Política

Por qué la prohibición de las drogas es y siempre será un error.



Por qué la prohibición de las drogas es y siempre será un error. - Política

Se definió como guerra contra las drogas a la campaña persecución sistemática y militarizada iniciada por el gobierno de los Estados Unidos a mediados sel siglo XX (y que, a día de hoy, sigue vigente) contra todo tipo de consumo, venta o producción de estupefacientes de curso ilegal -lo que podríamos, a grandes rasgos, definir como la prohibición de las drogas-.

A lo largo de este breve, mas detallado e intelectualmente extenso artículo, me dedicaré a señalar la cantidad ingente de errores de los que -tanto desde un punto de vista ético, moral y filosófico como desde una perspectiva pragmática y utilitarista- han pecado, pecan y siempre pecarán todas las políticas estatales destinadas a controlar y erradicar la existencia de las drogas en un determinado territorio nacional.

 

Primero que nada, analicemos desde un punto de vista netamente económico y de mercado cuáles son los efectos que, al menos en la teoría, deberían ocasionar estas políticas de control y persecución, y, acto seguido, analizaremos de forma empírica si esto ocurre o no.

El mercado está principalmente dirigido por dos grandes fuerzas: la oferta y la demanda. El precio de un bien comerciable (esto es, que puede ser transaccionado entre personas a cambio de otros bienes o una suma monetaria) se fija en base a las dos fuerzas mencionadas anteriormente, ¿de qué forma? La ley de la oferta y demanda es simple y precisa, y nos dicta que cuanto más ofertado sea un bien, más se abaratará el precio del bien en cuestión y cuanto más demandado sea más se encarecerá éste (es decir, aumentará su precio), y visceversa en ambos casos (a menos oferta, mayor precio, a menor demanda, menor precio). Pero hay un pequeño detalle que nos servirá bastante para nuestro argumento, y es que siempre que aumente la demanda relativa de un bien -siempre y cuando no sea un bien sujeto a la escasez-, más también aumentará su oferta.

Estos principios nos sirven para explicar la ineficiencia de las políticas de control de las drogas al momento de reducir su consumo y distribución (como con toda política estatal que intente intervenir el mercado de alguna manera), porque la verdad, lo que las cifras nos dice es que, desde la implementación de tales políticas, no se ha reducido el consumo ni la producción de drogas, sin embargo, sí que han aumentado las tasas de criminalidad y delincuencia relacionadas a esta industria. ¿A qué se debe esto? Simple, como expliqué anteriormente, cuando aumenta la demanda de un bien, el precio de dicho bien se encarece, causando que, siempre y cuando este bien no esté sujeto a la escasez, esto es, que pueda ser manufacturado con recursos no escasos o sea un bien no escaso en sí, al haber un beneficio significativo en su producción, también aumente la oferta del bien en cuestión, estabilizando su precio. En el caso de las drogas, podemos ver cómo al controlar fuertemente su oferta (es decir, la producción y distribución), se generará un incremento relativo de la demanda generando, como detallamos anteriormente, un hueco de beneficio en esta industria, por lo que aparecerán oferentes dispuestos a ocuparlo. La diferencia entre los oferentes de un bien cualquiera y los oferentes que puedan llegar a aparecer en este caso es que quienes ocuparan el hueco de distribuidores de drogas serán particulares o empresas altamente violentos y dispuestos a matar por su negocio, ya que el mismo estado (monopolio de la violencia) lo criminalizará y utilizará sus fuerzas represivas (ejército, policías, etc.) para perseguirlo.

Podemos ver ejemplificado esto durante la época transcurrida entre el  16 de enero de 1920 y el 6 de diciembre de 1933, cuando al ser aplicada mediante la Enmienda XVIII la denominada Ley Seca se prohibió todo tipo de distribución y consumo de alcohol, generando altos índices de criminalidad y actividad mafiosa en todo EEUU, sin lograr tampoco una disminución significativa del consumo real de esta sustancia.

Y mi exposición utilitaria no se limita a esto, ya que la despenalización de las drogas trae al plano pragmático muchísimos beneficios tanto al común de la sociedad como al individuo en sí, como el aumento de la calidad y sanidad del producto, una reducción y mejor reparto de la carga fiscal, una reducción del gasto en policías, militares y en presos por delitos relacionados con las drogas (se estima que en Estados Unidos más del 40% de los convictos lo están por un delito sin víctima relacionado con las drogas).

 

La defensa de la despenalización y liberalización de las drogas desde el punto de vista ético y moral es mucho más simple, pero no por eso menos contundente: no tienes derecho sobre el otro. Tú (y nadie más que tú) eres dueño de tu vida, tu propiedad y tu libertad. Eres libre de asumir riesgos afrontando las consecuencias. Es totalmente inmoral y antiético que, de forma violenta y mediante el uso de la fuerza interfieras con el derecho natural de un tercero a ser libre y disponer de su propiedad y su vida. No hay razón alguna para justificar el robo (porque sí, la confiscación de sustancias estupefacientes a un productor o consumidor es objetivamente un atentado hacia la propiedad privada) armado hacia un tercero, ni para coartar la libertad ajena al momento de vender, comprar o consumir un bien de legítima propiedad. De más está decir que todo problema de salud ocasionado por un mal uso o abuso de estas drogas deberá ser solventado íntegramente por el único responsable, que es el consumidor.

 

Avancemos hacia una sociedad más libre.

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