamos de comprender el alcance y la responsabilidad que implica esa figura pública del político (te dejo un artículo que quizás te interese: Políticos en España, ¿nos están tomando el pelo?). Les pagamos, toman decisiones en nuestro nombre, tienen en sus manos el poder legislativo, pero es evidente que la normativa para acceder a sus cargos y el nivel de exigencia, no siempre es acorde con el sueldo que cobran y la responsabilidad que recae sobre ellos. Y hablo tanto a nivel cultural (más de una vez he sentido vergüenza ajena al escuchar a ciertos políticos desconociendo algo tan básico como la Constitución Española), como en otras capacidades. Nos quejamos mucho, pero nos olvidamos que para poder pedir todo esto, nosotros, los ciudadanos de a pie, somos los primeros que debemos estar informados para saber exactamente qué debemos exigir a un cargo público que no sea únicamente unas ideas políticas que más o menos cuadren con nosotros o un discurso que llame nuestra atención (porque por desgracia, lo de leerse el programa electoral de principio a fin antes de tomar una decisión, tampoco es una práctica habitual).
Pero volvamos al tema central. ¿Por qué me parece tan importante detectar a un psicópata/sociópata/narcisita dentro de cualquier ámbito, y como no podía ser de otro modo, también este? Primero, porque es un trastorno de la personalidad que no tiene tratamiento. Al menos, no a día de hoy. Segundo, porque sus características son lo diametralmente opuesto a lo que debería ser una persona dedicada al servicio público: carecen totalmente de empatía, de honestidad, no tienen remordimientos ni capacidad de autocrítica, son altamente manipuladores y su prioridad siempre son ellos mismos. Y ojo, no estoy diciendo que todos los psicópatas acaben siendo asesinos ni tampoco que todas las personas que han asesinado sean psicópatas. Esa es una percepción errónea que he escuchado de muchas personas. Una persona puede llegar a asesinar en defensa propia y aunque este acto puede ser reprobable y condenado por un juez, no implica necesariamente que se trate de un psicópata narcisista. Al igual que un psicópata narcisista puede no matar a nadie jamás, pero por el simple motivo de que, o bien no lo necesita, o bien su valoración de las consecuencias legales que acarrearía para él, no le compensa.
Por eso quiero recalcar, que un psicópata integrado no se corresponde con esa imagen influenciada por películas que muchos se imaginan. Al contrario, suelen ser personas aparentemente amables, que saben imitar y catalogar perfectamente las emociones de otros (aunque ellos no sea capaces de experimentarlas), suelen tener grandes habilidades sociales, y una imagen «hacia el exterior» perfectamente formada y acorde a sus propósitos, además de una frialdad absoluta oculta a los ojos de los demás.
Supongo que recordaréis el caso del asesinato de Gabriel a manos de Ana Julia Quezada. Ese es un perfil, desde mi punto de vista, totalmente representativo de lo que significa este trastorno llevado al extremo, aún sin haber tenido la oportunidad de revisar su informe psiquiátrico y no poderme aventurar a hacer un análisis profundo. Pero, simplemente por los datos a los que cualquiera tiene acceso, Ana Julia fue capaz de asesinar a un niño de ocho años, un niño con el que había convivido sin que eso despertase el más mínimo vínculo afectivo en ella hacia el menor. Fue capaz además de llorar y participar en la búsqueda al tiempo que «consolaba» a sus padres. Esa frialdad, esa falta total de empatía y emotividad, esa capacidad de manipulación, de total ausencia de remordimientos, es el reflejo de lo que supone un psicópata/sociópata/narcisista llevado a su máxima expresión. Y durante años, esa característica de su personalidad había permanecido oculta, y de hecho, estoy segura que de no haber sido por la labor policial, habría continuado siendo siempre así. Y aunque no todos, ni mucho menos, acaban asesinando, hay un gran porcentaje, como diría H.G.Tudor, que no lo hacen porque, simplemente, no desean ir a prisión y porque hay grados de psicópatas narcisistas: está el menor, el mediano y el mayor, siendo los menores los más «torpes» y los mayores los más sofisticados y crueles en sus técnicas.
Por lo tanto, ¿Es posible la reinserción? ¿Deberíamos permitir que personas que han delinquido en el pasado formen parte de nuestro sistema de Gobierno, aunque legalmente puedan hacerlo al carecer ya de antecedentes penales (es decir, porque ha pasado el tiempo suficiente como para que estos estén ya cancelados)? ¿Deberíamos hacer algo para desenmascarar a los posibles psicópatas narcisistas que nos rodean? ¿Hay más psicópatas narcisistas en cargos públicos o incluso personalidades y/o famosos, que desconocemos? ¿Crees que podrías identificar a alguno de ellos? El debate está abierto, y por mi parte, me gustaría haber logrado hacerte pensar en ello y haber logrado que se despierte un poco más tu curiosidad sobre este tema. Si es así, te dejo algunos enlaces de otros artículos y reseñas que he escrito (encontrarás también más en mi perfil): ¿Tienes cerca de ti a un psicópata/sociópata/narcisista?, Combustible, de H.G. Tudor: la única motivación del psicópata narcisista, Exorcismo, Purgando al Narcisista y Contacto Cero, de H.G. Tudor y Estrategias para manejar a un psicópata/sociópata/narcisista.  Si te ha gustado, por favor, comparte en tus Redes Sociales para que pueda llegar a más personas. Gracias por tu tiempo. 😉
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Cristinace2018

3 comentarios

  • Amiga, esta es una muy buena idea. Si fuera obligación hacer un examen psiquiátrico a un político, antes de ocupar un cargo público, jamás hubieran existido ni Hitler, ni Mussolini, ni un Maduro.

    • Me alegro de que te parezca bien. Es que no olvidemos que los políticos tienen en sus manos el poder legislativo que luego nosotros tendremos que acatar. Y el trastorno del que hablo no es tan infrecuente como parece (y no lo digo yo, sino expertos como Iñaki Piñuel y muchisimos otros).
      Ya que nos representan y cobran los sueldazos que cobran, deberíamos ser más exigentes con ellos, al igual que lo somos con policías, jueces, magistrados, incluso cualquier funcionario en puestos básicos le piden antecedentes penales y conocer la Constitución y otros temas (dependiendo de a qué oposite). Un policía jamás accede a su puesto sin pasar unas pruebas psicológicas. ¿Por qué a un político que cobra mucho más y que tiene en su mano decisiones de mucha más responsabilidad, no?
      Un saludo! 🙂

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