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Política: ¿qué no es?

Política: ¿qué no es? - Política

Toda actividad que realiza el ser humano en su vida diaria es política por el solo hecho de interactuar con otros y tomar decisiones, inclusive las decisiones de no tomar decisiones, pues toda acción, tiene una reacción y marca una posición.

La política es intrínseca a la persona como ente social  al estar en su esencia la posibilidad de crear estrategias para conducirse diariamente, eso es política, aunque no lo sepamos o simplemente no reflexionemos acerca de ello.

La política no es necesaria, simplemente  es fundamental, es la esencia del ser y aún cuando se dice que se es “apolítico” eso  implica la toma de una posición ante la vida que es totalmente política.

Sin embargo, solemos confundir la política, con los políticos, es decir, esos señores que no necesariamente han estudiado algo que se llame “política” para construir un camino que los lleve a su meta final que siempre es el poder.

Generalmente confundimos política, que es un arte que podríamos definir en esencia con el hecho de de tomar decisiones y posturas ante la vida, con los políticos, que la usan con un fin preciso y la convierten en su leitmotif para obtener resultados personales, aunque les den apariencia de sociales y altruistas.

Ese hecho de confundir política, con políticos, es lo que hace que se desprestigie tanto a la primera, que es parte de nuestro ser social y de la cual no podemos prescindir, aunque sí de los segundos.

Quizás parece un poco complejo, pero ante el rechazo a los políticos, las personas terminan odiando al vehículo para obtener resultados en la vida social: la política, a la que asocian con esas caras desalmadas y egoístas que solo buscan beneficios propios.

Es como si se detestasen a los vehículos porque con ellos se producen muchos accidentes, cuando en realidad la responsabilidad es de las personas que los conducen. Esa es una disociación normal en los seres humanos, tratar de justificar para evadir la realidad, como el famoso cuento de la quema del sofá.

Ante esta situación la gente suele apartarse de lo que pasa en la política aunque les afecte, dejando el camino libre para que aquellos que viven de ella puedan hacer cualquier cosa a sus anchas, es decir el resultado de odiar a la primera, por causa de los segundos, paradójicamente termina beneficiando a estos segundos.

En resumen, la política no es corrupta; no gestiona mal, ni otro adjetivo que se le pueda imputar, porque ella simplemente es, está allí. Diferente situación se presenta en el caso de que se quieran colocar adjetivos sobre la forma cómo se conduce un estado, gobierno o cualquier ente en donde se tomen decisiones, entonces allí sí se podrán poner todas esas etiquetas a quienes dirigen.

La política es esencial a nuestra vida por el solo hecho de existir y ser capaces de tomar decisiones en el entramado social en el cual nos desenvolvemos día a día. Los políticos, aquellos que la asumen como profesión  para obtener el poder, esos si son prescindibles y se pueden sustituir, aunque se reproducirán inmediatamente para sustituir a quienes vayan desapareciendo.

Cuando era adolescente fui a una conferencia de un filósofo llamado Rubert de Ventos y me quedó una frase en la cabeza: “a los políticos no hay que amarlos”, en aquel momento no entendí, quizás yo amaba a algunos, pero hoy lo entiendo perfectamente y lo comparto, gracias Rubert donde quiera que estés.

 

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Normandia

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