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Prácticas: el invento del trabajo gratuito

Prácticas: el invento del trabajo gratuito - Sociedad

Hace ya un tiempo que pase por ese período que existe entre finalizar los estudios y encontrar otro tipo de actividad, ya sea un trabajo o volver a estudiar por la ausencia de él. Es un periodo que está sembrado por la ansiedad, la expectación e, incluso, diría que por la desesperación; la desesperación en cuanto a que se está dispuesto a aceptar cualquier tipo de limosna retributiva. La desesperación es mala consejera para optar libremente por aquello que más nos conviene; además, es una señal que emite destellos para llamar la atención de los depredadores, que la huelen, y acuden raudos a sacar provecho de la situación.

Esto vale para todas las situaciones de la vida, pero me quería centrar en el tema del trabajo. En este caso, los depredadores son las empresas, que estudian la rentabilidad de su producción en base al gasto que les genera la plantilla, y optan por los recortes en salarios, en fijar categorías mínimas y en sacar ventaja al máximo de las deducciones fiscales. Si no, ¿cómo se entiende que existan tantos becarios en todo tipo de empresas?

Los becarios representan el “super recorte” en gasto salarial. Tanto es así que, principalmente, resultan gratuitos, y, en los casos más afortunados, pueden llegar a ganar una retribución máxima entre 600 y 800 euros con una titulación de ingeniería bajo el brazo. Pero eso, recalco, en los mejores casos, porque para todos aquellos que efectúan cursos del paro y formación profesional en sectores que no tienen una gran demanda no tienen más remedio que trabajar gratis y sin ningún tipo de cotización; con tan solo un seguro escolar, que corre a cargo del centro de estudios, parece suficiente.

Quieren becarios menores de 30 que estén en garantía juvenil para que después de la beca del centro escolar puedan hacerles un contrato de aprendices con el que solo tienen derecho a cobrar el 60% del SMI durante el primer año. Por otro lado, estas empresas también reciben algún tipo de gratificación por parte del gobierno por colaborar en “la formación y la inserción laboral” de los jóvenes. Vamos, ¡el chollo máximo!

Mientras tanto, ese joven ya cuenta con una experiencia suficiente, al menos para trabajar con un salario digno, pero todavía se le considera aprendiz. Aprendiz de sí mismo, porque algunas empresas (por no decir todas) no están dispuestas a ralentizar el ritmo de trabajo para pararse con un becario.

Yo, personalmente, he estado en empresas de este calibre, donde he visto como prescindían de empleados “normales” de ínfima categoría profesional para sustituirlos por becarios que hacían el mismo tipo de trabajo, pero cobrando menos.

A parte de ser menor de 30, también se puede ejercer de becario si no han pasado 5 años desde la finalización de la última titulación, lo que lleva a pensar que son todo facilidades para entrar en el gremio del becariado. Lo que no sabría decir es si la experiencia como empleado “norma” es un impedimento para entrar de nuevo en ello o, quizás, ya tampoco importa eso. Tengo esas dudas porque hace unas semanas me llamaron de un sitio por una oferta de trabajo publicada. En la llamada se me ofertada un puesto de prácticas que se me iban a retribuir con la oportunidad de realizar un máster valorado en unos 5000 euros. Aunque respondí de manera educada, mi respuesta vino a decir lo siguiente: “no más estudios ni formación, por favor, tan solo me hace falta una nómina, gracias”.

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Villalba

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