Política

Principio De La Buena Fe En El Contrato.



Principio De La Buena Fe En El Contrato. - Política

RESUMEN:

 

Se habla que en el camino contractual adquiere  mayor envergadura el estudio del principio de la buena fe, desde la comprensión de su significado y su alcance, el cual es fundamental durante toda la vida del negocio jurídico, comenzando por las tratativas preliminares, pasando por la celebración y ejecución, y rigiendo incluso una vez concluido el contrato creando ciertos deberes especiales de conducta para ambas partes en cada uno de los mencionados momentos. En otras palabras, a través de este principio se orienta la preparación, interpretación, ejecución y extinción del contrato. En este sentido, “tanto antes de la conclusión del contrato, en las conversaciones preliminares como al concluirlo, cada uno de los que en el interviene está obligado a conducirse con aquella diligencia y consideración a la otra parte que es de esperar según la buena fe de su futuro compañero”[1]

 

 

 

PALABRAS CLAVE: deberes especiales, precontractual, patrón de conducta, contractual, postcontractual

 

 

 

INTRODUCCIÓN:La buena fe. ensayo

 

Vivimos en una sociedad caracterizada en su día a día por el olvido de la moralidad, por la carencia de un deber de solidaridad o la falta de preocupación por el otro en las constantes relaciones humanas, y donde cada vez es más común observar casos en los cuales prima la voluntad del más fuerte sobre el más débil o la habilidad para engañar  a otro cuyo fundamento se encuentra en el interés individual. Para combatir las crisis actuales que se han generado en la relación contractual, encontramos un claro sustento en la vigencia del principio de la buena fe, el cual exige una conducta leal, recta, honesta, etc., conforme a los usos sociales de cada momento.

En este artículo se pretende presentar de manera sucinta la relevancia que tiene el principio de la buena fe en materia contractual, profundizando en su definición y características principales, para poder entrar analizar las diferentes perspectivas, particularmente en lo que se refiere a sus momentos o etapas cuyo fundamento se encuentra en el hecho de que cada una de las partes tiene la obligación de brindar una real cooperación en distintos momentos,  que hemos denominado “los momentos de la buena fe en la relación contractual”.

La importancia que ha tenido el principio de la buena fe en el campo contractual es extraordinaria porque a través de ella no solamente exige que en el contrato se refleje un equilibrio prestacional, en que exista una real cooperación de ambas partes involucradas para favorecer el cumplimiento de las prestaciones, como también una buena conducta que impone dicho principio encaminada a satisfacer el interés querido, sino que también su alcance ha sido bastante amplio, tanto así,  que abarca grandes etapas o momentos en la relación contractual, manteniendo en cada uno un comportamiento esperado según los postulados del mismo, ya que de lo contrario surgirá una responsabilidad para reparar el daño causado.

Esta temática tiene gran complejidad hoy día en uno de sus puntos, puesto que a nivel doctrinal y jurisprudencial no ha sido pacifica la discusión que se sostiene en uno de sus momentos por el incumplimiento de ciertos deberes especiales, lo cual ha llevado a generar un caos para la reclamación del daño causado y sin perjuicio alguno en este artículo se sostiene una posición que se considera la más pertinente dándole razón a un amplio sector de la doctrina.

 

 

 

 

  • Concepto y contenido de la buena fe.

Es menester, mencionar que no es loable encontrar una unanimidad en la doctrina en cuanto a buena a fe se refiere, como bien lo resaltan DE LOS MOZOS, al “señalar que la ciencia del Derecho, como ciencia práctica, no necesita, dogmáticamente, de un concepto general de buena fe, porque este principio no es univoco sino análogo, presentándose a la técnica interpretativa con significados diversos”. Por lo expuesto, la conceptualización de la buena fe no puede establecerse en una definición, mas sin embargo se buscara en la doctrina algunas definiciones que han marcado la pauta hasta nuestros días.

Entrando en materia,  La buena fe, es sin duda un principio que está en la naturaleza misma de la relación obligatoria al igual que en el ser humano para que su proceder sea correcto, honesto, leal, y recto conforme a los usos sociales y buenas costumbres de cada momento, en tanto que debe estar ausente de todo tipo de obra fraudulenta, de engaño, de reserva mental, astucia, en fin de toda conducta lesiva de la buena costumbre. Es claro, que el estudio de dicho principio invita a preocuparse de una manera más fuerte por el otro, tanto así que es imprescindible e ineludible; el actuar con honestidad, lealtad, fidelidad de ambas partes para la consecución de sus fines.

La buena fe, como lo trata el Italiano BETTI[2] “es esencialmente una actitud de cooperación encaminada a cumplir de modo positivo la expectativa de la otra parte; actitud que tiene como aspectos más destacados la confianza, fidelidad, el compromiso, la capacidad de sacrificio, la prontitud en ayudar a la otra parte”. Evidentemente allí  se refleja que surge una buena fe como una reciprocidad que debe ser observado mutuamente por las partes en la relación contractual. Es entonces la buena fe contractual un patrón de conducta caracterizado por la especial colaboración, rectitud y honradez que deberá estar presente en cada una de las etapas que abarca la buena fe (precontractual – contractual – pos contractual). En otras palabras, a través de este principio se orienta la preparación, interpretación, ejecución y extinción del contrato.

Otro buen estudio de la buena fe, es desarrollado por LARENZ, quien no se queda con la sola definición sino que además profundiza en cada una de sus etapas, señalando así, la importancia y el amplio campo que cubre dicho principio. Dice el autor: El principio de la buena fe significa que cada uno debe guardar fidelidad a la palabra dada y no defraudar la confianza o abusar de ella, ya que esta forma la base indispensable de todas las relaciones humanas. Dicho principio domina también en la fase precontractual creada a virtud de la existencia de tratos negociales preliminares. Ya en estos primeros momentos se cree una vinculación jurídica especial que autoriza a exigir una justificada confianza manifestada frente a la otra parte, y a tenerla en cuenta. De igual manera, alude a que pueden derivarse unos deberes propiamente postcontractuales en el sentido de que la buena fe exige, según las circunstancias, que los contratantes después de la terminación de la relación contractual, omitan toda conducta mediante la cual la otra parte se ve despojada o vería reducidas las ventajas ofrecidas por el contrato. Teniendo en cuenta lo anterior, y considerando las múltiples funciones jurídicas que la buena fe cumple, es posible aseverar que la misma se encuentra íntimamente asociada a una serie de valores que de una u otra forma establecen la conformación del principio, a saber: la honradez, rectitud, veracidad, lealtad, cooperación, fidelidad, etc., entre las partes, los cuales se deben reflejar en su totalidad en cada una de las etapas mencionadas.

Así mismo, se evidencia un carácter de orden público del principio, “que como tal es inderogable y por ende no puede ser objeto de supresión o limitación por virtud de un acuerdo entre particulares”[3]Su obligatoriedad está consagrada en el artículo 83 constitucional.

Grandes ventajas ofrece la aplicación de este principio en nuestros días, puesto que permite la revisión de las condiciones del contrato, “cuando quiera que hayan surgido posteriormente a la celebración de ciertos hechos que no pudieron ser previstos cuando el contrato se celebró y que vienen a generar un gravoso desequilibrio en la prestación de alguna de las partes”.[4] Lo anterior, nos pone en el plano de la famosa llamada teoría de la imprevisión, la cual admite modificación en virtud de dicho principio, como también tiene aplicación en los casos de lesión enorme, cláusulas abusivas, etc.

Este principio por sus especiales características cumple una serie de funciones en el contrato que le son propias en atención a su configuración, y su buen desarrollo en la ejecución y extinción del mismo puesto que la buena fe  “adquiere en materia negocial, una de sus manifestaciones más fuertes, pues se nos presenta como un modelo de conducta que las partes deben seguir durante toda la vida del negocio, expandiendo su aplicación incluso a las etapas preparatorias o preliminares del contrato y también una vez concluido este, influyendo a su vez de manera determinante en la interpretación del negocio”. [5]

Se ha dicho, a nivel doctrinal que la buena fe no solo opera supliendo lagunas sino que también puede crear ciertos deberes especiales de conducta, que deberán ser cumplidos por las partes y los cuales son plenamente exigibles. De este modo, “el principio de la buena fe se nos presenta como real fuente de derechos y obligaciones, ampliando el contenido del contrato” [6]Es así, como la buena fe pasa a integrar el contrato creando ciertos deberes de conducta cuyo fundamento se encuentra en el hecho de que cada una de las partes (acreedora o deudora) tiene la obligación de cooperar para lograr que se satisfaga el interés querido por ambas partes.  Gillet se refirió a los deberes de conducta en los siguientes términos:

Estos especiales deberes de conducta se originan aun antes de que el contrato se encuentre perfecto. Así, en las etapas de las negociaciones, surgen los deberes de dar la información real y necesaria para poder celebrar el contrato, como contrapartida surgirá el deber de confidencialidad, que se traducirá en la obligación de no difundir la información que le haya sido dada en una tratativa preliminar. Asimismo, la buena fe será fuente de especiales deberes al momento de celebrar y ejecutar el contrato, ya sea el acreedor al exigir su crédito, o bien al cumplir el deudor la prestación.  Finalmente cabe señalar que la buena fe también impone una serie de deberes postcontractuales, que implican que las partes después de la terminación de la relación contractual deben omitir toda conducta encaminada a perjudicar la otra parte.

Con lo hasta aquí expuesto, se ha mencionado de una forma muy general del enorme campo de aplicación, vigencia  e importancia que la buena fe adquiere en tres grandes momentos, a saber: precontractual – contractual – post contractual, bajo los cuales se debe manejar un nivel de conducta especial. Por ello, entraremos a analizar cada una de las etapas.

  • Ámbito precontractual:

Esta etapa está constituida por las negociaciones o tratativas preliminares que impone un comportamiento a las partes ajustado al principio de la buena fe, en virtud del cual se efectúan los primeros acercamientos, contactos, que se traducen para ambos negociadores en un comportamiento objetivo de honestidad y lealtad en cada una de sus actuaciones durante todas las tratativas. Este momento consiste en palabras de BETTI,  en que “con la iniciación de las negociaciones se establece, entre las partes, una relación jurídica, que, aun no siendo una relación contractual, es ya una relación de confianza que impone reciprocas obligaciones”[7]. La buena fe en la etapa precontractual, constituye una fuente de creación de determinados deberes de conducta exigibles en cada caso de acuerdo con las finalidades que persigan las partes.  Los deberes que pueden surgir a raíz de la buena fe en esta etapa son:

  1. deber de veracidad: durante las tratativas ambas partes deben ser veraces en sus intenciones, puesto que una vez las partes conozcan los intereses reales, podrán ellos realizar propuestas claras y transparentes para la debida celebración del negocio.
  2. Deber de confidencialidad: consistente a que las partes cumpliendo con su deber de información, suelen entregar ciertos datos de carácter reservado o secreto que se da a conocer únicamente a la parte interesada en vista del contrato a celebrar. Por tal razón, como contrapartida del deber de información, surge para las partes el deber de confidencialidad haciendo alusión a abstenerse de divulgar información obtenida.
  3. Deber de lealtad: alude a que las partes tienen la obligación reciproca de comportarse de manera leal y honesta. Ello implica que durante esta etapa, no se debe aprovechar de la confianza del otro, o en otras palabras, traicionarlo. Este deber “es el conocimiento de las expectativas legitimas que la otra parte puede tener, lo que justificara la imposición del deber de lealtad”.[8]
  4. Deber de información: “En el deber de información que recae sobre los contratantes, no valen elementos abstractos, indeterminados y subjetivos sino que debe de valerse de elementos precisos e implícitos[9]. Siguiendo al mismo autor, la información que se debe suministrar debe estar dotada de tres características: clara, oportuna y transparente puesto que ella motiva a la otra parte a contratar o no.

La claridad debe evitar un lenguaje ambiguo que no pueda ser comprendido a cabalidad por la parte interesada. En cuanto a la oportunidad, trata de que la información deba ser transmitida a tiempo, esto es, en el momento indicado para que se pueda tomar la decisión de contratar sin ningún tipo de retraso. Por último, en la transparencia, se concreta en la posibilidad de que el destinatario pueda tener una información completa, suficiente y exacta. En este sentido, el deber de información pretende formar adecuadamente el consentimiento del contratante. Y por tanto,  La información suministrada que se dé como deficiente claramente perturba el consentimiento del otro, generando así, un vicio del mismo.

  1. Deber de no abandonar las negociaciones sin justa causa: “este deber obliga a las partes a que, aun pudiendo no contratar, como clara manifestación de la libertad contractual no generen falsas expectativas en torno a la celebración de un contrato que nunca se perfeccionara, manifestando por lo menos prudencia a la hora de retirarse del proceso de negociación”[10] .

Vistos los deberes de la buena fe precontractual, surge ahora una pregunta de muchísima relevancia, y es ¿cuál es la clase de responsabilidad por la cual se debe responder en caso de incumplir alguno de los deberes mencionados en los tratos preliminares, contractual o aquiliana?

A la pregunta anterior, un amplio sector de la doctrina al igual que la jurisprudencia de la corte suprema de justicia sostiene que la clase de responsabilidad que allí se genera, es una clara responsabilidad aquiliana, puesto que para ellos aún no existe un vínculo jurídico entre las partes, y por tanto “esos actos de la etapa precontractual son simples actos preparatorios que no dan lugar a la responsabilidad contractual, y aunque esos actos preparatorios no obliguen a contratar si exigen de las partes obrar con buena fe, de modo que interrupciones intempestivas que causen daño generan responsabilidad civil aquiliana”[11]. Es por esta razón que el profesor OBDULIO VELASQUEZ POSADA, concluye que en nuestro derecho la responsabilidad precontractual es aquiliana cuando luego de pasar esa etapa las partes no llegan a celebrar el contrato.

Por el contrario, otra parte de la doctrina considera que la responsabilidad que se genera en los tratos preliminares es de naturaleza contractual “a nuestro entender se está en presencia de una relación obligacional —- precedente de la que será establecida en el contrato —, en cuanto es un vínculo jurídico que obliga a una parte y a otra por el hecho de haber participado en los tratos”[12]. También se sostiene que “hoy se admite generalmente que del mero hecho de entrar en negociaciones para concertar un contrato surge entre los futuros contratantes una relación jurídica de la que se derivan ciertos deberes sobre su conducta mutua en el trascurso de las negociaciones previas”[13]. Es claro, que para esta parte de la doctrina se configura dicha responsabilidad desde que se comienzan las negociaciones entre las partes creándose un vínculo que las obliga a tener un nivel de conducta conforme a los postulados de la buena fe, puesto que el incumplimiento de ellos será exigible.

A mi juicio, claramente se está ante una responsabilidad contractual, porque desde el primer instante en que comienzan los tratos nace una obligación para las partes de ajustar su comportamiento a la buena fe con el fin de invitar a la otra parte a contratar en las mejores condiciones atendiendo a todos y cada uno de los deberes que se generan de la buena fe en la etapa precontractual hasta la extinción del contrato, de manera que la violación de los mismos, generara el incumplimiento de obligaciones contractuales. Entonces, toda vez que se dé inicio a esta etapa surgen entre las partes actuar de buena fe y virtud del cual surgen deberes jurídicos específicos, los cuales dan lugar a la aplicación de la responsabilidad contractual en caso de ocasionar daño a la otra parte, este podría exigir determinado comportamiento. Cabe aclarar, que si bien es cierto aún no se ha perfeccionado el contrato, ya se dieron los primeros acercamientos para que llegue hacerlo que como diría LARENZ ya se crea una vinculación jurídica especial.

Etapa contractual:

Una vez perfeccionado el negocio jurídico, las partes contratantes buscar satisfacer una determinada necesidad a través de la cual deben colaborarse mutuamente, como el de asumir un compromiso consistente en poner todos los recursos que se tengan al alcance al servicio de la otra parte  con el fin de favorecer el cumplimiento de las prestaciones. Es así como la buena fe contractual sirve para mantener o restaurar el equilibrio de las prestaciones entre las partes del contrato. En esta etapa se refleja que : “la buena fe es fuente del respeto por los contratantes de una obligación de lealtad, la cual exige que el deudor verifique fielmente y sin dolo o fraude sus prestaciones; y del acreedor abstenerse de dificultar o hacer imposible la ejecución del contrato, así como de imponerle al deudor expensas inútiles. Da origen a un deber de colaboración o cooperación entre los contratantes, que implica obligaciones de información y de facilitación de la ejecución del contrato”[14]. Este deber de buena fe, es asumido por ambas partes para que procedan a cumplir la prestación con fidelidad teniendo como pilares fundamentales la preservación del equilibrio contractual, el respeto por la otra parte y a su vez aportando lo mayor posible para que se satisfaga el interés querido por el acreedor y deudor. Este principio obliga a que las partes, además de cumplir lo estipulado en el contrato y exigido expresamente por el ordenamiento, asuman comportamientos que honren los deberes que se deriven de la naturaleza de la obligación contractual y de la finalidad por ellas buscada al realizar el contrato. Sin duda, la buena fe en esta etapa implica que de ambas partes exista una intensa cooperación para lograr una real satisfacción de su compañero en el contrato evitando que se cause algún daño.

 

Etapa postcontractual:

Una vez cumplida la prestación y quedando satisfecho el interés de ambas partes, termina el contrato, y como es lógico se entiende que ya no existe obligación alguna para las partes, puesto que ya se cumplieron. Sin embargo, después de la terminación del contrato subsisten unos deberes especiales derivados de la buena fe contractual relativos a la protección. Estos deberes se traducen, en que los contratantes “omitan toda conducta mediante la cual la otra parte se vería despojada o vería esencialmente reducidas las ventajas ofrecidas por el contrato”[15].  Del mismo modo, se dice que como consecuencia de la integración contractual que produce la buena fe, las partes siguen vinculadas al mismo imponiéndoseles un obrar con lealtad después de cumplidas las prestaciones. BETTI, distingue entre un obrar negativo consistente a exigir un comportamiento de respeto y conservación cuyo fin es impedir que se afecte la esfera de interés ajeno, y un obrar positivo que impone una actividad de colaboración con los demás, encaminada a promover su interés. Cabe anotar, que el deber de reserva de información mantiene su vigencia ya que ese conocimiento que se tuvo con ocasión del contrato, si se difunde a terceros puede dañar el interés de la otra parte. Se ha afirmado “que se ubica fuera del contrato, y puede extenderse a numerosas actividades como la del secretario que en virtud de su actividad entra en conocimiento de aspectos técnicos, científicos, profesionales o íntimos, cuya revelación es dañosa para quien fuera el principal en la relación de trabajo.”[16]Por lo anterior, se ha dicho que en caso de violación a algunos de los deberes de esta etapa, se genera una responsabilidad aquiliana porque ya el contrato ha concluido e igualmente su responsabilidad.

A mi juicio, se configura una responsabilidad contractual porque una vez cumplidas las obligaciones propias del contrato, las partes deben seguir ajustando su comportamiento a la buena fe, pues dichos deberes que se derivan del mismo subsisten a la vinculación jurídica especial y  por lo tanto se siguen debiendo precisamente por el hecho de que existió un contacto para satisfacer plenamente los intereses respectivos por ambas partes.

 

Por las razones expuestas, sin duda alguna que el principio de la buena fe tiene una especial relevancia ya que está presente en todo el camino contractual, es decir, desde sus negociaciones, su celebración y ejecución hasta el periodo post- contractual creando ciertos deberes especiales de conducta plenamente exigibles cuyo fundamento se encuentra en el hecho de que cada una de las partes se colaboren mutuamente para satisfacer el interés querido. En otras palabras, la buena fe contractual opera siempre como un patrón de conducta exigible  que deberá estar presente en todos y cada uno de sus momentos puesto que con él se orienta la preparación, interpretación, ejecución y extinción del contrato, y como si fuera poco, en este último subsisten ciertos deberes derivados de la buena fe contractual encaminados a omitir cualquier conducta nociva para una de las partes.

 

 

BETTI EMILIO, Teoría General de las Obligaciones, Madrid, 1964, editorial revista de Derecho Privado

BOETSCH GILLET Cristian, Buena fe contractual, editorial jurídica de Chile, 2011, p. 139

 

CHINCHILA Carlos Alberto, deber de información contractual y límites, Revista de Derecho Privado 327, (2011), p.230

 

C.S.J. Sala de Casación Civil, sentencia 23 de Junio 2000 exp. C – 5295.

 

DE CUPIS Adriano, Teoría general de la responsabilidad civil, Barcelona, Bosch Casa Editorial, 1975, p. 185

 

DE  LOS MOZOS José Luis, Responsabilidad en los tratos preparatorios del contrato. Madrid, 2001, p. 185.

 

ESCOBAR ENTENZA Pedro, Responsabilidad precontractual en el Derecho Puertorriqueño, Revista Jurídica D.P, 105,  (1962 – 1963), p. 106

LARENZ Karl, Tratado de las obligaciones, Madrid, 1959, p.142 y ss.

 

MOSSET ITURRASCAPE Jorge, El ámbito de la responsabilidad contractual: lo extra, lo pre y lo poscontractual sobre “Responsabilidad contractual-I” de la “Revista de Derecho Privado  y Comunitario, 17, (1998), p 206.

 

NEME VILLAREAL Marta Lucia, Buena fe objetiva y subjetiva, Revista Derecho Privado, 79, (2006), p. 89.

 

OVIEDO ALBAN Jorge, la formación del contrato, editorial Universidad de la Sabana, p.23

 

PARRA BENITEZ Jorge, Estudios sobre la buena fe, Medellín, Librería jurídica Sánchez R. Ltda., 2011, p. 138

 

ROBLES Michael, Lealtad y buena fe contractual, Revista jurídica, 367 ( 1989), p. 280

 

 

VELASQUEZ  POSADA Obdulio, Responsabilidad Civil Extracontractual, editorial Universidad de la Sabana, p.  50

 

 

 

[1]  Karl LARENZ, Tratado de las obligaciones, Madrid, 1959, p.106.

 

[2] Emilio BETTI, Teoría General de las obligaciones, Madrid 1964, editorial revista de Derecho Privado.

[3]  Marta Lucia NEME VILLAREAL, Buena fe objetiva y subjetiva, Revista Derecho Privado, 79, (2006), p. 89.

[4] VILLAREAL op. Cit., p. 113.

[5] Cristian BOETSCH GILLET,  Buena fe contractual, editorial jurídica de Chile, 2011, p. 139

[6] BOETSCH, op. Cit.

[7] BETTI, op.cit. p. 91

[8] Michael ROBLES, Lealtad y buena fe contractual, Revista jurídica, 367 ( 1989), p. 280

[9] Carlos Alberto  CHINCHILLA, deber de información contractual y límites, Revista de Derecho Privado 327,(2011)  , p.230

[10] Jorge OVIEDO ALBAN, la formación del contrato, editorial Universidad de la Sabana, p.23

[11] Obdulio  VELASQUEZ  POSADA, Responsabilidad Civil Extracontractual, editorial Universidad de la Sabana, p.  50

 

[12] Adriano DE CUPIS, Teoría general de la responsabilidad civil, Barcelona, Bosch Casa Editorial, 1975, p. 185

[13] Pedro ESCOBAR ENTENZA, Responsabilidad precontractual en el Derecho Puertorriqueño, Revista Jurídica D.P, 105,  (1962 – 1963), p. 106.

[14] Jorge PARRA BENITEZ, Estudios sobre la buena fe, Medellín, Librería jurídica Sanchez R. Ltda., 2011p. 138

[15] Karl LARENZ, Tratado de las obligaciones, Madrid, 1959, p. 156.

[16] Jorge MOSSET ITURRASCAPE, El ámbito de la responsabilidad contractual: lo extra, lo pre y lo poscontractual sobre “Responsabilidad contractual-I” de la “Revista de Derecho Privado  y Comunitario, 17, (1998), p 206.

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Josegu

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