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El político que pateó el nido de las avispas. Segunda parte: Los recortes.

El político que pateó el nido de las avispas. Segunda parte: Los recortes. - Política

De entre todas las promesas de campaña que el líder de Morena había expresado, había algunas que particularmente resonaron entre los votantes y, me atrevo a decir, le hicieron ganar la elección. “Vamos a vender el avión presidencial”, “Vamos a reducir los gastos y salarios de los gobernantes” y “Vamos a quitarle la pensión a los expresidentes”.

La propuesta del avión la que empezó a tener una pragmática y curiosa rensonancia; a Peña Nieto se le había criticado duramente la adquisición – Facilitada por Felipe Calderón en sus últimos días de mandato- de un Boeing Dreamliner 787 con un costo inicial de 218 millones de pesos pero un costo final de 7,560 millones de pesos por cuestiones de arrendamiento. Sí. Arrendamiento. El dichoso avión fue adquirido mediante por el Banco Nacional de Obras y Servicios y no directamente por Presidencia. Un banco nacional decide comprar un avión que no va a usar, Presidencia se lo alquila y accede a financiar la deuda a 15 años. No podemos negar que ahí hay gato encerrado.

Las declaraciones públicas respecto a la venta del avión fueron más bien escuetas. El aún presidente Enrique Peña Nieto salió a decir que la aeronave “No me pertenece. Pertenece a los mexicanos”. Diversos medios hablaron de una devaluación factual del precio de la aeronave que oscilaba entre el 30 y el 35%, algunos analistas dijeron que saldría más caro venderlo que quedárselo y algunos otros que no había manera de deshacerse de él.

El gabinete de transición de López Obrador ha dicho, finalmente, que se quedará con la aeronave aunque el presidente electo ya dijo que prescindirá de los viajes aéreos, Boeing 787 incluido.

Las otras dos promesas de campaña provocaron más efervescencia entre las figuras públicas; Fox y Calderón, enemigos jurados del pejismo, declararon continuamente que la pensión que se les había asignado no sólo era útil, sino necesaria y comenzaron a abundar en los usos que supuestamente se les da. La suma de las pensiones en términos económicos ronda los 40 millones de pesos anuales, pero también contempla gastos no desglosados como seguro de vida, gastos médicos, 78 elementos de las fuerzas armadas a su disposición y 25 empleados adscritos a la planta del personal de la república.

Fox, quien durante la campaña presidencial se refería a López Obrador como “Lopitos”, se dedicó en los días inmediatos al fin de la contienda electoral a decir que la pensión era “un dinerito que él usaba para vivir”. Felipe Calderón mencionó que se gasta su pensión principalmente en rubros de seguridad y donaciones a organizaciones benéficas de lucha contra el cáncer aunque sus buenas intenciones son puestas en duda por los habitantes de la internet.

Ernesto Zedillo y Carlos Salinas de Gortari no declararon al respecto, habían renunciado a su pensión desde hace tiempo. Podemos decir que el saco no estaba hecho para ellos.

Por otro lado, ante la temible amenaza de la reducción de sueldos, no han sido pocos los burócratas de todos los niveles que han salido a defender sus ingresos. Desde la tambaleante postura del INE, Lorenzo Córdova incluido, hasta los contundentes “no” de figuras como Diego Fernández de Cevallos, pasando por las declaraciones tanto de diputados como de jueces de la Suprema Corte de Justicia de la Nación quienes han amagado con empezar a corromperse si el sueldo se les llega a recortar.

La argumentación en contra del recorte salarial brilla por su falta de lógica. Hasta este momento no he visto un solo argumento que esclarezca de manera certera por qué un sueldo alto es garante de vocación y servicio a la nación. Las respuestas han sido variopintas y carentes de uniformidad entre ellas, coagulando una suerte de non-sequitur argumental en el que la corrupción no forma parte de la pregunta inmediata sino de un panorama de fondo que comienza con el desconocimiento de la vida del México profundo.

Si salimos a la calle y preguntamos si la venta del avión presidencial y la reducción salarial de los burócratas de la federación solucionará a corto o mediano plazo la situación económica del país, las respuestas que obtendríamos serían negativas razonadas; No, definitivamente estas medidas no van a regresar la bonanza a las arcas nacionales pero la población está muy de acuerdo en que declaraciones como la que se le atribuye a la CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) de que “94 pesos al día garantizan al mexicano una vida digna” son una farsa y, por unos cuantos centímetros o centavos, un insulto.

Pero eran este tipo de situaciones las que se esperaban o se daban a desear en los días previos a la elección: una sacudida que hiciera que algunos personajes se quitaran esos anteojos color rosa llamada “bonos, compensaciones y prestaciones” y vieran la gris realidad. No se trata de enmendar el déficit económico de la federación a punta de recortes sino hacerles ver a los altos burócratas que están viviendo como reyes en un país de labriegos y que hay cosas más urgentes que los bonos de navidad.

Ya en las redes se ha dejado ver el repudio general a los defensores del “no recorte”. El consenso es inequívoco: quien defiende tener un sueldo de $600,000 MXN al mes y amenaza con caer en el vicio de la corrupción si éste se le es reducido, en definitiva no tiene vocación para el cargo. Se ha repetido, compartido y retuiteado un sentir con una lógica aplastante: un buen sueldo no debería condicionar la vocación de servir al pueblo mexicano con entereza y cabalidad.

Declaró Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia que “Las condiciones de seguridad, estabilidad, remuneraciones dignas y capacitación no son en beneficio personal de los juzgadores, ni mucho menos privilegios inconfesables de éstos, sino condiciones necesarias para un servicio público indispensable, ineludible, en un país democrático que busca tener paz en el respeto a los derechos humanos de todos, y construir, con ello, una sociedad más justa, pues tener buenos jueces, independientes y confiables hace que la democracia sea real y efectiva, y el Estado de Derecho deje de ser una utopía”.

En pocas palabras “con dinero baila el perro” y esa declaración, hasta ahora, ha sido el mejor argumento que se ha dejado ver ante la amenaza del recorte salarial. Imaginen ustedes el nivel del resto de la argumentación.

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Acerca del autor

Luis Enrique Anguiano Torres

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