Literatura

Por Favor, Perdóname

Por Favor, Perdóname - Literatura

-Al final de un pasillo de cualquier hospital-

Estoy tumbada en una camilla, algo incómoda para mi gusto, aunque puede que se deba a mi nerviosismo. Llevo casi media hora (o eso creo, no tengo mi preciado reloj de muñeca aquí conmigo, ¿dónde le habré dejado?)esperando a que me metan a quirófano, iba a ser una cosa rápida. Debo volver rápido a casa o me reñirán, en mi casa no saben nada de mi intervención.

Yo no quería someterme a una intervención, total a mis 20 años de edad me queda mucha vida por delante y una operación así no es necesaria, solo espero que me dejen aguantar un poco más como estoy, sin cambiar nada.

Fue una chica joven la que me convenció de hacérmelo, no le pude decir que no. Sus ojos llorosos y a la vez con una pizca de esperanza me hicieron pensar en que quizás tuviese razón, el médico le ayudó a convencerme en el último momento, ya que hasta el final yo seguía en mis trece de no querer operarme.

Y aquí estoy, esperando como ya dije al principio. Sola,sin  mi madre, la única que me acompaña,no  se ha podido presentar conmigo porque yo no le he dicho nada, no quiero preocuparle por nada, además seguro que está muy cansada de cuidar a todos mis hermanos pequeños, solo he podido decirle esta mañana”adiós, vendré pronto para comer” de manera rápida mientras empujaba el portón de mi casa para salir de allí.La que sí me ha acompañado es una chica muy simpática, se ha ofrecido a llevarme, mientras me empujaban a la sala de pre-operatorio su mirada estaba asustada. Me recordó a una época en la que ella era más pequeña, me despertaba por las noches cuando había tenido una pesadilla. Sus ojos mostraban que todo aquello para ella era una pesadilla. Pobre.

¿Tener valor? Es la primera vez que me operan de algo y estoy asustada, por eso ni lo intento.

La  mirada de al chica reflejaba miedo, no debería temer por una intervención tan sencilla, eso o…¿y si no es una cosa tan sencilla como me la pintaban? ¿y si tengo algo realmente malo en mi cuerpo?

No lo creo, me lo habrían dicho, ¿no?

**Varios minutos después**

Sigo sin entrar a quirófano, intento ponerme en contacto con las enfermeras que se acercan a mi camilla, pero en vano, todas andan medio corriendo y ni se paran a mirarme con las llamo. Esto me está empezando a mosquear, ¡que poco respeto por los enfermos!

Me duele mucho, se me debe de haber pasado el efecto de la anestesia, ojalá no me metan ahora a operar sino sentiría cada corte y cada cosa que me hagan. Estoy más asustada.

Me mueven, por fin, pero no en la dirección que se supone que debían llevarme.

“Vamos en dirección contraria, señorita”- digo con un hilo de voz, me noto cansada-.

Ella ni me mira, sigue llevando la camilla sin hablar y con cara seria. ¡Que mal educada! ¡Me van a oír, pienso poner una queja al hospital por sus malos tratos hacia mi persona!

Abren las puertas que había traspasado antes, pero la enfermera para, me deja aquí. Yo no entiendo nada.

Antes de traspasar la puerta me mira y se seca lo que parece una…¿lágrima?

Tras la puerta se encuentra las chica que me acompaña. La intento llamar:

“Hija”-pero no se gira-. “Hija, sácame de este lugar de locos, ya no me quiero operar”. Espera…¿la he llamado hija? Pero…

**Un montón de flashbacks le pasan por la mente**

La enfermera habla con mi hija. Esta rompe en llanto y se abraza a la  enfermera. Ahora lo comprendo todo, yo…estoy muerta, me he ido. Al final sí que era más grave de lo que me decían y no he podido llegar ni al quirófano. Y esa chica que me acompañaba era en realidad mi hija, ¿cómo me he podido olvidar de ella? Si es lo más bonito que me ha dado la vida.

No tengo 20 años, que va, tengo 84 años. Y sufro alzheimer desde hace unos cuantos años. La operación a la que me iban a someter estaba relacionada con un tratamiento innovador que se suponía que me iba a retrasar los efectos de esta dura enfermedad, pero mi cuerpo no ha aguantado… y ya descanso.

 

Por favor hija, discúlpame por no haberme acordado de ti.

 

 

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Acerca del autor

Tortuguilla

1 comentario

  • A medida que iba leyendo no dejaba de pensar “¿de qué se estará operando? ¿Va a donar un riñón a la chica? ¿Y estos médicos sin juicio moral?”, y cada vez he tenido que leer más rápido por pura impaciencia. Algo que en mi caso, cuando leo historias, significa que has captado todo mi interés.

    Un relato breve, pero hermoso dentro de la tragedia que trata. Al final he decidido quedarme con el simple gesto de amor de la madre al pedir perdón, que sin necesidad de dedicarle otra página de texto lo has expresado con gran acierto e incluso diría inocencia.

    A mejorar, creo que bastaría con leerlo un par de veces más antes de publicarlo en la web para corregir ciertas faltas y cortar algunas frases con puntos seguidos. Aunque no he notado ninguna barbaridad en este aspecto.

    Gracias por compartirlo 🙂

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