Política

El político que pateó el nido de las avispas. Primera parte: El mensaje.

El político que pateó el nido de las avispas. Primera parte: El mensaje. - Política

Nadie negará que la victoria de Andrés Manuel López Obrador el 1ro de Julio fue algo inédito en la historia reciente del país. La elección en sí estuvo anidada en la controversia. Desde las propuestas de amputaciones, ofensas chuscas y poco ingeniosas, hasta verdaderas revelaciones discursivas que vendrían de los lugares menos esperados.

Nadie levantó una ceja cuando el 1ro de Julio, a eso de la hora de la cena, José Antonio Meade salió a reconocer que la tendencia no lo favorecía; la aprobación del presidente Enrique Peña nieto había llegado al 21%. Meade tenía una doble responsabilidad a diferencia de los otros tres candidatos al presentarse él mismo como una opción viable y, en palabras de René Juárez Cisneros, plantear una “transformación real del partido”.

Por cierto, en la misma conferencia de prensa en la que, quince días después renuncia a la dirigencia del partido, René Juárez reconoce que el PRI no escuchó las voces que clamaban por su transformación “Desde el 68, el 88, 94, 2000 y 2006”. La honestidad sangrante que hace frente a décadas de un gobierno monolítico, alejado del sentir de la nación.

Volviendo a la noche del primero de Julio, nadie esperaba una declaración del Bronco por una tendencia favorecedora, se esperaba la presencia de Ricardo Anaya en una actitud triunfalista. Él mismo salió a reconocer que la tendencia no lo favorecía tampoco. Y fue cuando estalló la bomba.

Comenzaron las llamadas, los mensajes, los memes, las transmisiones en vivo. Uno salía a la calle y se escuchaban gritos, música, una algarabía sana y distante. Aún queda por verse si la televisión censurará la revolución o si la transmitirá en pago por evento, pero esa noche estaba mostrando a un sexagenario que había dedicado los últimos 12 años en hacer campaña presidencial pasearse en un coche blanco por las calles del otrora Distrito Federal.

Cosa nunca vista: su coche era un sedán ordinario. Un Jetta, producido por Volkswagen, el “auto del pueblo”. Una caravana de la victoria modesta y en contraposición a las frías caravanas de suburbans color negro, blindadas, que transitaban a alta velocidad por calles que preventivamente se habían cerrado para que transitaran los anteriores presidenciables.

En esta ocasión, la gente se acercaba al candidato, se tomaban fotos con él. Salían a los balcones a saludarlo. Lo acompañaban, lo felicitaban, los motoristas lo alcanzaban, lo saludaban de mano. Por primera vez, México había elegido a un presidenciable que puede presumir de haber estado en todas las plazas del país y medio México puede presumir de tener selfies y fotos con el presidenciable más persistente de los últimos años.

“El medio es el mensaje” dijo alguna vez Marshall McLuhan. Si había algo que López Obrador había querido demostrar era que sus procederes eran un poco distintos a los del PRI y PAN. Una vez más, López Obrador tenía la atención de todo el país y sin estar frente a un podio, frente a un micrófono, estaba reiterando o respondiendo un mensaje que la población había mandado semanas antes con el clamor de la necesidad de justicia social.

La elección de López Obrador ha creado un ambiente turbulento entre la clase política de nuestro país. Y entre los ciudadanos se dejaba escuchar el zumbido de un avispero que vibraba por las confrontaciones de sus seguidores.

La negación de la victoria de López Obrador sobre Felipe Calderón en la contienda del 2006 se convirtió en una invalidación de su nueva candidatura en 2018 pues él ”ya había sido victorioso, ya había sido presidente”. La negación del infame fraude electoral en la contienda de 1988 se convirtió en señalamientos a Manuel Bartlett como un personaje “siniestro y salido del mismísimo Mordor”. La acusación contra Morena de pertenecer a la izquierda más roja y más tirana, se convirtió en mofa de que su candidato había resultado ser neoliberal y poco tradicional.

La lectura del mensaje entre la población se dio en un ambiente de confrontación a pesar de los llamados a la unidad. Algo que vendría semanas después, con la reacción de la alta burocracia ante una promesa de campaña que López Obrador clama por hacer efectiva cuanto antes; los recortes salariales.

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Acerca del autor

Luis Enrique Anguiano Torres

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