Sociedad

¿Por qué somos pesimistas?

¿Por qué somos pesimistas? - Sociedad

Racionalizar las cosas y dirigirlas hacia donde queremos es caer en la trampa del pesimismo. Todo a cambio de no arriesgarnos. ¿Por qué actuamos de esta manera?

“Vivimos en el peor de los mundos posibles, un mundo donde el dolor es perpetuo y nuestro destino es tratar de obtener lo que nunca tendremos”.

-Schopenhauer.

“El pesimismo nunca ganó una batalla”.

Dwight Eisenhower.

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Según la Real Academia Española (RAE), el pesimismo es la “propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más desfavorable”. Es lo contrario al optimismo, donde se intentan ver los aspectos favorables de una situación.

La raíz del pesimismo es el miedo traducido a:

  • Inseguridad

Preferimos no arriesgar, aunque ello implique no ganar. Nuestra inseguridad nos domina. Por ejemplo, cuando queremos hacer algo, comenzamos con el pesimismo para no hacerlo debido a nuestra falta de confianza en nosotros mismos. Algunas veces podemos enmascarar nuestra falta de confianza culpando a las circunstancias: “No lo haré porque hay mucha gente” o “lo haría de no ser por esa persona que me cae mal”.

  • Baja autoestima

Muy parecida a la inseguridad, nuestra baja autoestima nos anula como personas. No creemos estar a la altura de las circunstancias, así que cuando se presenta algo, como hablar en público, comenzamos con el pesimismo. Decimos cosas como “me va a salir mal” o “se van a burlar de mí”. Todas son meras excusas para evitar enfrentar nuestros miedos.

  • Desconfianza hacia los demás

Quizá algunas personas han abusado de tu confianza y por eso generalizas que todos intentarán sacar provecho de ti. Esta desconfianza hacia los demás se convierte en pesimismo: “seguro me invitó a salir para pedirme un favor” o “él es muy amable conmigo, seguro y quiere algo”.

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Ser pesimista es la salida de emergencia que utilizamos para evitar situaciones que nos dan miedo. Es un escudo, una barrera.

La próxima vez que nos pillemos siendo pesimistas, busquemos el motivo. Intentemos cambiar nuestra percepción hacia el mundo.

Con seguridad y confianza en nosotros mismos, el optimismo llegará.

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Acerca del autor

Felicritor

Escritor persistente. Defensor de los derechos de los animales. Tipo agradable, mexicano. Lector voraz. Filósofo de medio tiempo. Deportista de día, Batman de noche. Contenido original. Creatividad por defecto. Ambicioso y obstinado. Disfruta mi blog.

1 comentario

  • El mayor o menor grado de pesimismo dependerá de dos factores: el objetivo y nuestra adecuación al contexto general.

    Si el objetivo es acabar con el hambre y la guerra, dado el comportamiento de la mayoría, un comportamiento definitivamente egoísta, lo racional es ser pesimistas. Si pretendemos vivir una vida más o menos plácida y somos ciudadanos de un país africano, lo racional, dado el contexto, es ser pesimistas; aunque deberíamos arriesgarnos porque no hay nada que perder, sino mucho que ganar. Si pretendemos lograr ciertos objetivos cotidianos en el contexto de un país occidental más o menos opulento, lo racional es ser moderadamente optimistas; moderadamente porque, aunque el contexto general de dichos países es próspero, también debemos considerar nuestras condiciones, es decir, nuestra adecuación al contexto: el nivel de formación, las necesidades del mercado, nuestras capacidades reales, porque hay mucha gente que, falsamente alentada por la moda de tener amor propio hipertrofiado, no es realista con respecto a sus capacidades verdaderas, etcétera.

    En otras palabras, en mi opinión cometemos un error al hablar en general de pesimismo; hay que precisar cuál es la situación para determinar el grado de pesimismo que racionalmente es aceptable, teniendo en cuenta, por supuesto, que la situación no siempre es la misma y que, con los cambios sucesivos, el nivel de pesimismo puede varia.. No podemos ser pesimistas a lo loco ni tampoco optimistas a lo loco: precisemos la situación, y ya se verá.

    Por otro lado, no me parece que el pesimismo sea siempre el resultado de la inseguridad o el miedo, y vuelvo a mencionar el asunto del hambre y las guerras. Aquí sucede que confundimos dos planos: el personal, en el que sí es probable que el pesimismo se deba a un carácter inseguro; y el general, es decir, el contexto del mundo, que no permite ser demasiado optimistas al menos dadas las circunstancias no solo actuales, sino históricas.

    ¡Saludos!

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