Sociedad

Por qué los hombres no lloran



Por qué los hombres no lloran - Sociedad

El mecanismo del llanto es un recurso psicofisiológico de gestión emocional, cuando una situación nos abruma. Es como darle a «Control Alt Suprimir» en el teclado del ordenador. Llorar es por tanto, sano, y nada hay vergonzoso en ello. Sin embargo, los hombres de verdad no debemos llorar en público más que cuando no podamos evitarlo. Explicamos por qué:

Los varones somos la especialización sexual YANG de nuestra especie. Somos el Aire, y el Fuego. Nuestra tarea es ser productivos, creadores de nuevos caminos, y protectores. Es decir, tenemos que asumir de forma general los roles que entrañan un gran riesgo, como ser bomberos, llevar la contraria al poder, o cambiar un tejado.

¿Por qué tenemos que aceptar los hombres el riesgo y la aventura en la economía, la política, el trabajo o la defensa de la nación? ¿Por qué es obligado para nosotros -legal o al menos, moralmente- lo que para las mujeres es sólo voluntario? La razón es la siguiente:

Las mujeres son hembras, esto es: son el factor limitante de la reproducción. Un sólo macho puede fecundar a muchas mujeres; como vemos en Alemania, Suecia o Reino Unido donde muchos hombres musulmanes renuncian a buscar trabajo y se dedican sólo a ser padres con sus esposas de diez, quince, y hasta treinta niños, ya que el Estado les da más dinero y casas más grandes cuantos más hijos tengan. A veces, dicen a los periodistas que, con tantas esposas e hijos, no se pueden «permitir trabajar».  En estas familias musulmanas, un sólo varón impregna a varias señoras.

En cambio, una mujer está mucho más limitada en los hijos que puede tener. Por tanto, la capacidad reproductiva de una sociedad depende del número de hembras fértiles, y no del de hombres. Menos mujeres, significa menos hijos potenciales; menos hombres, no.

Los varones por tanto, somos más prescindibles que las mujeres; la sociedad asume arriesgar nuestras vidas mucho más que las de las mujeres. Como dice la ley del Mar en caso de naufragio: las mujeres y los niños, primero. De hecho, a la naturaleza humana y a la sociedad le conviene que sea así: porque de esta forma, puede seleccionar a los mejores hombres -con los genes y cultura más adecuados- para que sean los padres de la próxima generación. De hecho, la biocultura aprovecha esta criba para hacer a la población masculina mucho más diversa que la femenina; por eso hay muchos hombres excéntricos, defectuosos o geniales, mientras que las mujeres tienden a singularizarse y diferenciarse mucho menos. La Naturaleza experimenta sus opciones con los hombres porque se puede permitir seleccionarnos y excluirnos de la reproducción (o la vida) mucho más que con las mujeres. Empujados a las partes bajas o extremas de la campana de Gauss, sólo resta que los machos compitamos entre nosotros y asumamos muchos peligros, para elucidar quién merece «llevarse la chica.»

Esto es equivalente, a lo que observamos en las especies de aves que no anidan en árboles o paredes montañosas, sino a ras de suelo. En estas condiciones las hembras están obligadas a ser discretas y no revelar su presencia o la de su nido. Por eso corresponde al macho exhibir la variabilidad a seleccionar, con vivos colores, o cantos. Estas alharacas, sirven también al propósito de llamar la atención de los depredadores; que el zorro o la serpiente vaya a por el macho, y no llegue a la hembra. Por eso observamos también, en muchas especies, que los machos cantan mucho cuando la hembra está empollando y asumen en exclusiva la tarea de buscar comida; el que tenga pajaritos en un jaulón, puede observar este fenómeno, es muy curioso y tierno.

Por otra parte, las mujeres son yin, es decir, el principio formativo, censurador y organizativo: la naturaleza bio-cultural les da el tener más inteligencia emocional, empatía, ternura, habilidades sociales, y espíritu familiar. De esta forma pueden realizar las labores de cuidado y crianza, además de todo lo relacionado con la microeconomía. El precio de esta especialización yin, es no desarrollar su fuerza, crueldad y ambición, que nos dejan a los hombres. Son más vulnerables, y al mismo tiempo conscientes de que la sociedad las prefiere vivas sobre los hombres, por lo del factor limitante de la reproducción antes referido.

 

Por esta razón, y como ocurre con otras especies, las mujeres tienden a no enfrentarse si no se sienten respaldadas, a no arriesgar de verdad, a buscar la seguridad del grupo e, incluso, a someterse a los machos que se muestren violentos en lugar de enfrentarlos, buscando su protección.

Siendo las mujeres YIN, y por tanto: tiernas y vulnerables, valiosas y cobardes, nos corresponde a los hombres YANG ejercer el rol de protección y liderazgo, especialmente en situaciones trágicas o inciertas. Si un criminal entra en casa para robar, el el hombre el que tiene que enfrentarlo mientras la mujer se encierra con los niños. En la discoteca, es el hombre el que tiene que arriesgar su estima tratando de hablar con las chicas, no las mujeres las que tienen que ir pidiendo amor. Es el hombre además, el que tiene que ser seleccionado en función de su capacidad de afrontar situaciones, dar la cara por su familia, ganar dinero…, igual que la mujer es seleccionada por su belleza (genética óptima y salud) juventud (fertilidad) y habilidades sociales y afectivas (idoneidad para la crianza, el cuidado familiar,  y la gestión del patrimonio).

Por todo esto, el varón responsable, maduro y masculino tiene que evitar llorar en público más de lo necesario. Llorar delante de otras personas equivale a pedir ayuda. Las mujeres pueden llorar, y los niños, y los ancianos; pero si llora también el hombre, entonces lo que hace es rehusar su rol de protector y transmitir el mensaje de que es vulnerable e incapaz de defender a los demás. Se dice «los chicos no lloran»; pero más bien habría que decir: «los hombres no lloran», porque lo que distingue a un niño de un hombre es, precisamente, dejar de ser protegido y pasar a ser protector.

Los hombres tenemos por tanto que venir «llorados de casa», y dejar los gimoteos y escenas para las mujeres y niños; porque no debemos escabullirnos de nuestra responsabilidad como parte Yang, es decir: arriesgar, defender, y mostrarnos firmes ante la adversidad o agresores potenciales. Esto vale también para los hombres homosexuales no feminizados. NO se trata de que «la sociedad nos imponga» esto; es en realidad, lo que nos conviene. El hombre que cree que justifica a su sexo sólo con la inseminación, se equivoca, y está renunciando a la mayor parte de lo que significa ser hombre y masculino. Renuncia a tener una identidad masculina equilibrada y plena, lo cuál es malo, en primer lugar, para el propio chico que así se comporta.

Por todo esto, si eres hombre o aspiras a serlo, no llores como Messi en cada final con Argentina; llora en la intimidad y la soledad, pero muestra en público que las personas que quieres se pueden apoyar en ti. ¿Qué opinan ustedes?

 

 

 

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

1.33 - 3 votos
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

DiegoT

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información